Caracas desde el helicóptero [Para @RevistaOjo y @Prodavinci]

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El helicóptero de Traffic Center hace 3 emisiones diarias, con 5 pases entre programas, con un total de una hora y media de vuelo | Foto: MaR.-

El helicóptero de Traffic Center hace 3 emisiones diarias, con 5 pases entre programas, con un total de una hora y media de vuelo | Foto: MaR.-

La única manera de amar a Caracas en la hora pico es sobrevolándola.

La ciudad se ve entera, llena de imprudencias y de esperanza certera que se guiña con la placa del carro de adelante. Se ven motos maniobrando en la línea delgada que cruza la destreza con la locura. La capital del caos, desde el aire, se ve posible y con soluciones. Facilita de arreglar.

Caracas no es verde: es color ladrillo. Son cuadros pequeñitos desde el aire. Tienen divisiones, pero no las que se observan desde el suelo, con pisos improvisados unos encima delos otros, sino más bien una división invisible en la que apenas se adivina el verde que alguna vez fue protagonista y que ahora solo está de soporte.

Los funiculares del Waraira Repano se ven chiquiticos, las guayas que los sostienen no se divisan a seis mil pies de altura. La mezquita se ve imponente y delgada, como advirtiendo respeto a la diversidad, que es también arquitectónica. También aparecen detalles más pequeños. Por ejemplo, esa pirámide de espejos que está en medio de la autopista e incide con su reflejo de luz en el helicóptero y hace que el copiloto se detenga a reconocer la zona. Nuestro Louvre mínimo y hueco. Veo una estación del Metro y me ubico. Montones de camioneticas mal paradas recogen pasajeros sin prometerles hora exacta de llegada a sus destinos.

Los íconos se olvidan desde el aire.

El que vuela por primera vez en helicóptero a la hora pico caraqueña no se preocupa por ver los carros detenidos en el fuero de la quincena. Más bien se detiene –en la lucha por no marearse durante el viaje– a reconocer los valores más importantes de su ciudad, los que lo identifican con lo que ha vivido en ella. La Plaza Alfredo Sadel, en Las Mercedes, con sus lucecitas en los toldos que anuncian la inauguración de una feria y más adelante el Centro Ítalo Venezolano, al borde de una montaña y al lado del Barrio Santa Cruz, atendiendo a los jugadores de tenis que no quieren saber de tráfico en ese momento.

Renato Yánez dice desde el micrófono, simultáneamente, cuál es la calle, el carro infractor, el choque, eso que sucede abajo. Mira mientras hace las cuñas de los 27 clientes que casi sabe de memoria. Este programa sobre el tráfico en Caracas lo escuchan los oficialistas y opositores, creyentes y agnósticos, quienes tienen carro y quienes van en bicicleta. Desde las rutinas de humor de los stand-up comedy hasta la resignación caraqueña, todos sabemos que no es una solución escucharlo, que cuando mencionan las vías alternas ya la mayoría está en una cola interminable. Pero este servicio público, el único aprobado para despegar y aterrizar tres veces al día en la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda en La Carlota, tiene la virtud de llegarle a la gente. “Saludamos desde aquí al carro blanco que nos enciende y nos apaga las luces”, y uno mira desde arriba cómo el carro blanco repite otra vez la acción como respondiendo el saludo. Lo hace desde la Autopista Francisco Fajardo, en la que le faltan por lo menos sesenta minutos más para salir por el Distribuidor Altamira en aquello que, desde esta distancia, parece un estacionamiento.

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Recordar a Andreína Womutt #DanzaEnLaCiudad

Cultura, Danza

El 13 de junio de este año, las redes sociales de los bailarines venezolanos se llenaron de saludos al cielo con la noticia del fallecimiento de Andreína Womutt. Gracias a ella y su Movimiento Perpetuo, un libro que recoge una historiografía de la danza contemporánea de los primeros años en Venezuela, yo pude realizar el aporte que fue mi tesis. Hablamos muy pocas veces -realmente fue una sola conversación larga por mail- la que pudo dibujar un perfil que luego se convirtió en capítulo dentro de Al son que nos toquenUno de los hitos más importantes de su entrevista fue el retratarse como una mujer que fue primera en todo lo que hizo: bailarina, autora, funcionaria pública en favor de la cultura y en sus últimos años, sanadora. Todas funciones de un movimiento que no la hizo descansar nunca. Fue a estudiar terapia cráneo sacral y murió a causa de un aneurisma cerebral. Así de irónica es la vida.

El consejo a toda la danza, desde su trinchera en Florida: no pensar en sobrevivir de la danza, cuando es una disciplina que se asienta en el VIVIR.

A manera de homenaje aquí un extracto del perfil de Andreína Womutt contenido en Al son que nos toquen, un trabajo que pretendió siempre hacerle seguimiento a su publicación pionera hasta nuestros días: ese registro que necesita la danza contemporánea para no extinguirse entre la mala memoria colectiva que predica el venezolano. Ojalá algún día pueda publicarse.

