Zapato de Oro UCAB 2011

Cultura, Libros

CecosoLa segunda edición del Zapato de Oro UCAB se llevó a cabo en el Aula Magna de la casa de estudios de Antímano, con la participación de profesores, alumnos y personalidades del mundo del entretenimiento en radio y televisión.

Aquí les presento el puntaje de los nominados en las categorías de Periodismo:

Crónica [9no. Semestre]

Jurados: Liza López (Revista Marcapasos) y Rafael Osío Cabrices (Mejor Ciudad)
Aspectos evaluados:  Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético

Entrevista de Personalidad [7mo. Semestre]

Jurados: Ángel Ricardo Gómez (El Universal), Andreína Martínez Santiso (El Nacional), Sergio Moreno (Últimas Noticias)
Aspectos evaluados: Calidad narrativa, Investigación del tema, Preguntas, Valor ético

Perfil [9no. Semestre]

Jurados: Carlos Delgado-Flores (Coordinador de Postgrado en Comunicación Social de la UCAB) Florantonia Singer (Fundasucre)
Aspectos evaluados: Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético y Construcción del personaje

Foto-Reportaje [7mo. Semestre]

Jurado: Zinnia Martínez (Profesora de Periodismo Interactivo en la UCAB)
Aspectos evaluados:  Variedad visual y encuadres, Leyendas e información complementaria, Edición de fotos, Edición de sonido

Reportaje Escrito [8vo. Semestre]

  • El venezolano promedio es menos consumista que hace cinco años (Verónica Olivier): 16 puntos
  • Economía venezolana a merced de las expropiaciones (Michelle Figueiras Chen): 11 puntos
Jurado: Néstor Garrido (Profesor Periodismo I, Redacción para los medios y Producción Editorial en la UCAB)
Aspectos evaluados:  Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético

Reportaje Audiovisual [9no. Semestre]

Jurados: Juan Carlos Solórzano (Profesor de Fotografía Periodística en la UCAB) y Ángel Zambrano Cobo (El Nacional y Revista Marcapasos)
Aspectos evaluados:  Fluidez narrativa, Variedad visual, Encuadres, Edición de sonido

¿Quieres ver más? http://zapatodeoroucab.blogspot.com

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Perfil de José “El Negro” Ledezma

Artes Escénicas, Cultura, Danza

El valor de la decisión correcta

Las piruetas que José Ledezma podía hacer con un balón en mano, las cambió a los 24 años de edad por otras que podía hacer descalzo y sin poses. Empezó viejo en este asunto de la danza contemporánea, pero descubrió que ese modernismo era su norma de vida

Taller de Danza de Caracas

Foto de Gonzalo Galavís publicada en el libro Taller de Danza de Caracas, publicado en 1986

Fue en el año de 1959 cuando José Ledezma, apodado “El Negro”, decidió cambiar el curso de su vida. Hacía 24 años que ese metro ochenta de piel morena lloró por primera vez en Maracay. Joven con expectativas llegó a Caracas, como todos los soñadores, para forjarse un camino. La universidad lo acogió, en la Facultad de Ciencias y la bata blanca de Químico Industrial fue para él.

A la par de esto, El Negro Ledezma alimentó su estatura con la rudeza del basquetbol. Compitió en los primeros Juegos Panamericanos, celebrados en Buenos Aires en el año 1951, donde Venezuela sólo alcanzó dos medallas en el cuadro final. Al volver del exterior, fue cuando tomó la decisión: cambiar los tubos de ensayo y el balón por su cuerpo.

Hacer danza no siempre motivó al ahora maestro. Fue un encuentro casual con Grishka Holguin –mexicano responsable de haber instalado la danza contemporánea en Venezuela–, cuando Ledezma conoció algo más que el clasicismo del ballet. En la silla que se ve desde la puerta de la que es su residencia desde hace más de cuarenta años, el determinante coreógrafo puede describir a la perfección lo mismo que ha repetido a cada uno de sus alumnos. Que el ballet es una disciplina muy afectada, con un solo frente y que cuando Holguin lo invitó a ver una clase de danza contemporánea en el Teatro de la Comedia (hoy Teatro La Campiña) dijo: “Esto sí es un hombre bailando”.

El mexicano tenía mucha influencia de la escuela de Martha Graham, iniciadora de la danza moderna, pero no llegaba al drama. José Ledezma se aventuró a pedir permiso en donde estaba trabajando y todos los días podía salir a las 2:00 pm, en vez de a las 4:00 pm, para asistir a las clases de danza. Durante cuatro años pudo lidiar con las dos vidas y decía que iba a bailar con el pretexto de que no estaba haciendo ejercicio porque recién había dejado el basquetbol.

