Daniel Carías, el venezolano que baila en NYC Dance Arts

Cultura, Danza

El bailarín ha tenido la oportunidad de presentarse en el prime time de los juegos más importantes de la Gran Manzana, como el clásico entre los Mets vs. Nationals en Citifield y Nets vs. Magic en Barclay Center

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El bailarín Daniel Carías, residenciado desde hace nueve meses en Nueva York, forma parte del staff de NYC Dance Arts, una compañía que reúne a los bailarines más creativos de la ciudad en diferentes eventos multitudinarios. Gracias a esta compañía, el venezolano ha logrado presentarse en importantes eventos deportivos de la Gran Manzana como el clásico entre los Mets vs. Nationals en Citifield y Nets vs. Magic en Barclay Center, además de un flashmob que se realizó a cielo abierto, a la entrada de la tienda Macy’s, un ícono dentro de la ciudad.

Carías es uno de los tantos artistas que cambió las aulas convencionales por los salones de danza. Cursó estudios de Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela pero las oportunidades de pertenecer a los cuerpos de baile de Chino & Nacho, Víctor Drija, Benavides, Tito “El Bambino”, Maluma y ser bailarín permanente de Diveana desde hace diez años lo convencieron de que este era el camino. Desde hace nueve meses está residenciado en Nueva York, ciudad que también le ha abierto las puertas para acompañar a nuevos artistas: en agosto participó en el estreno mundial del tema “La gran fiesta” de Olga Tañón, que se transmitió por el canal Telemundo, en el nuevo videoclip de la cantante cubana Yeini (en la canción “SUR”) y la venezolana Gabylonia, considerada una de las mejores raperas de Latinoamérica.

Dentro de los próximos proyectos del bailarín, está presentarse en la nueva temporada de The ShowTime “At The Apollo”, que transmitirá el canal FOX en el 2018.

Daniel Carías tiene 14 años de carrera artística, lo que lo ha llevado a pisar grandes escenarios. Durante su estadía en Venezuela fue maestro de las academias Pentagrama, Musa, Ímpetu Centro de Danza, Solar Latino y Jean Piaget. Se presentó en los shows de televisión más importantes del país como el Festival de la Orquídea, el Miss Venezuela y los Premios Pepsi Músic. Internacionalmente también ha participado en los programas Chica HTV, Festival Viña del Mar y la gira latinoamericana de la serie Isa TKM. Ha sido coreógrafo de las obra: Exploradores del mundo Jurásico (2014), Candy Crush “el Musical” (2015), Las Sombras del Sexo (2015), y fue bailarín y actor de Chicago, la versión venezolana del musical de Broadway que dirigió Luis Fernández en 2013. Además de Caracas, el bailarín también ha residido en Medellín y ahora Nueva York.

Más información: @Daniel_Carias en Instagram, Facebook y Youtube

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Grupo Ímpetu celebra 13 años apostándole a Venezuela, a pesar de la crisis

Artes Escénicas, Cultura, Danza

Daniel Solórzano lidera un equipo de creativos que trabaja en los tres Centros de Danza de la organización en Venezuela y uno en Miami, una productora de espectáculos, un centro cultural, un grupo de teatro y próximamente un centro especializado en ballet

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La acentuación de la crisis en Venezuela, que ha afectado con creces a los ciudadanos en los últimos tres años, no ha detenido las actividades del Grupo Ímpetu, una organización que se dedica a la gestión cultural en Caracas desde hace 13 años y que ha servido como ejemplo positivo de emprendimiento para los artistas del país.

El equipo de Ímpetu está liderado por Daniel Solórzano y conformado por jóvenes profesionales que acumulan herramientas de trabajo en diferentes áreas para crear un ambiente dinámico, innovador, proactivo, responsable y con visión de futuro.

Parte de esa gestión exitosa ha sido la celebración de Desafío al Movimiento, el festival de danza más grande de Venezuela, que se ha llevado a cabo por 13 años consecutivos y en 2017 congregó a 2 mil bailarines en competencia y a 9 mil personas de público durante dos días en la Concha Acústica de Bello Monte.