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Andreína Womutt nació en 1958 y murió el 13-06-2013 | Foto: cortesía

Andreína Womutt nació en 1958 y murió el 13-06-2013 | Foto: cortesía

Andreína Womutt no solo ha aportado a la danza en materia editorial, sino que fue una de las intérpretes más reconocidas del país en los años 80. Es licenciada en Artes y fue docente de su casa de estudios, además del Instituto Universitario de Teatro, el Taller Nacional de Teatro de la Fundación Rajatabla, la Escuela de Danza Contemporánea de Caracas y el Instituto Superior de Danza.

Inició sus estudios en 1968, en la Escuela de Ballet Municipal, bajo la dirección de Lidija Franklin, de la que egresó seis años más tarde. Paralelo a eso, estudió en el Taller Experimental de Danza de la Universidad Central de Venezuela. Fue a Nueva York a instruirse con Merce Cunningham, Dan Wagoner, Albert Reid, Mirjam Berns y Kris Komer.

Cuando llega a Caracas y se incorpora al elenco del Taller de Danza de Caracas, pudo visitar varios países del continente y Europa en giras con la compañía. También perteneció por tres años a Danzahoy hasta que decide fundar Rajatabla Danza, compañía que dirigió desde 1991 por siete años ininterrumpidos junto con Luis Armando “Yayo” Castillo. Rajatabla Danza recibió el Premio Municipal de Danza en 1994 en cuatro menciones.

La labor completa de Womutt la ha llevado a desempeñar labores administrativas y gerenciales como la Dirección del Departamento de Danza del Instituto de Cooperación Iberoamericana de Venezuela, en 1986; la Asesoría del Departamento de Artes Escénicas de Fundarte, en 1990; la Coordinación del Taller Nacional de Teatro de la Fundación Rajatabla, en 1990; y fue también Directora General Sectorial de Danza del Consejo Nacional de la Cultura, desde 1997 y hasta 2001 cuando formó parte de la Comisión de Integración del Ministerio de Educación y el Conac.

Womutt considera que mantener la ecuanimidad, la apertura, la receptividad y la capacidad de tomar decisiones es lo más difícil de ocupar un cargo público en el sector cultural. Cuenta que en su paso por la administración pública trató de darle importancia a la danza sin importar el lenguaje escogido. “Hay muchas gestiones que se hacen sin que el ejecutante sepa ni siquiera todas las instancias que se tocan para lograr el resultado. Por eso hablo de ese territorio de integridad y amor que te lleva a servir sin esperar alfombra roja por eso. Cuando sentí que no me era posible seguir manteniendo el espacio de honestidad con la danza y sus creadores, puse el cargo a la orden”.

La bailarina está segura de que Venezuela es una cantera de bailarines y coreógrafos, pero que evolucionará en la medida en que sus participantes así lo hagan. “Ellos son la danza. Si el público entendiera su propia danza la visión sería compartida”. Sus sugerencias son muy puntuales y tienen que ver con la presencia del hecho escénico en los medios de comunicación, fuera del sistema de validaciones y propagandas al que, dice, están sometidos. “Mientras la prensa no salga de la estructura institucional seguiremos teniendo altibajos basados en éxitos o fracasos que no son otra cosa que la misma visión distorsionada del arte de danzar. La danza es única e irrepetible en espacio y tiempo. ¿Cómo puede una ser mejor que la otra? Es una labor de enseñar apreciación, receptividad y reciprocidad contenida en ese espacio. Es el lugar que todo bailarín transita cuando se gradúa a sí mismo de profesional: ser uno con el espacio, con la coreografía, con el público, con el todo”.

En solitario, la bailarina obtuvo el Premio Municipal de Danza, en 1986; Premio Nacional del Artista, en 1992 y el Premio de Danza Contemporánea Grishka Holguín, en 1998. En ese año le pone título al programa Movimiento y Ritmo, Conexión-Integración-Balance, con el que ha buscado descubrir el valor terapéutico del movimiento. La salud alternativa fue lo que la llevó a radicarse en Estados Unidos en el año 2001, cuando empezó a estudiar Terapia Cráneo Sacral. Desde ahí practica el Chamanismo Moderno y ejerce todos los días el movimiento, aún, como forma de vida.

Womutt fue discípula del Negro Ledezma. La coreografía "Movimiento Perpetuo" le dio nombre a su libro, publicado en 1991 por el Fondo Editorial de Fundarte | Foto: cortesía

Womutt fue discípula del Negro Ledezma. La coreografía “Movimiento Perpetuo” le dio nombre a su libro, publicado en 1991 por el Fondo Editorial de Fundarte | Foto: cortesía

La mesa está servida: mi balance de la cartelera de teatro venezolano 2012 ¡Disfruten!

Artes Escénicas, Cultura, Espectáculos

Mi muestra representativa

No hay muestra representativa. Eso es lo que debe saber el público cuando lee un balance sobre teatro venezolano al final del año. Los que tenemos por hobby ir de una sala de teatro en otra viendo las opciones que tiene la cartelera para el disfrute del fin de semana, escogemos una obra casi por azar: conocemos los actores, leemos sinopsis y nos adentramos en la aventura. Por eso este balance, responsablemente, hace hincapié en esa oración de apertura para decir que este es el conteo de lo visto, de lo disfrutado por gusto y no por trabajo. Las injusticias de textos como este deberían estar cargados de subcategorías, justificaciones que hagan olvidar al lector lo subjetivo y, además, la excusa creíble de porqué el tiempo, la ciudad, las ocupaciones y otros desvaríos solo permitieron ver estas y no otras obras, quizá igual de valiosas e importantes para la escena venezolana.