No es fácil hacer sentir cómodo al Negro en medio de una conversación donde sienta que no lleva la batuta. Dice que es la última entrevista que va a dar en su vida, cada vez que una nueva cohorte de los escasos interesados en el arte lo visita. Es una casa tipo estudio en la que el invitado tiene su puesto: en la silla que está en el despacho, cual consultorio médico. En la otra división del apartamento está la encargada del mantenimiento esperando pacientemente que sea la hora de almorzar. “Yo soy el único patrón que le cocina a su ama de llaves”, dice. Quien quiera adivinar qué aportes ha dejado este hombre en materia cultural, sólo tiene que observar las paredes tapizadas con figuras indígenas, barrocas, clásicas. De todo existe. De todo cuanto pudo recorrer Ledezma junto a su Taller de Danza de Caracas. El legado más importante que ha dejado como maestro: fundar una academia que ha formado profesionales del movimiento desde hace 35 años.

El Taller Experimental de Danza fue un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela que creyeron en la posibilidad de descalzarse para hacer arte. Creyeron también en el misticismo de un hombre que manejó perfectamente los cánones que el propio Merce Cunningham le enseñó, toda vez que fue a Nueva York en búsqueda del conocimiento de primera mano. Cunningham es otro de los representantes de la danza moderna en el mundo. El que lo terminó de convencer de que el baile sería su verdad absoluta.

En 1974 Ledezma funda el Taller de Danza Contemporánea como una necesidad de expansión del Taller Experimental de la UCV que pasó a manos de Holguin. El Negro comenzó a ser maestro, a profesionalizar la danza contemporánea en Venezuela. El TDC giró dentro y fuera del país. Necesitaban un nombre con el que la gente pudiera identificar de dónde provenían. Y entonces cambió el nombre a Taller de Danza de Caracas, que en el medio se conoce como “Danzas Caracas”.

Ledezma, con su carácter sarcástico, siempre estuvo rodeado de alumnos ejemplares que llegaban en silencio a formarse en ajedrez frente al espejo. El pent house de Parque Central ha recibido a alumnos tan emblemáticos como Abelardo Gameche y Luis Armando “Yayo” Castillo, por ejemplo.

El Negro es poco modesto y no le interesa que su nombre pase por debajo de la mesa. Detesta los reconocimientos que da el Estado, porque piensa que un diploma o una medalla no son suficientes para darle valor a su labor de cincuenta años dedicados a hacer país desde el baile. Entre tantos adornos colgados en la pared, está visible una vitrina en la que él afirma que se guardan “un poco de cosas feas e inservibles”. Hace unos meses lo llamaron de la Universidad Nacional Experimental de las Artes para entregarle un reconocimiento como Maestro Honorario de la casa de estudios. Y dentro de la vitrina está la medalla dorada, enorme, con cinta tricolor, que le otorgaron. Él cree que el tiempo de vivir de la danza “por amor al arte” ya pasó y es una idea romántica. Los reconocimientos para los artistas venezolanos se reducen a los  Premios Nacionales y Municipales de Danza que otrora daban una beca de por vida. Ahora solo son 1100 bolívares de los que se queja constantemente.

“Todo tiempo pasado fue mejor”, dice el refrán común que el coreógrafo utiliza para describir a la estética de la belleza que maneja en sus creaciones, contrario a lo que él ve que se está gestando hoy en día. No le importa haber dejado de darle clases a los jóvenes de hoy porque dice que el material humano cada vez es peor.

Para quienes aún creen que el arte es la elección de una vida divertida, Ledezma sufre los embates de unas erradas políticas culturales que lo imposibilitaron de bailar hace seis años. El Consejo Nacional de la Cultura objetó que no podía dirigir a dos compañías de danza a la vez. Cuando el Taller de Danza de Caracas tenía una larga lista de nuevos ingresos, Ledezma decidió crear la Escuela Experimental de Danza para formar a esos alumnos antes de entrar al Taller, de manera que aseguraba la completa formación de cada individuo. Su acción fue dejar a una de sus alumnas más queridas, Yurie Cavallieri, en la dirección del TDC y él quedarse con la Escuela, pero en ese momento, le suspendieron el subsidio.

José Ledezma dejó de creer en los mitos de que los hombres serios no pueden dedicarse a la danza. Hoy, a sus 77 años, trajeado con jeans y guayabera, está seguro de que la elección fue certera y el esfuerzo intelectual y físico que empleó, dejó un gran resultado. Desde Abelardo Gameche como su alumno más representativo hasta los cánones de movimiento que empleó en la danza contemporánea en el país, todos afirman que El Negro Ledezma es una eminencia por lo clásico y mágico que permite experimentar el contacto del cuerpo con el piso, en toda su expresión. El hecho de sostener que la danza no tiene por qué ser una cosa literaria-descriptiva, que el bailarín trabaja con ideas y no con temas y que la parte más importante no es lo que se dice sino cómo lo dice el cuerpo, son los aportes más importantes de este maestro que la danza venezolana agradece que Grishka Holguin lo haya convencido de tomar el camino correcto.