Gracias a esa capacidad de convocatoria que ha tenido el festival, sumada a la trayectoria de 12 años con los Centros de Danza de Prados del Este, La Lagunita y La Castellana, Solórzano y su equipo decidieron abrir operaciones en Miami sin abandonar el trabajo en Venezuela. Así nació la primera sede de Ímpetu Dance Center, un lugar que desde 2014 alberga parte de los mejores profesores venezolanos de danza urbana y moderna que han emigrado a Estados Unidos y se mantienen como parte de los cuerpos de baile de cantantes reconocidos a nivel internacional.

Como la premisa siempre ha sido seguir apostando por Venezuela, desde septiembre de 2016 funciona Ímpetu Centro Cultural, un espacio que integra danza, teatro y próximamente canto. Este proyecto le ha permitido a Ímpetu abrirse paso dentro de la gestión cultural local con la restauración de un espacio de la ciudad que estaba en desuso, dentro del Caracas Theater Club. Las clases de teatro musical, que son posibles gracias a la asociación con elGrupo de Expresión Cultural Fábula, permitieron que se pudiera estrenar Clarita y Pancho, un musical original que se presenta desde marzo en Trasnocho Cultural y que constituye el primer gran producto de esta nueva creación de Ímpetu que se está exhibiendo en temporada regular en uno de los principales complejos culturales de la capital.

El próximo gran proyecto del Grupo Ímpetu es abrir un Centro de Danza que se enfoque en laenseñanza del ballet en sus diferentes tendencias y en el acondicionamiento físico, con voluntad, libertad, pasión, arte y danza, que son los valores por los que apuestan sus directores.

Ímpetu celebra 13 años con buenas noticias, con el objetivo de masificar la danza, premisa bajo la cual han logrado formar a 10 mil bailarines de Caracas y otros estados de Venezuela, en todos estos años.

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Más información: @SomosImpetu en Instagram y @GrupoImpetu en Twitter

Grupo Ímpetu rescata los espacios del Teatro Luisela Díaz

Artes Escénicas, Cultura, Danza

La remodelación devino en tres nuevos salones de clases que conforman el nuevo Ímpetu Centro Cultural

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Luego de 4 años de conversaciones con la directiva del Caracas Theater Club, el proyecto de convertir al Teatro Luisela Díaz en centro cultural es un hecho. El Grupo Ímpetu, organización que trabaja por la formación cultural en Venezuela desde hace 12 años,  acondicionó todo el camerino principal, tarima y proscenio con espejos, pisos de madera y otros elementos ideales para impartir clases de danza, acrobacias, teatro musical y canto a partir de este año escolar  2016-2017.

Ímpetu Centro Cultural es una apuesta por la cultura en el país. Las actividades, que recién inician, pretenden abrir de nuevo la oferta del teatro para el público general y no solo a los socios del Caracas Theater Club, con exhibiciones del trabajo de los alumnos y la conformación de un grupo de teatro estable de la mano del Grupo de Expresión Cultural Fábula, una agrupación con seis años de trayectoria en la escena caraqueña y ahora aliados principales de este nuevo proyecto.

Ímpetu Centro Cultural se suma a los diversos proyectos de Grupo Ímpetu, empresa dirigida por Daniel Solórzano y un equipo conformado por jóvenes profesionales que acumulan herramientas de trabajo en diferentes áreas para crear un ambiente dinámico, innovador, proactivo, responsable y con visión de negocios. Hasta 2016, Grupo Ímpetu ha formado a más de 10 mil bailarines en valores como la voluntad, libertad, pasión y arte en las tres sedes de sus centros de danza, una productora cultural y una fundación.

Para pertenecer a este nuevo centro cultural solo es necesario tener más de tres años cumplidos e interés por el baile en estilos como jazz, tap y estilos urbanos, además del teatro musical. Las inscripciones están abiertas en la sede de Ímpetu Centro Cultural, que se encuentra la calle Chivacoa de San Román.

