Cuando quiero llorar no lloro

Nacionalidad Enraizada

Cuando quiero llorar no lloro

El centenario del nacimiento de Miguel Otero Silva se celebra en las tablas con el montaje Cuando quiero llorar no lloro, producción basada en la novela homónima escrita por el también ensayista y fundador de El Nacional en 1970.

Tres personajes con el mismo nombre, Victorino, nacen y mueren el mismo día. Llevan impreso en su sangre el latente sentimiento de venezolanidad del siglo XX; las preocupaciones de una sociedad que padece la violencia no solamente política, sino también aquella que no mide clases sociales.

Victorino Pérez está condenado a convertirse en un delincuente por la presión social que sufre en el barrio donde vive. El que se apellida Perdomo se conforma con estudiar Sociología y vivir en carne viva la violencia de la lucha armada. Mientras que Victorino Peralta, un chico pudiente que forma parte de una patota, practica la violencia a su antojo.

Con dosis de drama y humor, la obra asegura el director, Pepe Domínguez revela a través de rompimientos de tiempo y espacio cómo se conjugan realidad y ficción para demostrar que, luego de casi 40 años de la publicación del libro, el problema en el país es el mismo.

Actores, bailarines, músicos y cantantes se suman a la puesta en escena que lleva a cabo la Fundación Rajatabla, con la participación especial del Taller Nacional de Teatro. Es la cuarta vez que la pieza se representa.

En esta ocasión, 70 artistas contribuyen a que el montaje sea una reflexión para el espectador en torno a su vigencia y en cuanto a la poca memoria histórica que poseen los venezolanos.

(Publicado en Voy, el 21/05/09)

Siudy Garrido comienza la gira “Entre Mundos 2009”

Siudy Taconea – Más que flamenco

Más que flamencoCaracas parecía otra. Shakespeare esperaba pacientemente a la sombra que alguien tocara el timbre. Apenas sucedió, comenzó a ladrar, a la vez que la terraza se inundaba del aire flamenco, entre jaleo y palmas, que despedía la ventana de la sala de ensayos. El Ávila era testigo.

Entretanto Siudy Garrido, pendiente de la mascota con nombre de poeta, se dispuso plácidamente a responder todas las preguntas. Habla del flamenco con pasión. Del arte en general. Sus bailaoras son cada vez mejores en técnica. Con una sonrisa exhibe orgullosa su silueta, erigida con una dieta rica en proteínas, y unos pies que no se lesionan con facilidad. “¡El flamenco es tan generoso!”, suspira.

Garrido es una artista integral. En Entre mundos lo demuestra con una fusión de música y danza, además de la creación de personajes originales en los que tienen que adentrarse los artistas para poder captar la atención del público. El espectáculo, con más de dos años de presentaciones, trata de un apocalipsis en el que dos tribus los colectivos Primate y D’ La Funky se encuentran y, pese a luchar por mantener el poder, al final afrontan la paz y el intercambio cultural como banderas.

Tras un año de maduración, la bailaora asegura que los personajes se han asentado en cada miembro del reparto y que, con la nueva iluminación, a cargo de Valentina Sánchez, la puesta en escena se verá totalmente repotenciada. Considera que están listos para salir a mostrar su fusión en otras tierras y, a propósito de ello, emprenderán una gira por el interior del país, que después continuará en Miami, Medellín y Bogotá.

Adicionalmente, el sábado Entre mundos contará con la presentación en vivo de Joaquín Gómez, el Duende, voz del tema central del espectáculo. El intérprete, de 27 años de edad, tiene dos discos en su haber y cinco premios de cante en su España natal. Garrido insiste en que no es un espectáculo flamenco, sino que está diseñado para todas aquellas personas a las que les gusta admirar un buen musical. Su mezcla de flamenco y jazz ha valido para dictar talleres de técnica en numerosos lugares. Los últimos fueron en Montreal y Barquisimeto, ambos con una masiva asistencia. “Yo creo que en toda Venezuela hay muchísima afición al flamenco. Es más, en el mundo entero la afición está creciendo increíblemente; se está convirtiendo en una danza universal”.

El halo de humanidad se percibe en la sencillez con la que relata sus anécdotas, y la emoción que refleja en su mirada. Describe la experiencia de haber impartido un taller en el Circo del Sol como inolvidable y no descarta la posibilidad de volver. Recuerda también el concierto junto a Alejandro Sanz, en su gira No es lo mismo del año 2004, y la emoción de haber conocido a Juan Luis Guerra el día que recibió el Grammy honorífico. Reseña a la Academia Siudy como un semillero que está cumpliendo cinco décadas. Su madre Siudy Quintero ha sido condecorada por el rey de España en honor a su labor docente y, para celebrarlo, compartirá escenario con su hija en 2010.

La malla negra y la falda de volantes avisan que ya es hora de ensayo. A puerta cerrada, el cante y los remates cada vez se escuchan con mayor fuerza sobre las tablas. Basta esperar al sábado para que los espejos cambien por el público y los cortes se conviertan en aplausos. ¡Ole que ole… vamo’allá!

(Publicada en el primer número de Voy, el 14/05/09)

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