Perfil de Nana Cadavieco

Espectáculos, Música

Varias Nanas de la misma moneda

Canto, actuación, locución, producción. Representante, relaciones públicas. Teatro, pero sobre todo música. Son muchos los caminos que la cantante venezolana Nana Cadavieco ha recorrido antes de lanzar al mercado su primera producción discográfica, titulada Exposé, con un concepto que dos años después le ha dado más luces que oscuridad

Perfil Nana Cadavieco

La cantante espera poder presentarse en un lugar como Corp Banca, a finales de año FOTO: CORTESÍA DANIEL NOVOA

Estudiar con ocho Marianas más en el mismo salón de clases influyó de manera determinante para que su apodo terminara convirtiéndose en una carta de presentación. Nana es la hija de Sonia y José Ignacio Cadavieco, venezolana, de 30 años de edad, que vive desde hace poco en su domicilio propio. Un apartamento que funge de oficina, de estudio cuando está frente a su laptop, de experimento para crear nuevas historias que luego convierte en melodías y para seguir soñando. Soñando que está cada día más cerca de eso que una vez Gabriel Figueira –su novio y guitarrista de la banda- y Eric Aldrey –guitarra y teclados- le impulsaron a hacer: grabar un disco y acariciar el éxito.

Pero para eso todavía falta. Exposé es el nombre de la primera placa discográfica de la artista, grabada en 2008, que le ha permitido conocerse a nivel internacional en la cadena de televisión MTV y en las redes sociales. Gracias al impulso generado en su cuenta de Twitter @NanaVico –a través de la que consiguió un acercamiento con sus seguidores antes de que muchas otras agrupaciones venezolanas usaran la herramienta como mecanismo de promoción–, en diciembre pasado obtuvo el premio a la Mejor Artista en la categoría Música de la revista digital colombiana Semifusa, en la que compitieron artistas de varios países latinoamericanos. Esto, junto con el patrocinio de Monster –empresa internacional de artículos de sonido en la que son imágenes agrupaciones como Aerosmith o Linkin Park– hará que próximamente Nana Cadavieco sea conocida en otras latitudes.

No es la única solista femenina que anda rodando sus temas en la radio, pero sí es la que más presencia ha tenido en los medios de comunicación en los últimos meses. Seguramente influye que, luego de haber estudiado Artes en la Universidad Central de Venezuela y Publicidad en el Instituto Universitario de Nuevas Profesiones, se dedicara a la representación de artistas como Todosantos o Samantha Danigno para saber cómo se mueve la industria. Pero también sucede que para Nana Cadavieco lo más importante es la escena musical caraqueña independientemente de la distinción entre bandas, solistas y sexos de los integrantes. Una posición que pareciera bastante altruista en un mercado tan competitivo. Sin embargo, no se trata de hablar del “apoyo al talento nacional” porque esa frase le suena a una obra de caridad. Es publicar lo que está pasando entre colegas y recomendar las cosas que le gustan porque ha descubierto que así es como funciona el negocio.

Para Cadavieco, la imagen es muy importante. El concepto del disco, que trata de buscar luz dentro de la oscuridad, le hizo pensar en un show tan íntimo como violento. Las emociones de esta chica que fuma un promedio de cinco cigarrillos por hora en medio de una conversación, son intensas y cercanas a lo que su necesidad artística le pide que transmita como músico. El performance completo se monta no sólo con inteligencia, sino con la actitud que pudo haber obtenido en los cinco años que estuvo en la agrupación teatral Catarsis que dirigía Leonard Zelig. Además, en dos años de promoción con el compacto, Nana ha experimentado una evolución en todos los aspectos de su vida como para desdoblarse en varios personajes, que son los que cuentan cada historia, y así permitirse sentir más. Tanto, que ahora se viste de licras pegadas al cuerpo con destellos de luz, contrario a los vestidos anchos y el cabello liso a la altura del busto que lucía al principio.

Parte de esos personajes son sus participaciones como invitada en los discos y toques de las agrupaciones, también venezolanas, Masseratti 2lts. y Gaêlica. Bandas que tienen estilos muy diferentes al suyo como la electrónica y el world music. Para Nana Cadavieco, el rocanrol no es sólo el estilo musical sino una perspectiva honesta de la vida. “Puedes estar haciendo pop, no sé… Por lo menos Celia Cruz me parece una rockstar, o sea, que jeva más punk que esa. ¿Me entiendes? ¡Pero no hacía rocanrol!”.

En Exposé hay una clara búsqueda de la luz dentro de la oscuridad. Ese nombre es el término en francés que en periodismo y cine lo que hace es sacar “los trapitos al sol”. Lo que la sorprende de que la gente conecte con ella, es que el disco no pretendió nunca llevar un mensaje global al espectador, sino más bien expresar sus pesares con el país en el que vive y con las cosas que la hacían sentir mal. La última canción del CD se llama Aquí y ahora y así es como la artista se siente en este momento, en medio de la gira que está realizando al interior. “Ya no siento que tengo que divorciarme de todas estas cosas oscuras negativas rebeldes, sino que todo eso es lo que me hace y como siempre tengo que estar estudiando, empapándome, preparándome, ahora escucho un poco más sobre cuál es mi voz interna y mi forma de afrontar la música y cómo es el arte de adentro hacia afuera”.