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Más información: (0414) 180-7262, centrocultural@impetu.com.ve y @soyimpetu en Instagram

Carlos “El Torbellino” Mezza estrena el espectáculo “De amor y despecho”

Artes Escénicas, Cultura, Danza

El reconocido bailaor presentará su Stand Up Comedy flamenco entre el 2 de octubre y el 1° de noviembre en la Sala Rociera El Jaleo

De amor y despecho

El próximo viernes 2 de octubre, la Sala Rociera El Jaleo estrenará el Stand Up Comedy Flamenco De amor y despecho, un espectáculo original de Carlos Mezza “El Torbellino”. El show narra las vicisitudes de ese sentimiento en varios estadios: la inocencia del primer amor, los encuentros de solo una noche, las maneras en las que ha ido cambiando la manera de expresar el amor a los otros y, por supuesto, los amores tormentosos que terminan en inevitables despechos; para continuar con la esperanza de encontrar algún día a ese amor anhelado y poder vivir ese “amor para siempre”.

De amor y despecho es un espectáculo narrado, bailado y cantado que cuenta con la participación de las bailaoras Aniuska Obregón, Iliana Sfeir, Rocío Conde e Isamar Lozano; los músicos Pedro Chacón “El Colita” en la guitarra y la dirección musical, Nacho Suárez y Julio Alcocer en la percusión, Ceci Tuesta en el violín y Andrés Eloy Rodríguez en la flauta, todos acompañados de las caracterizaciones de El Torbellino en el escenario quien, además de la dirección general y las coreografías, interpretará en vivo canciones de Ilan Chester, Rocío Durcal y coplas españolas, entre otras.

Carlos Mezza es director general de la academia Adagio y Bulería desde hace 10 años. Es productor y director del Premio Torbellino Flamenco que es la única competencia para solistas y grupos de flamenco en Venezuela, que este año llega a su quinta edición el 15 de noviembre. Allí participarán bailaores que pocas veces se cruzan en un mismo escenario, como Daniela Tugues, Siudy Garrido, Diana Patricia; academias de Barquisimeto, Maracay, Valencia, Trujillo, San Cristóbal, Margarita, Puerto La Cruz, Puerto Ordaz, Maracaibo, entre otras ciudades.

Las funciones de De amor y despecho se llevarán a cabo los días viernes y sábado a las 10:00 pm y domingos a las 4:30 pm, en la Sala Rociera El Jaleo, que se encuentra frente a la Plaza Bolívar de El Hatillo. Las entradas cuestan 700 bolívares y pueden adquirirse en la puerta.

Más información: teléfono (0412) 735-3484 y reservaciones al (0212) 961-1356, Twitter e Instagram @El_Torbellino

El Teatro Santa Rosa de Lima celebró Los 10 de Ímpetu con 7 funciones a casa llena

Artes Escénicas, Cultura, Danza, Espectáculos

1093 bailarines presentaron un espectáculo inspirado en los cinco valores de la organización y que fusionó la danza lírica, moderna y el tap

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El domingo 21 de junio, el Grupo Ímpetu cerró las 7 funciones que celebraron los 10 años de la organización que se ha consolidado en la última década como una de las más importantes en materia de danza, festivales y espectáculos corporativos en Venezuela. Bajo el lema Los 10 de Ímpetu, el Teatro del Colegio Santa Rosa de Lima se llenó del talento de 1093 bailarines de las sedes de La Lagunita, La Castellana y Prados del Este, quienes presentaron un espectáculo lleno de magia inspirado en los cinco valores emblemáticos de Ímpetu: voluntad, arte, pasión, danza y libertad.

Todo el mundo es especial; bailo, inspiro, soy ímpetu; el que estuvo es importante, el que está es esencial; persistir-insistir; la perspectiva abre caminos; cada detalle cuenta; pequeños pasos para grandes metas; pan, agua y creatividad; dormir para soñar, soñar para trascender fueron los títulos de los 10 actos, que a la vez son 10 creencias que intentó transmitir el espectáculo a los asistentes, interpretados con vestuarios y mezclas de música originales. Además de los alumnos más destacados de los centros de danza, se presentaron 71 bailarines becados de la “Fundacción Ímpetu”, una iniciativa del Grupo Ímpetu para niños artistas de escasos recursos.

El Grupo Ímpetu es una empresa constituida desde el año 2005, fecha en la que Ímpetu Centro de Danza abrió su primera sede como academia que imparte clases de géneros comerciales, líricos y urbanos. La organización está dedicada a la promoción de espacios culturales a través de diferentes actividades relacionadas con la danza y el teatro musical, y desde entonces ha estado conformada por un grupo de jóvenes profesionales que acumulan experiencia no solo en danza, sino en herramientas de trabajo para crear una empresa dinámica, innovadora, proactiva, responsable y con visión de negocios.