Rossana Hernández y María Alejandra Rojas en La enfermedad de la juventud

Rossana Hernández y María Alejandra Rojas en La enfermedad de la juventud

Hay que comenzar con una primera actriz que desde hace poco se adentra en el arduo oficio de dirigir (y se le da muy bien). Diana Volpe llevó a la cartelera del Celarg –y luego a la del BOD-Corp Banca Centro Cultural­-, una obra llamada La enfermedad de la juventud. Este es un texto crudo que hace reflexionar al espectador sobre las incertidumbres que la sociedad juvenil vive, independientemente del país o la cultura en la que se desarrolle. Hace referencia a los jóvenes de  este tiempo, que viven rodeados de vicios y excesos. En la escenografía están cuidados todos los detalles y en las actuaciones, hay un arduo trabajo actoral y hasta físico.

Moisés Guevara, La Beba Rojas y Elvis Chaveinte FOTO: CORTESÍA

Moisés Guevara, La Beba Rojas y Elvis Chaveinte FOTO: CORTESÍA

Uno de los personajes principales de esa obra es Elvis Chaveinte, quien también se destaca en el papel que desarrolla en La maleta. Esta pieza teatral, dirigida por Moisés Guevara y llevada a las tablas también por Beba Rojas y Javier Vidal, es un acierto de la cartelera caraqueña. Cuenta la historia de una mujer que se descubre a sí misma en su cotidianidad y su apatía para con la vida, a través de su vecino y las pulsaciones nerviosas que le hace sentir cuando la visita y le presenta un nuevo mundo de posibilidades: libros y aventuras. A raíz de la infidelidad, la pareja de esposos comenzará a vivir.

Tania Sarabia

La Tía Chucha ha agotado taquilla desde el día de su estreno FOTO: NICOLA ROCCO

Si de familia hablamos, en ninguna falta una tía vieja, criticona y muy graciosa. El personaje pintoresco. Y La tía Chucha, interpretada por Tania Sarabia, es un ejemplo de que los stand up comedy pueden tener algo más de fondo que una retahíla de chistes dichos detrás de un micrófono. Esta señora entra al escenario en andadera, se sienta en la mecedora, se viste de doña y, además, cuenta con una especie de holograma en escena ­­-interpretado por Paola Villegas– que hace de nieta, de Chucha joven, de ella misma. Desde marzo y hasta diciembre estuvo en cartelera a sala llena. Los chistes para la tercera edad también son exitosos.

El texto de Rodrigo García muestra las pasiones más bajas del ser humano FOTO: JUAN SEBASTIÁN BLANCO

El texto de Rodrigo García muestra las pasiones más bajas del ser humano FOTO: JUAN SEBASTIÁN BLANCO

El director de La tía Chucha es Vladimir Vera, un talento al que se le da bien el teatro comercial –tiene posicionada también La ratonera desde agosto­- y además los suburbios del llamado teatro de texto. Su compañía, Teatro Forte, este año tuvo en cartelera la obra Versus. Esta fue una apuesta a lo menos convencional en la escena venezolana. Es un homenaje a los placeres hedonistas, al texto sórdido, al negro como tonalidad exacerbada. El trabajo de esta agrupación teatral vale la pena tenerlo en la mira para observar los decibeles experimentales que se alcanzan en el país aún en contra de la moda, de lo que ellos precisamente critican en sus montajes: la sociedad de consumo.

High es uno de los mayores aciertos de la cartelera de teatro 2012 FOTO: CORTESÍA

High es uno de los mayores aciertos de la cartelera de teatro 2012 FOTO: CORTESÍA

Si de riesgos se trata, hay que aplaudir con todas las letras (y en mayúsculas) la decisión de Lazo Producciones de haber montado High. Es un texto cargado de vicios e incertidumbres que también reflejan a la sociedad venezolana en sus letras. La producción es impecable: escenografía, actuaciones, recursos escénicos, dirección. Es un batacazo a las preconcepciones de un país conservador que no se acepta como tal. La droga, la homosexualidad, el alcoholismo, la religión y el sexo, son los temas que este montaje pone en el tapete. Volverá en enero al BOD-Corp Banca a seguir metiendo el dedo en la yaga de los falsos moralismos.

A pesar de que el trabajo de convencer al público de que es La Lupe quien está en el escenario tarda en suceder, el click que hace Mariaca Semprún con el público es cautivador FOTO: CORTESÍA

El click con el público no es inmediato, pero es cautivador cautivador FOTO: CORTESÍA

Una mujer que cayó en el ocaso de la fama por culpa de esos vicios, que se encuentran muy fácilmente en el medio artístico, fue La Lupe. La reina del desamor es, para efectos de este balance, el mejor de los musicales que se presentaron este año en el país. Hace poco Jorgita Rodríguez dijo: “Mariaca (Semprún) pasó de actriz a estrella”. Álvaro Paiva, director de la MAU, también comentó: “El trabajo vocal es perfecto”. Y desde la escena que ve el público de a pie, el juego de luces, los momentos que se narran, la manera de hilar el texto y el acompañamiento musical de la pieza, amén del vestuario y la caracterización del personaje, hacen de este montaje uno inolvidable.