Nana Cadavieco es la típica chica de clase alta que estudió en un colegio grande en el que los chicos del bachillerato ingresan al grupo de teatro y se unen para formar agrupaciones musicales que les permitan destacar entre sus amigos. Sin embargo, la seriedad con la que pudo haber tomado la música en ese momento la ha llevado a tomar riesgos en lo que le interesa. Uno de ellos fue entrar a un estudio y tener planes de volver a hacerlo; otro, coquetear con varios personajes en escena y desnudarse en las letras de sus temas; pero, sin duda, el más arriesgado es haber llegado a la popularidad siendo autodidacta. A pesar de que su infancia estuvo marcada por los instrumentos musicales que su hermano Rafael –locutor de La Mega y ex integrante de Zapato 3- le enseñó a tocar, el piano en el que se sentaba todas las tardes y el grabador en el que componía sus canciones de niña, no hay mayor academicismo en su forma de componer. Diego “El Negro” Álvarez, Armando Álvarez y Gabriel Figueira han aportado conocimientos elementales de percusión menor, étnica y guitarra. De resto, la tecnología ha sido su amiga para componer los acordes que combina en el par de programas que tiene en la computadora. La inteligencia de cómo utilizar esta arma de doble filo y las ganas de aportar en sus composiciones de quienes ella llama hermanos (hay una larga lista de postizos) dirán qué tan lejos puede llegar esta solista.

La lectura, siempre vigente

Cultura, Libros

Entrevista a Andrés Boersner, librero de Noctua, en la que conversamos acerca de la posibilidad de que el libro impreso ceda terreno ante los formatos digitales.

Realizado por Marcy Alejandra Rangel y Daniel Torrealba, estudiantes de 9no semestre de Comunicación Social UCAB, para la cátedra Entrevista Periodística que imparte Sebastián De La Nuez.

Entrevista imaginaria a Francisco Salazar Martínez

Cultura, Libros

Una historia de imborrables nexos con el mar

Francisco Salazar Martínez es poeta, periodista, diplomático y abogado venezolano de 85 años de edad, con excitantes historias que contar de su vida, como la persecución en tiempos de dictadura o el placer de tomar cerveza y whisky con los miembros de la República del Este. En agosto pasado presentó una antología de poemas que publicó El Nacional y pronto sacará a la venta una edición limitada dedicada a su amigo Marco Millani

 

Entrevista Imaginaria

Francisco Salazar Martínez en el lanzamiento de su Poesía esencial

Es justamente la isla de Margarita la locación que sirve de sede en este momento para un mágico reencuentro entre notables intelectuales que vivieron su juventud en la librería Sardio, situada en Caracas, cuando el boulevard de Sabana Grande se creía el “este” de la ciudad y los literatos crearon una ficticia “república” que empezó a formarse en los años cincuenta.

Pancho, como es conocido Francisco Salazar Martínez entre sus amigos, perteneció a esa República del Este. Allí conoció, entre otros, a Marco Millani y Rubén Osorio Canales, artistas con quienes ahora comparte las tardes de domingo en un café con vista al mar. La vida los encontró en la vejez, alejados de sus quehaceres profesionales pero no de sus placeres intelectuales. Desde 1925, año en el que nació en Aragua de Barcelona, Pancho tiene nexos imborrables con el oriente del país. Por eso Margarita es el sitio en el que este poeta venezolano decidió para pasar su vejez, desde que se jubiló de la cancillería hace diez años. Huir del estrés caraqueño y la casualidad lo llevó a reencontrarse con su pasado, ese que lo marcó a través de toda su obra poética de la que recién publicó una antología, en agosto de 2010.

A sus 85 años, Salazar Martínez se dispone a hablar con un agudo sentido del humor en un restaurante de Playa El Agua. La arena no tiene tantas huellas como los temporadistas están acostumbrados a ver en los brillantes días de agosto. Es una mañana de enero en la que el sol contacta directamente con el rostro de quienes se detienen a mirar el paisaje. Pancho pide un café y busca un cigarro en el bolsillo de su guayabera azul. Desde que lo enciende, se cuida el bigote corto para que no le caiga ningún resto de colilla. Es una maña que ha aprendido de tantos años de vicio. Entretanto, el poeta observa el horizonte con una sensibilidad ante los detalles que sólo un artista puede tener. Luego, pausado, habla de su estadía en República del Este como uno de los acontecimientos más representativos de la Venezuela tolerante. “Qué grata experiencia colectiva. En Sardio hubo un necesario aporte a la discusión desde las mesas en las que compartíamos en una especie de salas situacionales, si eso sirve de metáfora para que puedas entenderlo mejor, donde uno podía decir las cosas que pensaba, bien fuera con una voz de protesta o de aceptación”. Fueron años de desahogo político, en comparación con las persecuciones de las que fue víctima en tiempos de dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Justamente uno de los textos que hizo que Francisco Salazar Martínez ganara ávidos lectores en los años cincuenta fue la publicación de la Carta a Juan Vicente Gómez, en la que hizo similitudes entre las dos dictaduras que padeció la Venezuela contemporánea, una de ellas en plena vigencia por aquellos años. Versos tan crudos como “¡Qué disciplina general, qué disciplina! / ya ni siquiera el mono / puede romper la geometría de su trapecio / ni refutar a Darwin / porque es el mono, general, quien desciende del hombre / si es que vamos a creerle a tu figura”, le valieron ser prisionero del calabozo número 14 de la cárcel de El Obispo, además de ser recluido y torturado en la Seguridad Nacional que, para 1953, quedaba en El Paraíso.