El espectáculo Los 10 de Ímpetu fue presenciado por 960 personas en cada función, lo que da un total de casi 7mil espectadores. Todo un logro para los espectáculos de danza en Venezuela.

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Más información: teléfonos (0212) 979-0012 y (0414) 112-0358, web http://www.impetu.com.ve o en las redes sociales: Instagram @impetuproducciones / Twitter @impetupro

Ya están abiertas las inscripciones para el campamento “En Movimiento Musical”

Artes Escénicas, Cultura, Danza, Música

Los niños y jóvenes entre 6 y 15 años de edad podrán aprovechar dos semanas de sus vacaciones para asistir a clases de baile, canto, actuación y juegos recreativos

Campamento En Movimiento Musical

Ya están abiertas las inscripciones de En Movimiento Musical, un campamento vacacional organizado por Ímpetu Producciones que se llevará a cabo a partir del 20 de julio.

El plan vacacional está dirigido a niños y adolescentes de entre 6 y 15 años de edad que no necesariamente tengan experiencia en géneros artísticos. La idea es que quienes se inscriban, puedan disfrutar cada día de 8:00 am a 3:30 pm, de clases de baile, canto y actuación dentro de las instalaciones de la Sala Luisela Díaz que se encuentra en el Caracas Theater Club de San Román y en donde se presentará un musical inédito el día final, elaborado entre todos los integrantes del campamento.

Los campistas serán divididos por grupos según su edad y madurez y cada grupo está dirigido por un guía y un mini-guía. Durante las mañanas tendrán los talleres y en las tardes el ambiente se transformará en magia con juegos donde participarán todos.

El plan tiene incluido desayuno (puede variar entre cachitos, pastelitos, cereal, jugo de frutas, entre otros), almuerzo (con menús infantiles de Sanduchef que varían entre sándwiches de pollo, carne, Nuggets y un snack dulce de postre). Los campistas recibirán dos franelas de uniforme de uso obligatorio para el campamento y un par de entradas para que inviten a sus padres y amigos al musical. Todos los días los padres reciben un correo diario con las actividades hechas a fin de mantenerlos involucrados con las actividades que viven los campistas.

Ímpetu Producciones, empresa dirigida por Claudia Chafardet, está dedicada al desarrollo de eventos y actividades culturales. Cuenta con instructores de una importante experiencia en el mundo artístico. Este es el quinto año en el que Ímpetu combina su experiencia y trayectoria en la formación de jóvenes talentos, con la innovación y creatividad que caracteriza a cada uno de sus proyectos, para desarrollar un plan de actividades recreacionales que aseguran el disfrute de los participantes, al mismo tiempo que fomenta su interés en las artes, y le desarrolla su capacidad de crear, trabajar en grupo y ser independiente.

En movimiento musical es un campamento que asegura una experiencia mágica, cómoda y segura. La experiencia tiene un costo de 21.800 bolívares + IVA (incluye comida, uniforme y entradas para el musical) y se reserva con la planilla de inscripción y el 50% del monto. El restante debe cancelarse el 10 de julio.


Más información: teléfonos (0212) 979-0012 y (0414) 112-0358, correo
enmovimiento@impetu.com.ve, web http://www.impetu.com.ve o en las redes sociales: Instagram @impetuproducciones / Twitter @impetupro

“Bailando por la libertad” en el Día Internacional de la Danza

Artes Escénicas, Cine, Cultura, Danza

Este es el texto que leí en el cineforo del Día Internacional de la Danza que organizamos en Trasnocho Cultural y en el que también participaron Julie Barnsley y Solveig Hoogestein

Afshin Ghaffarian pasa casi desapercibido en Twitter con apenas 192 seguidores y una frecuencia de actualización de sus redes sociales bastante leve, a pesar de sus 28 años de edad. Sin embargo, su vida fue la inspiradora de una película que lleva como bandera la libertad. Vive en París, pero el punto clímax de su vida se remonta seis años atrás; los que cuenta esta historia: el inicio de su asilo en la ciudad de la luz luego de haber vivido en la oscuridad de su país natal, Irán.