Teatro San Martín de Caracas

Luis Domingo González fue el director de la pieza FOTO: CORTESÍA

Si de muertes trágicas se trata, la que vivieron los trabajadores de la planta Deepwater Horizon en el Golfo de México trascendió a las tablas. Gustavo Ott llevó a la escena del Teatro San Martín de Caracas Tres noches para cinco perros, montaje que ganó dos Premios Municipales de Teatro 2012 (Mejor Texto y Mejor Actor de Reparto). Impresiona la escenografía que utilizaron, las actuaciones, lo crudo del guión y la conexión profunda que logra el espectador con un hecho que, si bien conmocionó a la comunidad, no tocó tan adentro las fibras de la sociedad venezolana a pesar de ser un país petrolero.

Ratón y Vampiro se consigue en obra de teatro y en audiolibro FOTO: CORTESÍA

Ratón y Vampiro se consigue en obra de teatro y en audiolibro FOTO: CORTESÍA

Sería injusto dejar por fuera a otras obras que atraparon a las audiencias de los más pequeños: Ratón y Vampiro, que fue un éxito de taquilla en sus dos temporadas (de enero a julio y luego noviembre y diciembre con la versión navideña). La historia de dos amigos que encuentran un equilibrio para hacer de su relación una amistad duradera y en armonía con la naturaleza, destaca las actuaciones de Rafael Monsalve (el recordado Juan Corazón), Héctor Castro como Ratón y Leonardo van Schermbeek como Fantasma.

Maki

Chantaje, de Teatro UCAB FOTO: MAKI OCHOA

Dentro de las obras de teatro universitario, hay que aplaudir a Chantaje. Esta fue una puesta en escena del grupo Teatro UCAB que llevó a las tablas una pieza de Miguel Ángel Asturias -en adaptación de José Rafael Briceño– en la época pre-electoral, con una muy atinada reflexión en el contexto-país que se vive actualmente. De este montaje, lo más plausible es cómo los directores lograron colocar a más de veinte actores en papel sin que ninguno sobrara. Que adecuaran bailes, cantos y actuaciones a unos papeles que probablemente exigían más experiencia de vida de las que tienen los estudiantes de esa casa de estudios.

Francia

Les philebulistes | Arcane | Francia | FOTO: CORTESÍA

Vale decir que para la cartelera de teatro venezolano, una de las mejores noticias fue el Festival Internacional de Teatro de Caracas. Esto muy a pesar de que las obras locales que se ofrecieron fueron remontajes, que no ofrecieron un panorama completo de las artes escénicas en el país, y que no se presentaron a través de una convocatoria abierta. El ambiente de convivencia que se generó, y de discusión en torno al interés que generan este tipo de actividades en el espacio público caraqueño, queda abierto para los creativos. Definitivamente es lo que necesitamos.

Texto publicado en la sección Teatro al día de http://www.vayaalteatro.com

Aunque tarde, este es mi balance del Festival Internacional de Caracas 2012

Artes Escénicas, Cine, Cultura, Danza, Festival

Cada quien tuvo su FITC

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 El Festival Internacional de Teatro de Caracas fue una experiencia subjetiva, más allá del mero gusto visual que el espectador tuviera sobre las obras que lo conformaron. Un festival pretende diversidad y amplitud, cosa que se logró en la medida en que muchos factores influyeran para que, incluso los más cercanos a la escena caraqueña, optaran por un porcentaje de la cartelera que se presentó la primera semana de abril de 2012.

Inteligente decisión de la organización la de haber inaugurado días previos a la Semana Santa. Eso demuestra que en Caracas sí hay un alto número de habitantes que se quedan en la ciudad durante los feriados sin tener opciones distintas a un centro comercial para distraerse. Las obras de teatro que no estaban incluidas en el FITC pero que igual presentaron funciones en esas fechas agotaron sus localidades o, por lo menos, tuvieron más afluencia de público que en época regular. En el FITC Hubo una eficiente difusión en los medios, lo que permitió que se agotaran las entradas de casi todas las obras con suficiente antelación, aunque no estuvieron previstas más funciones para que el público pudiera anotarse en las repeticiones. No pasó igual con la comunicación 2.0, porque ese departamento no tuvo previsto informar a tiempo real de las obras que cambiaron de horario, ni de la contestación a los usuarios sobre las dudas que tenían sobre el festival. Otro punto positivo fueron los lugares de encuentro al aire libre en el Centro Cultural Chacao, las bailantas de Vinósfera en la Plaza Alfredo Sadel y la Plaza Miranda de Los Dos Caminos. También con las diferentes aristas que se planificaron para celebrar a Cabrujas: en obras de teatro formales y experimentales, charlas y lecturas dramatizadas.

Cinco obras fueron las seleccionadas, casi por azar, para el encuentro con este festival. Tercer cuerpo, de Argentina; Les philebulistes, de Francia; Sueños trotantes, de Venezuela; Insectos, de España y Pina, de Alemania.

