Zapato de Oro UCAB 2011

Cultura, Libros

CecosoLa segunda edición del Zapato de Oro UCAB se llevó a cabo en el Aula Magna de la casa de estudios de Antímano, con la participación de profesores, alumnos y personalidades del mundo del entretenimiento en radio y televisión.

Aquí les presento el puntaje de los nominados en las categorías de Periodismo:

Crónica [9no. Semestre]

Jurados: Liza López (Revista Marcapasos) y Rafael Osío Cabrices (Mejor Ciudad)
Aspectos evaluados:  Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético

Entrevista de Personalidad [7mo. Semestre]

Jurados: Ángel Ricardo Gómez (El Universal), Andreína Martínez Santiso (El Nacional), Sergio Moreno (Últimas Noticias)
Aspectos evaluados: Calidad narrativa, Investigación del tema, Preguntas, Valor ético

Perfil [9no. Semestre]

Jurados: Carlos Delgado-Flores (Coordinador de Postgrado en Comunicación Social de la UCAB) Florantonia Singer (Fundasucre)
Aspectos evaluados: Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético y Construcción del personaje

Foto-Reportaje [7mo. Semestre]

Jurado: Zinnia Martínez (Profesora de Periodismo Interactivo en la UCAB)
Aspectos evaluados:  Variedad visual y encuadres, Leyendas e información complementaria, Edición de fotos, Edición de sonido

Reportaje Escrito [8vo. Semestre]

  • El venezolano promedio es menos consumista que hace cinco años (Verónica Olivier): 16 puntos
  • Economía venezolana a merced de las expropiaciones (Michelle Figueiras Chen): 11 puntos
Jurado: Néstor Garrido (Profesor Periodismo I, Redacción para los medios y Producción Editorial en la UCAB)
Aspectos evaluados:  Calidad narrativa, Investigación del tema, Manejo de las fuentes, Valor ético

Reportaje Audiovisual [9no. Semestre]

Jurados: Juan Carlos Solórzano (Profesor de Fotografía Periodística en la UCAB) y Ángel Zambrano Cobo (El Nacional y Revista Marcapasos)
Aspectos evaluados:  Fluidez narrativa, Variedad visual, Encuadres, Edición de sonido

¿Quieres ver más? http://zapatodeoroucab.blogspot.com

Perfil de José “El Negro” Ledezma

Artes Escénicas, Cultura, Danza

El valor de la decisión correcta

Las piruetas que José Ledezma podía hacer con un balón en mano, las cambió a los 24 años de edad por otras que podía hacer descalzo y sin poses. Empezó viejo en este asunto de la danza contemporánea, pero descubrió que ese modernismo era su norma de vida

Taller de Danza de Caracas

Foto de Gonzalo Galavís publicada en el libro Taller de Danza de Caracas, publicado en 1986

Fue en el año de 1959 cuando José Ledezma, apodado “El Negro”, decidió cambiar el curso de su vida. Hacía 24 años que ese metro ochenta de piel morena lloró por primera vez en Maracay. Joven con expectativas llegó a Caracas, como todos los soñadores, para forjarse un camino. La universidad lo acogió, en la Facultad de Ciencias y la bata blanca de Químico Industrial fue para él.

A la par de esto, El Negro Ledezma alimentó su estatura con la rudeza del basquetbol. Compitió en los primeros Juegos Panamericanos, celebrados en Buenos Aires en el año 1951, donde Venezuela sólo alcanzó dos medallas en el cuadro final. Al volver del exterior, fue cuando tomó la decisión: cambiar los tubos de ensayo y el balón por su cuerpo.

Hacer danza no siempre motivó al ahora maestro. Fue un encuentro casual con Grishka Holguin –mexicano responsable de haber instalado la danza contemporánea en Venezuela–, cuando Ledezma conoció algo más que el clasicismo del ballet. En la silla que se ve desde la puerta de la que es su residencia desde hace más de cuarenta años, el determinante coreógrafo puede describir a la perfección lo mismo que ha repetido a cada uno de sus alumnos. Que el ballet es una disciplina muy afectada, con un solo frente y que cuando Holguin lo invitó a ver una clase de danza contemporánea en el Teatro de la Comedia (hoy Teatro La Campiña) dijo: “Esto sí es un hombre bailando”.

El mexicano tenía mucha influencia de la escuela de Martha Graham, iniciadora de la danza moderna, pero no llegaba al drama. José Ledezma se aventuró a pedir permiso en donde estaba trabajando y todos los días podía salir a las 2:00 pm, en vez de a las 4:00 pm, para asistir a las clases de danza. Durante cuatro años pudo lidiar con las dos vidas y decía que iba a bailar con el pretexto de que no estaba haciendo ejercicio porque recién había dejado el basquetbol.