Ahora tiene una compañía de danza contemporánea que llama Reformances, la unión de las palabras “reforma” y “performance” y funciona como una suerte de oxímoron, en la que crea nuevos significados a partir del material físico y vocal que emerja a la hora de montar una puesta en escena. Tiene como base la ejecución de piezas que hablen del arte en la sociedad y en la vida particular de cada intérprete. Y es eso lo que hace a un bailarín. Más que huir de una ciudad que no lo acoge como artista, Ghaffarian descubre su inclinación histriónica en medio de la prohibición. Es su cuerpo el que funciona como territorio de la rebeldía, en palabras de Julie Barnsley, y que además idea una nueva manera de contar su vida y las trabas políticas, sociales y anímicas que enfrenta a través del movimiento.

Es una historia real la que cuenta la película Bailando por la libertad, que fue traducida con ese título para Venezuela y otros países de Latinoamérica aunque su nombre original en inglés sea Desert Dancer. Mencionar la palabra libertad dentro de la danza, e incluso dentro de Venezuela es establecer imaginariamente los límites de esos permisos que se otorgan los bailarines, y los artistas en general, al tener la oportunidad de ocupar un espacio, presentar un material y proponer un tema para una discusión íntima. En la película, el protagonista no solo descubre lo que significa bailar dentro de un país en el que se prohíbe todo hecho creativo y de análisis sino que además la tecnología es la responsable de desarrollar en él todo un instinto de supervivencia a través del movimiento. Sus referencias infantiles que comienzan nada menos que con Rudolf Nuréyev, el bailarín ruso que es considerado por muchos críticos como el mejor del siglo XX, se fusionan con el gusto de la música pop de Michael Jackson, también de los mejores en su género y su generación.

A través del Youtube, Ghaffarian aprueba esa intuición que lo lleva a moverse con videos que le recuerdan las influencias que aprendió en las clases de actuación que lograron dar pinceladas definitivas en su infancia, pero también utiliza a sus amigos como puente para desarrollar sus anhelos más profundos y llevarlos a la vez al riesgo y a la emoción.

En 2009 Afshin Ghaffarian huye de Teherán, en 2010 funda Reformances –que actualmente cuenta con 11 artistas en el elenco- y se convierte en bailarín de la Compañía Nacional de Francia, luego de recibir asilo. En 2014 se presenta esta película de Richard Raymond en el Festival de Cine de Santa Bárbara, dos semanas después del ataque terrorista a la redacción de la Revista Charlie Hebdo. En Bailando por la libertad el coreógrafo es Akram Khan, responsable de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y actúa Freida Pinto, actriz que obtuvo un Oscar por su trabajo en Slumdog Millionare.

En un testimonio que se publicó en la Revista Arcadia, de Colombia, Ghaffarian cuenta que luego de salir de Teherán un periódico radical de Irán escribió negativamente sobre su condición de fugitivo en contra del régimen. Allí refiere que su trabajo se concentra en la posibilidad de hacer lo mejor que esté en sus manos para aportar algo al país que le cerró tantas puertas, pero que no deja de ser su primer hogar. En el marco de esas reflexiones que mueven no solo el cuerpo, sino también el espíritu cabría preguntarse cuál es la consciencia que estamos teniendo de nuestros movimientos, si somos capaces de pensar en las consecuencias de las palabras que pronunciamos, el lenguaje corporal para expresarlas y, sobre todo, qué movimiento, qué plan, qué alcance está teniendo nuestra obra –llámese trabajo, estudio, ganas de perseverar– en el país que nos ha acogido durante todos los años que hayamos permanecido aquí.

 

 

Mensaje del Día Internacional de la Danza

Hoy es Día Internacional de la Danza y como todos los 29 de abril, desde que la Unesco tuvo la consideración en 1982, celebramos el movimiento. Este año el bailaor flamenco Israel Galván fue escogido para anunciar el mensaje oficial. No es casualidad que en el marco de esta conversación sobre Bailando por la libertad y los tiempos turbios que zigzaguean entre la postmodernidad y los conflictos sociopolíticos de cada región del planeta, haya un innovador que hable de Carmen Amaya a la vez que de El Rey del Pop.