Luego de unos años de fundada la República del Este, la librería emblema de los encuentros pasó a llamarse Summa. Allí Orlando Araujo, Caupolicán Ovalles, Alfonso Montilla, Manuel Quintana Castillo, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre y Luis García Morales –entre tantos otros- también estuvieron presentes, compartiendo con José Salazar Meneses, el librero auspiciador que les concedía el lugar para reunirse. Salazar recuerda: “En aquellos años extraordinarios uno podía decir las cosas como le parecían. Yo siempre he tenido un gran sentido de pertenencia de las cosas. Por eso sigo escribiendo y si alguno de mis amigos tiene el mismo sentimiento, hasta podemos compartir la pluma en algún verso”.

El poeta no lo dice en broma. Sus versos fueron compartidos en muchas ocasiones con Marco Millani, Premio Nacional de Artes Plásticas, pero ahora es cuando en aproximadamente seis meses, Pancho publicará un libro en honor a su amigo, titulado Las hojas de Marco Millani, refiriéndose a lo que el pintor ha sido como dador de vida en los lienzos con la naturaleza y el cuerpo humano como tema principal. “Es un ensayo con sentido creador, que vendrá en edición limitada en aproximadamente unos seis meses. A pesar de que falta tiempo ya le di el primer número a Marco de regalo”, dice. Además, el departamento cultural de la Gobernación del Estado Nueva Esparta está organizando un espectáculo multimedia con la obra de Salazar, que será intervenida con los poemas de Adriano González León y una compañía de danza performance para narrar el signo en la comunicación del hombre. “Hay que abrirse a los nuevos caminos del arte. Yo a esta edad sigo publicando, vamos a ver qué tienen que decir estos muchachitos a través de lo que les gusta y si llegan a mi edad apreciando las cosas buenas y haciendo todavía más arte que yo”.

Poca memoria histórica

Es que Francisco Salazar Martínez es uno de esos personajes que las nuevas generaciones no han sabido agradecer el que haya nacido en el país y que todavía esté vivo. Sus grandes aportes a la cultura venezolana van desde asuntos diplomáticos hasta libros profundamente sentidos en cuanto a políticas y sentimientos populares. En los años sesenta fue el jefe de prensa del Instituto de Cultura y Bellas Artes, dirigido por Simón Alberto Consalvi, ese preámbulo a lo que sería luego el Ministerio de la Cultura; también se desempeñó como agregado cultural en países como Cuba, Bolivia, Suiza, Argelia y Senegal –y los demás organismos internacionales acreditados en Ginebra-, Costa Rica y México, donde prestó el servicio de cancillería hasta el cuartelazo de los coroneles. Estudió en la Universidad Santa María y se graduó en Derecho de la Universidad Central de Venezuela, título que logró con el propósito de convertirse en un luchador de beneficios sociales para los poetas del país. Sin embargo, y a pesar de que no obtuvo ganancias relevantes en esta materia, fueron sus escritos los que dejaron registro de su pensamiento y acción en contra de los gobiernos de turno con las publicaciones en El Nacional, a través de la columna Florentino y en El Universal con Historias de bolsillo, nombre que luego daría título al libro en el que se compilaron los mejores textos publicados en este diario venezolano de circulación nacional.

En medio de la conversación, Francisco saca de la cajetilla otro cigarrillo, pero antes de encenderlo se ríe porque ya no lleva la cuenta de cuántas bocanadas de humo ha tomado en el día “y eso que estamos a mitad de la tarde”, vacila. Cada texto y cada palabra de la que habla Pancho tienen un referente histórico, un notable poeta al cual tener en cuenta, un respiro de dolencia por los millones de habitantes que, en su país natal, no se molestan en aprender del pasado para forjar futuro. “La historia siempre ha sido una de mis debilidades. Débil porque me apasiona y escribir sobre ella me ha hecho ilustrar a los nuevos hacedores de historia. Como diría Neruda en su Oda a la vida: ‘Vida, los pobres poetas / te creyeron amarga / no salieron contigo / de la cama / con el viento del mundo’. Cambias las palabras correspondientes y ya está. Los protagonistas del olvido se convierten en hacedores de políticas inefables”.