No es fácil hacer sentir cómodo al Negro en medio de una conversación donde sienta que no lleva la batuta. Dice que es la última entrevista que va a dar en su vida, cada vez que una nueva cohorte de los escasos interesados en el arte lo visita. Es una casa tipo estudio en la que el invitado tiene su puesto: en la silla que está en el despacho, cual consultorio médico. En la otra división del apartamento está la encargada del mantenimiento esperando pacientemente que sea la hora de almorzar. “Yo soy el único patrón que le cocina a su ama de llaves”, dice. Quien quiera adivinar qué aportes ha dejado este hombre en materia cultural, sólo tiene que observar las paredes tapizadas con figuras indígenas, barrocas, clásicas. De todo existe. De todo cuanto pudo recorrer Ledezma junto a su Taller de Danza de Caracas. El legado más importante que ha dejado como maestro: fundar una academia que ha formado profesionales del movimiento desde hace 35 años.

El Taller Experimental de Danza fue un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad Central de Venezuela que creyeron en la posibilidad de descalzarse para hacer arte. Creyeron también en el misticismo de un hombre que manejó perfectamente los cánones que el propio Merce Cunningham le enseñó, toda vez que fue a Nueva York en búsqueda del conocimiento de primera mano. Cunningham es otro de los representantes de la danza moderna en el mundo. El que lo terminó de convencer de que el baile sería su verdad absoluta.

En 1974 Ledezma funda el Taller de Danza Contemporánea como una necesidad de expansión del Taller Experimental de la UCV que pasó a manos de Holguin. El Negro comenzó a ser maestro, a profesionalizar la danza contemporánea en Venezuela. El TDC giró dentro y fuera del país. Necesitaban un nombre con el que la gente pudiera identificar de dónde provenían. Y entonces cambió el nombre a Taller de Danza de Caracas, que en el medio se conoce como “Danzas Caracas”.

Ledezma, con su carácter sarcástico, siempre estuvo rodeado de alumnos ejemplares que llegaban en silencio a formarse en ajedrez frente al espejo. El pent house de Parque Central ha recibido a alumnos tan emblemáticos como Abelardo Gameche y Luis Armando “Yayo” Castillo, por ejemplo.

El Negro es poco modesto y no le interesa que su nombre pase por debajo de la mesa. Detesta los reconocimientos que da el Estado, porque piensa que un diploma o una medalla no son suficientes para darle valor a su labor de cincuenta años dedicados a hacer país desde el baile. Entre tantos adornos colgados en la pared, está visible una vitrina en la que él afirma que se guardan “un poco de cosas feas e inservibles”. Hace unos meses lo llamaron de la Universidad Nacional Experimental de las Artes para entregarle un reconocimiento como Maestro Honorario de la casa de estudios. Y dentro de la vitrina está la medalla dorada, enorme, con cinta tricolor, que le otorgaron. Él cree que el tiempo de vivir de la danza “por amor al arte” ya pasó y es una idea romántica. Los reconocimientos para los artistas venezolanos se reducen a los  Premios Nacionales y Municipales de Danza que otrora daban una beca de por vida. Ahora solo son 1100 bolívares de los que se queja constantemente.

“Todo tiempo pasado fue mejor”, dice el refrán común que el coreógrafo utiliza para describir a la estética de la belleza que maneja en sus creaciones, contrario a lo que él ve que se está gestando hoy en día. No le importa haber dejado de darle clases a los jóvenes de hoy porque dice que el material humano cada vez es peor.

Para quienes aún creen que el arte es la elección de una vida divertida, Ledezma sufre los embates de unas erradas políticas culturales que lo imposibilitaron de bailar hace seis años. El Consejo Nacional de la Cultura objetó que no podía dirigir a dos compañías de danza a la vez. Cuando el Taller de Danza de Caracas tenía una larga lista de nuevos ingresos, Ledezma decidió crear la Escuela Experimental de Danza para formar a esos alumnos antes de entrar al Taller, de manera que aseguraba la completa formación de cada individuo. Su acción fue dejar a una de sus alumnas más queridas, Yurie Cavallieri, en la dirección del TDC y él quedarse con la Escuela, pero en ese momento, le suspendieron el subsidio.

José Ledezma dejó de creer en los mitos de que los hombres serios no pueden dedicarse a la danza. Hoy, a sus 77 años, trajeado con jeans y guayabera, está seguro de que la elección fue certera y el esfuerzo intelectual y físico que empleó, dejó un gran resultado. Desde Abelardo Gameche como su alumno más representativo hasta los cánones de movimiento que empleó en la danza contemporánea en el país, todos afirman que El Negro Ledezma es una eminencia por lo clásico y mágico que permite experimentar el contacto del cuerpo con el piso, en toda su expresión. El hecho de sostener que la danza no tiene por qué ser una cosa literaria-descriptiva, que el bailarín trabaja con ideas y no con temas y que la parte más importante no es lo que se dice sino cómo lo dice el cuerpo, son los aportes más importantes de este maestro que la danza venezolana agradece que Grishka Holguin lo haya convencido de tomar el camino correcto.