Timbre 4, la agrupación teatral argentina que dirige el español Mario Tolcachir, se presenta en su país en algo parecido al garaje de una casa convertido en sala experimental estilo anfiteatro. Presentar Tercer cuerpo en una sala formal como es el caso del Teatro Trasnocho de Paseo Las Mercedes resulta un elemento distractor. El conflicto que se expone, existencialista, profundo, inconmensurable, se complementa con la puesta del director que plantea a los mismos personajes como escenarios que se desplazan en diferentes direcciones sin que el vestuario o las luces sean lo más importante de la puesta. Se trata de un viaje hacia el interior. Hubo un grupo de espectadores que aplaudieron de pie y otros que prefirieron la reflexión. Hay que repensar la pieza para descubrir la trinidad en el cuerpo de otro, o en el propio, o en las circunstancias.

Arcane fue víctima de esas situaciones muy propias de Venezuela en las que los ciudadanos se debaten entre reír y llorar. La gran estructura que utilizan para su espectáculo Les philebulistes –parecida a una gran rueda en las que los roedores se ejercitan en sus jaulas- no fue liberada en la aduana para la primera presentación de los franceses en el país. Por lo tanto, el domingo tuvieron que realizar doble tanda, a las 6:00 pm y a las 8:30 pm, sin que el público fuera notificado con anterioridad. La pieza tuvo una duración de veinticinco minutos aproximadamente y, a pesar del esfuerzo físico de los acróbatas, es una obra que deja con ganas de más. Era un accesorio del festival, pero no una obra que los transeúntes pudieran apreciar sin nada que los complementara. Tal vez faltó, en ese momento, una compensación nacional –como comentó uno de los asistentes.

Lo mismo pasó con Insectos, la obra de España. Unas criaturas gigantes se desplazaron por la avenida Francisco de Miranda desde Santa Eduvigis hasta Los Dos Caminos –no iniciaron en la Plaza Miranda como decía la convocatoria-. Quienes manejaban a los grillos y las hormigas eran chicos trajeados con bragas de mecánico que pedaleaban y acercaban el personaje a los niños y adultos que querían fotografiarse con ellos y recibir un poco del humo que salía de sus bocas. Pero no se trataba de un espectáculo como tal, solo una actividad de distracción para quienes anduvieran al paso.

No sucedió lo mismo con Sueños trotantes. Soraya Orta y su equipo de Ciane están acostumbrados a montarse en zancos en las plazas caraqueñas. Cuentan una historia a través de la danza contemporánea trabajada sobre ritmos modernos, el ejercicio escénico de trabajar con elementos y la fortaleza de un grupo de más de diez personas, lo que nutre el espectáculo. Sin mayor dificultad los bailarines se hacen cercanos al público con un deseo común: las ganas de volar. Es un show que dura aproximadamente una hora y que no necesita de complementos para reunir a una multitud y brillar por sí solos, siendo venezolanos.

El análisis de estos tres espectáculos, y la asistencia masiva a todos, demuestra que Venezuela necesita de un ambiente cultural fructífero que permita hacer obras de calle de calidad que entretengan al público, sin tener que esperar a que vengan compañías foráneas para demostrarlo. Además, la selección de grupos –en todo el cartel seleccionado- tuvo que ver con razones monetarias y de contactos que no permitió incluir a más talentos. Se necesita, además, una convocatoria abierta que permita escoger entre un abanico de propuestas que potencien el festival. Y obras nacionales nuevas, que permitan al espectador asiduo al teatro tener de dónde escoger a la hora de preferir al talento nacional.

Pina, la película documental nominada al Oscar de este año, fue el legado del FITC. Aún está en cartelera. Es una maravillosa oportunidad para que el espectador pueda acercarse a la danza contemporánea, se informe de quién fue Pina Bausch y que, además, le provoque ir al teatro real por más. Las preguntas que surgen en torno al tema: ¿qué tienen los bailarines venezolanos para ofrecerle al público potencialmente cautivo a partir del filme de Wenders? ¿qué otra película ha visto el espectador asiduo al cine que utilice tan bien el 3D como esta historia? ¿en qué lugar estamos parados como venezolanos, como artistas, con respecto a estos creadores?

En cualquier caso, lo mejor del FITC fue el Camerino. A modo off-festival, actores extranjeros y nacionales, productores, gestores culturales y algunos espectadores se reunieron cada noche en este lugar clandestino del centro comercial Chacaito para intercambiar experiencias y presenciar algunos performances voluntarios que se quisieran presentar. Pelucas, maquillaje, lentejuelas… Todo estaba permitido frente al espejo de esa marquesina. Stand Up Comedy, danza, teatro, performance y proyecciones se unieron a los selektors y a la ley seca que, en este espacio, estuvo prohibida.

Sin ver las obras del Grupo Actoral Ochenta, las de Skena, Water People Theater Company o las sonadas Amarillo de México, La razón blindada de Ecuador, Hamlet de Los Andes de Bolivia o Casa de muñecas de Alemania, el festival fue una buena opción de esparcimiento en Semana Santa. Sería ingrato que el Teatro de Petare, la compañía Textoteatro del Teatro San Martín, Rajatabla en Bellas Artes y la Asociación Cultural Humboldt se quedaran de nuevo sin agotar taquilla. Si tan solo una persona de los muchos espectadores del FITC se quedó con ganas de más teatro y sigue asistiendo a cualquiera de las opciones que ofrece la capital, entonces la misión se dio por cumplida.