Premios amnésicos

El hombre moreno, de baja estatura, que posee bolsas en lugar de ojeras, no se distrae fácilmente con el tono poético de las olas que están frente a sus ojos. El sentido irónico y crítico con el que afronta los temas de los que habla en su obra poética, son los mismos con los que asume la pertinencia de las preguntas que se le formulan. Con ironía dice que no es humorista: “No sé de dónde saca la gente que yo soy cómico”.

Para Francisco Salazar Martínez un Premio Municipal de Poesía, que le otorgaron en 1970, no es más que un pobre reconocimiento ante el talento nacional. Pancho piensa que a su edad, él debería tener una fortuna solamente en reconocimientos del Estado para con su poesía. “Trabajar toda la vida por una medalla que no traiga un cheque que te sustente en la vejez es un insulto para todo aquel que reciba este homenaje. Eso es lo que ahora entregan como Premio Municipal en este gobierno y no sirve de nada. En el momento que yo lo recibí sentí una alegría efímera. Por lo menos ya se reconoció el derecho de autor, vamos a ver cuántos años más van a pasar para que a uno se le den todas las gratificaciones que se merece un poeta tanto como un contador público, por decir lo menos”.

Ya los brochazos en tonos cálidos se asoman en el cielo. Es el final de un día que fue provechoso para recordar, a orillas de Playa El Agua, lo que tantas veces Francisco Salazar Martínez le ha contado a sus amigos. Su familia, que es Lelys su esposa –porque sus cinco hijos ya tienen las suyas-, lo espera para cenar. Pancho es un tipo que le interviene el pensamiento a quien lo descubre. Sus lecturas siguen vigentes desde siempre y para siempre.

Entrevista Periodística (III)

Sin categoría

Para un fotógrafo, el titular es la imagen

William Dumont visitó el salón de noveno semestre de Periodismo, de la Universidad Católica Andrés Bello, para hablar de sus 33 años como reportero gráfico del diario venezolano El Nacional

 

Reportero Gráfico

William Dumont es uno de los reporteros gráficos de mayor antigüedad en el diario El Nacional

William Dumont es un ciudadano de a pie que viste con jeans, chaqueta oscura, lentes de sol y gorra. Casi siempre va de negro, exhibiendo sus gustos por el género rock. Cámara en mano y carnet que lo identifica como reportero gráfico del diario El Nacional, este venezolano de unos cincuenta y tantos años se enfrenta cada día a los obstáculos –ya comunes- para hacer periodismo en el país. Que si los efectivos de seguridad, que si la censura, que si el tráfico… Nada le puede impedir disparar el flash y capturar la imagen que pueda competir, en la primera plana del día siguiente, con los demás periódicos del resto del mundo.

Pero antes de que Dumont recibiera un reconocimiento por tres décadas ininterrumpidas dentro de la empresa donde trabaja, pasó mucho tiempo. Según contó en la clase de Entrevista Periodística del martes 7 de diciembre–a la que asistió como invitado para contar su experiencia–, comenzó a trabajar en El Nacional como mensajero. Se encargaba, entre otras cosas, de enviar los negativos de las fotos a una oficina donde los revelaban y archivaban.  Entonces se dio cuenta de que su lugar estaba en la calle, junto a las noticias que pudiera atrapar en una imagen.

El trabajo en el periódico es exigente. Generalmente los fotógrafos no están clasificados por fuente. Dumont no tiene preferencia en algún área específica de la noticia, sin embargo disfruta las obras de teatro, que le recuerdan su carrera como actor en el Grupo Actoral Ochenta. “Tienes que hacer la foto de lo que salga. Hay momentos en los que te mandan a una pauta y, si se te presenta algo en el camino, también debes captarlo para ofrecerlo al periódico porque a lo mejor lo necesitan en una de las páginas”.

Durante la charla Dumont estuvo, cámara en mano, aconsejando a los alumnos de noveno semestre de Periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello sobre cómo tomar fotos a los entrevistados sin necesidad de poseer una cámara profesional. Mostró algunos de sus trabajos recientes: el concierto de la agrupación rockera Kiss, las inundaciones a consecuencia de las lluvias y rostros de conversaciones que el periodista tuvo con damnificados. Dentro de su portafolio también figuran planos de detalle, tomas cenitales y temáticas que no tienen que ver con la calidad gráfica que busca el diarismo, pero que sí pueden servir como fotografías artísticas.

El fotógrafo habló sobre las limitaciones que presenta el reporterismo gráfico en los últimos días, sobre todo luego de la foto de los cadáveres en la morgue –o “nevera”, en el argot periodístico– publicada por El Nacional el 13 de agosto de 2010. Sin embargo, y a pesar de que su trabajo no le dé los beneficios que él cree que merece, se levanta todos los días convencido de que sus fotos no dejarán de salir en la primera plana del día siguiente. Antes de despedirse, fotografió a los alumnos en el jardín de la universidad, para que quedara respaldo de su visita y talento.

