“Bailando por la libertad” en el Día Internacional de la Danza

Artes Escénicas, Cine, Cultura, Danza

Este es el texto que leí en el cineforo del Día Internacional de la Danza que organizamos en Trasnocho Cultural y en el que también participaron Julie Barnsley y Solveig Hoogestein

Afshin Ghaffarian pasa casi desapercibido en Twitter con apenas 192 seguidores y una frecuencia de actualización de sus redes sociales bastante leve, a pesar de sus 28 años de edad. Sin embargo, su vida fue la inspiradora de una película que lleva como bandera la libertad. Vive en París, pero el punto clímax de su vida se remonta seis años atrás; los que cuenta esta historia: el inicio de su asilo en la ciudad de la luz luego de haber vivido en la oscuridad de su país natal, Irán.

Ahora tiene una compañía de danza contemporánea que llama Reformances, la unión de las palabras “reforma” y “performance” y funciona como una suerte de oxímoron, en la que crea nuevos significados a partir del material físico y vocal que emerja a la hora de montar una puesta en escena. Tiene como base la ejecución de piezas que hablen del arte en la sociedad y en la vida particular de cada intérprete. Y es eso lo que hace a un bailarín. Más que huir de una ciudad que no lo acoge como artista, Ghaffarian descubre su inclinación histriónica en medio de la prohibición. Es su cuerpo el que funciona como territorio de la rebeldía, en palabras de Julie Barnsley, y que además idea una nueva manera de contar su vida y las trabas políticas, sociales y anímicas que enfrenta a través del movimiento.

Es una historia real la que cuenta la película Bailando por la libertad, que fue traducida con ese título para Venezuela y otros países de Latinoamérica aunque su nombre original en inglés sea Desert Dancer. Mencionar la palabra libertad dentro de la danza, e incluso dentro de Venezuela es establecer imaginariamente los límites de esos permisos que se otorgan los bailarines, y los artistas en general, al tener la oportunidad de ocupar un espacio, presentar un material y proponer un tema para una discusión íntima. En la película, el protagonista no solo descubre lo que significa bailar dentro de un país en el que se prohíbe todo hecho creativo y de análisis sino que además la tecnología es la responsable de desarrollar en él todo un instinto de supervivencia a través del movimiento. Sus referencias infantiles que comienzan nada menos que con Rudolf Nuréyev, el bailarín ruso que es considerado por muchos críticos como el mejor del siglo XX, se fusionan con el gusto de la música pop de Michael Jackson, también de los mejores en su género y su generación.

A través del Youtube, Ghaffarian aprueba esa intuición que lo lleva a moverse con videos que le recuerdan las influencias que aprendió en las clases de actuación que lograron dar pinceladas definitivas en su infancia, pero también utiliza a sus amigos como puente para desarrollar sus anhelos más profundos y llevarlos a la vez al riesgo y a la emoción.

En 2009 Afshin Ghaffarian huye de Teherán, en 2010 funda Reformances –que actualmente cuenta con 11 artistas en el elenco- y se convierte en bailarín de la Compañía Nacional de Francia, luego de recibir asilo. En 2014 se presenta esta película de Richard Raymond en el Festival de Cine de Santa Bárbara, dos semanas después del ataque terrorista a la redacción de la Revista Charlie Hebdo. En Bailando por la libertad el coreógrafo es Akram Khan, responsable de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y actúa Freida Pinto, actriz que obtuvo un Oscar por su trabajo en Slumdog Millionare.

En un testimonio que se publicó en la Revista Arcadia, de Colombia, Ghaffarian cuenta que luego de salir de Teherán un periódico radical de Irán escribió negativamente sobre su condición de fugitivo en contra del régimen. Allí refiere que su trabajo se concentra en la posibilidad de hacer lo mejor que esté en sus manos para aportar algo al país que le cerró tantas puertas, pero que no deja de ser su primer hogar. En el marco de esas reflexiones que mueven no solo el cuerpo, sino también el espíritu cabría preguntarse cuál es la consciencia que estamos teniendo de nuestros movimientos, si somos capaces de pensar en las consecuencias de las palabras que pronunciamos, el lenguaje corporal para expresarlas y, sobre todo, qué movimiento, qué plan, qué alcance está teniendo nuestra obra –llámese trabajo, estudio, ganas de perseverar– en el país que nos ha acogido durante todos los años que hayamos permanecido aquí.