Si la selección de obras del espectador fue distinta de estas cinco, no importa, el resultado probablemente haya sido el mismo: sensación de libertad, esparcimiento, recreación, cultura, ciudad, país, progreso. A fin de cuentas, cada quien tuvo su FITC.

El Teatro San Martín de Caracas desde la voz de uno de sus actores principales

Artes Escénicas, Cultura

El teatro escondido

Teatro San Martín de CaracasHay cinco árboles enrejados que no dejan ver las paredes del fondo desde la calle del frente. Son tan altos como el edificio que cubren, que no tiene más de tres pisos. Contrastan con el color del recinto que se ve entre las ramas: crema con ribetes terracota. Ese verde oscuro tiene 19 años creciendo en las mismas aristas, custodiando el lugar en plena avenida San Martín de Caracas, a menos de una cuadra de las tres salidas del Metro de Artigas. Quien se acerca puede notar que no hay ningún aviso, salvo un pendón en la reja de acceso al teatro –del tamaño de los que colocan en la autopista– que anuncia la obra que está en cartelera. Los fines de semana, tipo seis de la tarde, siempre hay alguien conversando en unas mesitas modestas que colocan en el lobby. Se trata del ente cultural del oeste de la ciudad. Al menos el primero que existió, cuando la zona abandonada era un depósito de basura. Es el Teatro San Martín de Caracas, el mismo de Gustavo Ott.

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En 1992 David Villegas era un bachiller que estudiaba en el Liceo Caracas de El Paraíso. Lo que comunica a esa urbanización con San Martín es el Puente 9 de diciembre, una suerte de pasadizo de la inseguridad que está sobre la autopista Francisco Fajardo, que los transeúntes se ven obligados a cruzar a diario para poder tomar el transporte colectivo en la avenida principal. Para ese entonces, Villegas notó que el lugar estaba siendo recuperado y, con el estreno de la obra Nunca dije que era una niña buena, decidió probar suerte en las tablas un año más tarde. “A mí me gustó tanto esa obra que no sabía si es que eso era lo que iba a escoger para mi vida o que como nunca había visto teatro me gustó muchísimo, pero vi seguidas como 40 funciones. La gente me veía en la puerta y cuando entraba ya me sabía los textos. Me sentaba y los repetía. Lo que me decían al final era ‘pasa’. Y no pagaba la entrada. Entonces un día me dijeron: ‘¿quieres hacer de alguien que dé sala?’ Entonces dije que sí. Luego el chamo que hacía las luces en la sala se fue y yo no sabía nada de la parte técnica, pero fui aprendiendo. Después hice los talleres con José Domínguez Bueno y luego me fui a la escuela de actuación”.

Pero David nunca se fue del teatro. Siempre se mantuvo dentro, aún cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Artes Escénicas César Rengifo. Pertenece a la compañía residente, Textoteatro, que es el mismo que le da nombre a una de las dos salas del Teatro San Martín, la más pequeña, con aforo de cien butacas aproximadamente. Luego de su profesionalización como “todero” en el lugar, a David le tocó asumir el cargo de director de producción. Es decir, se encarga de todo el edificio desde un escritorio que está frente a una computadora, en el segundo piso y medio –por llamarlo de alguna manera–. Es el único rincón ajeno al público general y distinto a un teatro, pero que recuerda cada logro alcanzado juntos: tres portadas que publicó El Nacional en 2011 referente al éxito de los últimos estrenos; pendones de las últimas obras y un sofá para responder entrevistas y recibir visitas. Una oficina como cualquier otra.

David, de hablar acelerado hasta que la falta de aire lo obliga a detenerse, tiene un horario fijo en el teatro, de lunes a viernes, de dos a seis de la tarde. Él lo llama “horario administrativo”. En ese tiempo el trabajo es estar pendiente del funcionamiento completo de la infraestructura, buscar patrocinantes, mandar a hacer el pendón para invitar al estreno, los programas de mano, cuadrar los horarios de actores con técnicos y directores. En las horas que restan del día es probable que también se le encuentre en el teatro, porque el “horario artístico” es totalmente variable: los ensayos pueden ser en la mañana y en la noche. Y los fines de semana, las funciones ocupan todo el tiempo. Mientras la gente disfruta, ellos trabajan.

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Los escenógrafos están en la sala principal del Teatro San Martín de Caracas haciendo el montaje de Tres noches para cinco perros, obra de Gustavo Ott que estrenará en dos semanas. En medio de la realización, llama una vecina para preguntar cuándo inicia el taller infantil de danza que funciona todos los sábados a las nueve de la mañana. David detiene el trabajo para responder la llamada. Añade que pronto estrenarán una obra también para niños. Es cuestión de esperar el anuncio a través de Facebook, Twitter (@tsmcaracas) y la puerta principal del teatro, dentro de unos días. David no suelta prenda de nada. Como todos los artistas, cree que es pavoso hablar de las cosas antes de que se den oficialmente.