 

Entrevista Periodística (II)

Artes Escénicas, Cultura

ENTREVISTA Tania Sarabia, actriz venezolana

Risa indetenible

Desde que en 2006 se curó de cáncer de mama, asiste a Senos Ayuda en campañas de concientización con el monólogo Esa costilla de Adán estaba piche, escrito y protagonizado por ella misma. Además tiene en cartelera las piezas teatrales Tania en Pelota, Aquí es así, La Coleccionista y Ay, Carmela. Pero hay más: en enero comenzará una nueva faceta como moderadora en un programa de Canal I. Tania Sarabia no se cansa de ser noticia

Tania en Pelota

Tania Sarabia atendiendo la llamada de Basilio Álvarez, en el camerino del Teatro Premium de Los Naranjos

El torrencial aguacero solo ha permitido que cuarenta personas lleguen a tiempo para la penúltima función de Tania en pelota, temporada que se lleva a cabo desde hace un mes en el recién estrenado Teatro Premium de Los Naranjos. La sala de teatro tiene capacidad para doscientos espectadores. Y, aunque para un artista reconocido cuarenta personas en una función podrían significar la debacle, Tania Sarabia tiene planeado salir a escena y tomarse la licencia de agradecerle al público su preferencia antes de empezar a actuar.

Venezuela está en emergencia debido a las lluvias y por eso la actriz celebra que al menos un admirador haya podido llegar a tiempo para verla. Es la noche del sábado 4 de diciembre de 2010 y la neblina entra al camerino donde Sarabia se maquilla e intenta olvidarse del insistente dolor de cabeza que tiene desde la mañana. “Ya me he tomado dos pastillas de Advil y no se me pasa”, le comenta desde su Blackberry color púrpura a Basilio Álvarez, el director de la pieza teatral, quien la llamó para preguntarle si había podido llegar a la sala sin inconvenientes.

La poca luz permite verle, dentro de los comunes signos de envejecimiento, los pómulos firmes y las pestañas pronunciadas, con suficiente rímel. El cabello es más rojizo de lo que se ve en televisión, más esponjoso, menos cuidado, desordenado. Y encima de la blusa transparente que tiene puesta –desde la que se puede adivinar un sostén beige estampado con flores negras– usa un abrigo oscuro que le tapa los hombros.

Pareciera que a la actriz se le han hecho todas las preguntas: “Venezuela sabe todo de mí, yo soy un libro abierto”. Pide que, si la entrevista es para volverle a preguntar por sus inicios con José Ignacio Cabrujas y Acto Cultural, por favor ahorren tiempo y lo busquen en internet. Pero no llama la atención en este caso que una persona que tiene más de 50 años actuando se haya iniciado en las tablas con Shakespeare o Molière, sino que de un personaje tan humorístico como familiar, cuesta creer que viva sola. “Ahorita no vivo con nadie porque mi hija se enamoró de un suizo y se fue a vivir para allá. Y yo me voy a pasar frío también porque el lunes viajo y vuelvo el 11 de enero”.

A Sarabia le encanta cocinar, lo hubiera preferido de no ser actriz. Se cocinó hallacas para ella sola y le quedaron “bien buenas”. Ahora sería chef “de platos sencillos” como un pasticho, tequeños, pabellón o una lasaña. La comida criolla es su favorita, así que también deleitaría a sus invitados con unas empanadas de desayuno, pero de la francesa tendría que hacer un curso: “Me encanta, pero no la sé hacer porque es más complicada”.

Tania habla apasionada, aunque falten pocos minutos para entrar a escena. Sin embargo, tiene respuestas prefabricadas para abordar a los periodistas. Sabe qué decir y qué no, para que no invadan su espacio personal. Cuando quiere expresar algo, interrumpe la conversación para elevar el tono de voz y hacerse oír. Mira hacia arriba la mayoría de las veces y, de a ratos, dirige su mirada profunda hacia el interlocutor, con una sonrisa diplomática que a veces intimida.

***

El cáncer de mama que padeció hace cuatro años es el episodio de la vida de Tania Sarabia que, sin duda, más la ha marcado. A partir de allí empezó a trabajar con Bolivia Bocaranda en Senos Ayuda, y el año pasado estrenó en el centro Sambil de Caracas el monólogo Esa costilla de Adán estaba piche escrito y protagonizado por ella misma. “Ese monólogo lo estrenamos en una función abierta en pleno centro comercial para que las mujeres que estuvieran cerca pudieran enterarse de las estadísticas y de mi testimonio, utilizando el humor. Poder decir que cada hora se mueren cinco mujeres a causa del cáncer de mama, es hacerles tomar conciencia de que las tetas y la vagina son la principal causa de muerte oncológica en el mundo. Necesitamos sabernos limpias”.