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Carmen Amaya, Valeska Gert, Suzushi Hanayagi, Michael Jackson…danza inclasificable. Yo no podría descifrar sus estilos de baile… los veo como turbinas generadoras de energía y esto me hace pensar en la importancia de la coreografía sobre esa misma energía del que baila. Seguramente lo importante no es la coreografía, sino precisamente esa energía, el torbellino que provoca.

Imagino una bobina tesla atrayéndolos a todos y emitiendo un rayo sanador y provocando una metamorfosis en los cuerpos: Pina Bausch como mantis religiosa, Raimund Hoghe convertido en escarabajo pelotero, Vicente Escudero en insecto palo y hasta Bruce Lee en escolopendra.

Bailé mi primer dúo con mi madre, embarazada de 7 meses. Puede parecer una exageración. Aunque casi siempre bailo solo, imagino que me acompañan fantasmas que hacen que abandone mi papel de “bailaor de soledades”. No querría decir Didi-Huberman: de soleares.

De pequeño, no me gustaba el baile, pero era algo que salía de mí de una forma natural y fácil. Casi instintiva. Con el tiempo me di cuenta que el baile curaba, me hacía efecto, casi medicinal, me ayudó a no ser tan introvertido y a abrirme a otras personas. He visto la imagen de un niño enfermo de ébola curándose a través de la danza. Sé que es una superstición, pero, ¿sería eso posible?

Después, el baile, acaba convirtiéndose en una obsesión que consume mis horas y que hace que baile hasta cuando me quedo quieto, inmóvil, apartándome así de la realidad de las cosas. No sé si esto es bueno, malo o necesario pero… así es. Mi hija Milena, cuando estoy quieto en el sofá, pensando en mis cosas, con mi propio runrún, me dice: “Papi, no bailes”.

Y es que veo a la gente moviéndose al andar por la calle, al pedir un taxi, al moverse con sus diferentes formas, estilos y deformidades. ¡Todos están bailando! ¡No lo saben pero todos están bailando! Me gustaría gritarles: ¡hay gente que todavía no lo sabe! ¡Todos estamos bailando! ¡Los que no bailan no tienen suerte, están muertos, ni sienten ni padecen!

Me gusta la palabra fusión. No como palabra de marketing, confusión para vender un determinado estilo, una marca. Mejor fisión, una mezcla atómica: una coctelera con los pies clavados en el suelo de Juan Belmonte, los brazos aéreos de Isadora Duncan y el medio cimbreo de barriga de Jeff Cohen en Los Goonies. Y con todos estos ingredientes hacer una bebida agradable e intensa, que esté rica o amarga o se te suba a la cabeza. Nuestra tradición también es esa mezcla, venimos de un coctel y los ortodoxos quieren esconder su fórmula secreta. Pero no, razas y religiones y credos políticos, ¡todo se mezcla! ¡Todos pueden bailar juntos! Quizás no agarrados, pero sí unos al lado de los otros.

Hay un antiguo proverbio chino que dice así: el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Cuando una mosca levanta el vuelo en Japón, un tifón sacude las aguas del Caribe. Pedro G Romero , después de un aplastante baile por sevillanas, dice: el mismo día que cayó la bomba en Hiroshima, Nijinsky repitió su gran salto en un bosque de Austria. Y yo sigo imaginando: un latigazo de Savion Glover hace girar a Mikhail Baryshnikov. En ese momento, Kazuo Ono se queda quieto y provoca una cierta electricidad en María Muñoz que piensa en Vonrad Veidt y obliga a que Akram Khan provoque un terremoto en su camerino: se mueven sus cascabeles y el suelo se tiñe con las gotas cansadas de su sudor.

Me gustaría poder dedicar este Día Internacional de la Danza y estas palabras a una persona cualquiera que en el mundo esté bailando en este justo momento. Pero, permítanme una broma y un deseo: bailarinas, músicos, productores, críticos, programadores, demos un fin de fiesta, bailemos todos, como lo hacía Béjart, bailemos a lo grande, bailemos el Bolero de Ravel, bailémoslo juntos.

Israel Galván