“Hay señoras que, cuando no es una obra nuestra, como que se sortean para venir y echarle el cuento a las demás de si es buena o no, para luego venir todas” dice. Y eso tiene que ver con que en Textoteatro, compañía que empezó en 1989 bajo la dirección de Gustavo Ott –el mismo que introdujo el proyecto del centro cultural y director o escritor de la mayoría de las obras que se presentan ahí–, hay una especie de elenco fijo conformado por David, María Brito, Ludwing Pineda y otros artistas que siempre están presentes en las obras. Sin embargo, con el pasar de los años, estos actores cercanos se han unido a nuevas agrupaciones que ahora son asociadas y también se presentan en el teatro. Tal es el caso de: Cobre, de Rodolfo Santana; Urbe, que está a cargo de Rubén León y Afrodiartes, de Verónica Arellano.

Pero también el asunto de la fidelidad tiene que ver con una relación estrecha con los asiduos. “Nosotros podemos hablar con ellos, podemos contestarles. Es distinto que en cartelera estemos anunciados nosotros, porque la gente viene con confianza. Cuando no, nos preguntan. Nosotros nos conocemos, aunque no nos sepamos los nombres y nuestras historias personales, nos conocemos nuestras historias en conjunto porque las hemos creado aquí. Cuando no nos ven en el escenario, nos ven vendiendo una entrada, o si no sacamos las sillas, no nos cuesta nada, no estamos por encima de nadie como para no poder hacerlo. Al contrario. Yo soy partidario de una relación más directa, más personal. Llegas más. Y si el trabajo es llegar y llenar a la gente y agradarla, no quiero que me vean como alguien inalcanzable. Yo también soy humano y también me puedes tocar. Si me pellizcas también me duele, si me golpeas también sangro, soy igualito a ti”.

Lo que destaca al funcionamiento del Teatro San Martín de Caracas es justamente su condición humana. Las entradas a las funciones cuestan 20 bolívares, mientras la boletería de las entradas en cualquier lugar cultural capitalino varía entre 80 y 140, dependiendo de lo comercial que sea. Y si alguien de la comunidad quiere entrar a ver una obra y no tiene el dinero para pagar la colaboración, igual puede pasar. No es un propósito que los actores se hagan millonarios con la exhibición de su talento, solo tener una caja chica para comprar artículos necesarios de utilería menor, porque desde el inicio de cada proyecto las obras están pagadas por el comodato que tienen con la Alcaldía de Caracas.

Sin embargo, esta forma de tener empatía con su alrededor no siempre ha generado buenos resultados. Sobre todo porque pocas personas de la urbanización que no sean cercanas al arte conocen qué es lo que está en esa esquina de la avenida principal de San Martín. El viernes 3 de febrero se estrenó allí la obra Tres noches para cinco perros, que tiene como protagonistas a Villegas, Pineda, José Gregorio Martínez, William Escalante y Luis Domingo González, que es el director. La puesta en escena recrea a la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México, que explotó en 2010 gracias a la avaricia del ser humano. La imponente escenografía contrastó con las escasas cincuenta personas que se sentaron en una sala que tiene, al menos, capacidad para doscientas cincuenta. Y eso que era un día bueno para el teatro.

A pesar de que las obras del teatro estén pagadas por el subsidio, el teatro necesita activar estrategias para ganar dinero extra. Por ejemplo, desde hace unos meses el teatro abre sus puertas en la mañana a una señora que vende empanadas y pastelitos en un carrito que coloca en el lobby, acompañados de una malta. También, han tenido que comenzar a vender chucherías y cervezas antes de entrar a la sala, pero además ahora permiten que los espectadores entren al recinto con las golosinas en la mano, lo que hace un poco molestas las funciones por el ruido de los papeles y algún residuo que queda en la alfombra.

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El teatro le ha enseñado a David Villegas a ser quien es en este momento. Hizo de sus compañeros de trabajo, una familia. Con el pecho erguido dice que pronto podrá  afirmar que es el actor venezolano que más Shakespeare ha hecho. En Venezuela y el exterior, porque también con el ego arriba asegura que es de las compañías venezolanas que tiene más presencia afuera, representando al país en toda América, Europa y Asia.

Textoteatro es una de las diez agrupaciones venezolanas que va a participar en la re edición del Festival Internacional de Teatro de Caracas, una iniciativa cultural celebrada hasta 2006 y que en 2012 retoma ciertos espacios culturales con propuestas internacionales que visitarán el Festival de Teatro de Bogotá además de las piezas locales ya bastante presentadas en la ciudad, durante los últimos dos años. Los del Teatro San Martín de Caracas son los únicos venezolanos escogidos con una pieza inédita por tres razones: la primera, tienen una sede propia que abarata costos de presentación; tienen gran experiencia en el exterior; y, además, Tres noches para cinco perros fue premiada en el XI Premio Madrid Sur para Textos Teatrales de España.