Así como Esa costilla de Adán estaba piche representa la incursión de la actriz en la dramaturgia –luego de que en unas declaraciones que le hiciera a Eduardo Chapellín en 2004 dijera que nunca podría escribir porque no lo sabría hacer–, Aquí es así es el primer stand up comedy que realiza y que se presenta todos los viernes, a la 1:00 pm, en el restaurant Capital Jazz & Bistró, del Tolón Fashion Mall, en el que cuenta situaciones de la vida cotidiana “mientras la gente come y bebe caña”.

Sarabia utiliza la risa como herramienta de trabajo, pero no solo representa obras que tengan que ver con la idiosincrasia del venezolano y en las que explote el buen humor. En su mente tiene cinco textos que trabaja constantemente, para salir a escena cada semana. La coleccionista y Ay, Carmela, son obras de teatro sobre la guerra civil española y las reflexiones de una mujer desde un asilo, que ya se han presentado por cuatro años consecutivos en diferentes salas de teatro. Ella dice que nunca ha confundido los libretos, pero que si se le olvida algo puede improvisar porque sabe en cuál contexto está hablando. No tiene una preferencia entre autores contemporáneos, clásicos o primerizos. “Todo lo que sea una obra de teatro, donde haya un diálogo, se considera teatro de texto. Son diferentes autores: unos más contemporáneos, otros más famosos, pero todas son obras con las que yo he buscado un espacio para transmitir un mensaje. Si es de béisbol o de historia, no me importa, solo busco que me interese y que sea un tema al que nadie esté ajeno. Yo he hecho Shakespeare, Molière, Mari Montes y ahora Tania Sarabia. ¿Y qué? Con todas actúo y transmito lo que quiero”.

La actriz nunca se ha visto afectada por ningún escándalo. El venezolano la respeta, asiste fielmente al teatro para verla y eleva el raiting de las novelas en las que trabaja. Para ella, la imagen en los medios de comunicación es importante en la medida que el propio artista sepa qué es lo que desea transmitir. Si esa persona quiere teñirse el cabello, ser catira “a juro”, operarse, está en todo su derecho, pero logrará ser recordada como, en principio, nunca imaginó que podían llegar a verla.

Para todos los medios

Decirle a Tania Sarabia que describa un día normal en su vida es concluir que ella está divorciada de las rutinas. Cuando no está en cartelera teatral, va de gira con Senos Ayuda promoviendo las campañas de concientización, viaja al interior a hacer funciones por un día y luego vuelve a Caracas, o piensa en nuevos proyectos que pueda proponer para no aburrirse. Luego de luchar en Onda La Superestación para que le dieran un programa de radio –quedó prendada de la interactividad con el público cuando le hizo una suplencia a Graciela Beltrán Carías–, Esto es lo que hay no duró sino pocos meses al aire, por los compromisos previamente adquiridos en Venevisión, en la telenovela La vida entera. Sin embargo, en enero comienza el programa de televisión Recordar es vivir a través de la señal de Canal I. Otra primera vez. Se trata de una oportunidad para que el público recuerde los programas de Renny Ottolina y la trayectoria de los artistas más emblemáticos de la televisión venezolana.

Elba Escobar le abrió una cuenta de Twitter a Tania Sarabia cuando fue invitada a su programa de radio para promocionar Tania en pelota. A través de @TaniaSarabia se leen comentarios como “cuál huevo si hace años que no veo uno”, “estoy más lenta que una procesión de cojos” y “ya pasé de las mamas a las abuelas”. “No pego una con esa tecnología. Que si tengo que seguir a alguien, que si me mencionan, que si una foto. Yo no tengo tiempo de nada y para colmo sigo intentando. Lo cierto es que cada vez que leo lo que me escriben me emociono mucho y les agradezco a todos (aunque no sepa hacer las menciones respectivas). Por lo menos ya entiendo el béisbol después de dos años con la obra, ahora tienen que tenerme paciencia para que entienda esto”.

Actuación de por vida

Tania Sarabia aún tiene mucho que aprender sobre actuación. Dice que sus habilidades histriónicas lo que han hecho es corroborarle que cada día es parecido al primero. “Nadie se gradúa de actor, eso es mentira. Uno puede ver clases de actuación, ajá, ¿Y la vida? ¿Y los papeles a los que te tienes que enfrentar? ¿Y los públicos que todos los días son distintos? No, mi amor, en este negocio sobrevive el más persistente, el que no se vence al primer momento, y eso se aprende con los años o no se aprende”. Un suspiro le sirve para exhalar la palabra tenacidad, única frase que para ella resume lo que necesitan las nuevas generaciones de teatro para triunfar en el país.

Empieza la función y Tania pone en práctica todo lo que dijo en el camerino. Se suelta a quejarse del béisbol. Y los rostros de los espectadores confirman que valió la pena el esfuerzo para llegar a verla, en medio del palo de agua.