En su experiencia, David piensa que lo más importante del intercambio es aprender a cultivar el intelecto. Y por eso cree que en Venezuela hay mucho talento para desarrollar el teatro gracias a los maestros chilenos y argentinos que llegaron al país, luego de las dictaduras que los obligaron a salir de sus lugares de origen. Dice que el problema aquí es de escogencia. Asegura que la diferencia más importante entre los actores de obras comerciales y los que trabajan en el Teatro tiene que ver con el deseo de ser artista. “Si tú no quieres ser un actor, sino un artista, no hacer una obra de teatro, sino una obra de arte, eso va más allá del reconocimiento y de que te saluden en la calle. Es una decisión, un compromiso. Mozart, Picasso, son famosos ahora. Muchos de nosotros nos tenemos que cuestionar qué queremos ser”.

Las relaciones que ha tenido con los personajes que ha interpretado le han dado, como a todo actor, un desarrollo humano. La pregunta ¿qué pasaría si fuera yo? Lo ha hecho crecer como artista. También ha dirigido tres o cuatro obras. Comenzó con una reunión de amigos en la que quisieron montar un monólogo que él interpretaba y que, para el nuevo montaje, terminaron haciendo varios personajes.

Todo lo ha logrado en el Teatro San Martín de Caracas. “Me siento bien de hacerlo aquí, en el oeste de la ciudad, donde mucha gente no quiere venir porque no conoce la zona y le da miedo. Aquí están nuestras obras que han representado y siguen representando a nuestro país a nivel internacional de una manera bastante fuerte y bastante premiada, además. Aquí tengo el chance de crecer, creer, crear, con tiempo. Dentro de mi casa, tranquilo, no tengo por qué andar corriendo de un lado para otro. No tengo que traicionar mi discurso artístico a la hora de interpretar algo que yo no haría. Eso para mí es muy importante. Yo sé que la necesidad existe, la tenemos todos, la vida y nuestro país son así, pero no traicionarte a ti mismo artísticamente hablando. Que tú hagas un trabajo y que al salir te preguntes por qué lo estás haciendo. Yo doy gracias a Dios de que aquí me puedo tomar el tiempo de madurar las ideas y de que cuando esté listo, sin correr, pueda desarrollarlo”. Es por eso que David Villegas no se plantea hacer otra cosa distinta al teatro, ni en otro teatro. No lo piensa. No le hace falta.

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El proceso de ensayos en el Teatro San Martín de Caracas comienza dos meses antes del estreno de la obra. Cada texto está relacionado con un tema que se escoge al inicio del año en el que se intente hacer reflexionar al espectador sobre un asunto particular de su sociedad.

Es viernes, tipo seis de la tarde. Las mesitas están afuera en el lobby y cada vez llegan más personas que conversan antes del estreno de la obra de teatro. Son las mismas sillas que utilizan en la mañana los comensales que compran empanadas a una señora que se coloca allí con su carrito freidor. En la entrada está María Brito vendiendo chucherías y refrescos. También en esa misma taquilla se retiran las entradas y los programas de mano que, como no alcanzó el dinero para imprimir los tradicionales cartoncitos, son volantes picados a la mitad que solo destacan el nombre de la obra. Antes de ingresar hay una cartelera que anuncia los próximos estrenos y las reseñas recientes que la prensa nacional ha publicado sobre Tres noches para cinco perros, la obra que estrena hoy. En el pasillo, mientras el público camina a la sala, ve los pendones del Festival Fiesta que tiene algunos años sin producirse por falta de recursos económicos y que produjo David en sus buenos tiempos. También hay una vitrina vacía, donde hasta hace unos años vendían franelas o artículos relacionados con el arte. Este año no hay Proyecto 4×4 Madre, Padre o Shakespeare, unos que se hicieron los tres años anteriores para reiterar un tema específico de reflexión con el público. Pero hay planes de seguir representando a Venezuela en el exterior.

Probablemente quienes asisten al estreno son vecinos de la zona, jóvenes que de pequeños realizaron los talleres vacacionales de actuación con los mismos actores que hoy están demostrando talento en las tablas. También hay periodistas culturales, productores, estudiantes de teatro, bailarines y actores que confían en lo que ahí se presenta. La mayoría se conoce aunque sea de vista. Aunque no sean demasiados. Se cumple lo que reza David cuando dice que son una comunidad.

Hoy, en el oeste de Caracas, volvió a hacerse buen teatro. Las luces del edificio iluminaron por primera vez en este año a los árboles enrejados que custodian el teatro escondido. Se volvió a cuestionar a la sociedad desde un trabajo artístico, aunque esa sociedad no esté presente porque no conozca el teatro. Aunque no sea un punto de referencia en las direcciones. Aunque esté ubicado en una zona que culturalmente no es ni reconocida como tal, ni la más segura para serlo. Es 2012 y el show debe continuar.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

Periodismo: “El mejor oficio del mundo”

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Marian Licheri y yo (Marcy Rangel) tuvimos la oportunidad de hablarles a los estudiantes de 5to y 6to semestre de Comunicación Social de la UCAB sobre las razones por las cuáles Periodismo es el mejor oficio del mundo, tal como lo dijo el Gabo alguna vez.

Aquí está nuestra presentación (haz click en aquí al lado si quieres descargar el contenido ->) [Presentación Menciones] y un video en el que nuestros compañeros nos ayudaron a describir ese motivo por el cual escogimos esta mención, que ya es parte de nuestra manera de hacer las cosas.

¿Cuál es tu motivo?