 

 

Mensaje del Día Internacional de la Danza

Hoy es Día Internacional de la Danza y como todos los 29 de abril, desde que la Unesco tuvo la consideración en 1982, celebramos el movimiento. Este año el bailaor flamenco Israel Galván fue escogido para anunciar el mensaje oficial. No es casualidad que en el marco de esta conversación sobre Bailando por la libertad y los tiempos turbios que zigzaguean entre la postmodernidad y los conflictos sociopolíticos de cada región del planeta, haya un innovador que hable de Carmen Amaya a la vez que de El Rey del Pop.

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Carmen Amaya, Valeska Gert, Suzushi Hanayagi, Michael Jackson…danza inclasificable. Yo no podría descifrar sus estilos de baile… los veo como turbinas generadoras de energía y esto me hace pensar en la importancia de la coreografía sobre esa misma energía del que baila. Seguramente lo importante no es la coreografía, sino precisamente esa energía, el torbellino que provoca.

Imagino una bobina tesla atrayéndolos a todos y emitiendo un rayo sanador y provocando una metamorfosis en los cuerpos: Pina Bausch como mantis religiosa, Raimund Hoghe convertido en escarabajo pelotero, Vicente Escudero en insecto palo y hasta Bruce Lee en escolopendra.

Bailé mi primer dúo con mi madre, embarazada de 7 meses. Puede parecer una exageración. Aunque casi siempre bailo solo, imagino que me acompañan fantasmas que hacen que abandone mi papel de “bailaor de soledades”. No querría decir Didi-Huberman: de soleares.

De pequeño, no me gustaba el baile, pero era algo que salía de mí de una forma natural y fácil. Casi instintiva. Con el tiempo me di cuenta que el baile curaba, me hacía efecto, casi medicinal, me ayudó a no ser tan introvertido y a abrirme a otras personas. He visto la imagen de un niño enfermo de ébola curándose a través de la danza. Sé que es una superstición, pero, ¿sería eso posible?

Después, el baile, acaba convirtiéndose en una obsesión que consume mis horas y que hace que baile hasta cuando me quedo quieto, inmóvil, apartándome así de la realidad de las cosas. No sé si esto es bueno, malo o necesario pero… así es. Mi hija Milena, cuando estoy quieto en el sofá, pensando en mis cosas, con mi propio runrún, me dice: “Papi, no bailes”.

Y es que veo a la gente moviéndose al andar por la calle, al pedir un taxi, al moverse con sus diferentes formas, estilos y deformidades. ¡Todos están bailando! ¡No lo saben pero todos están bailando! Me gustaría gritarles: ¡hay gente que todavía no lo sabe! ¡Todos estamos bailando! ¡Los que no bailan no tienen suerte, están muertos, ni sienten ni padecen!

Me gusta la palabra fusión. No como palabra de marketing, confusión para vender un determinado estilo, una marca. Mejor fisión, una mezcla atómica: una coctelera con los pies clavados en el suelo de Juan Belmonte, los brazos aéreos de Isadora Duncan y el medio cimbreo de barriga de Jeff Cohen en Los Goonies. Y con todos estos ingredientes hacer una bebida agradable e intensa, que esté rica o amarga o se te suba a la cabeza. Nuestra tradición también es esa mezcla, venimos de un coctel y los ortodoxos quieren esconder su fórmula secreta. Pero no, razas y religiones y credos políticos, ¡todo se mezcla! ¡Todos pueden bailar juntos! Quizás no agarrados, pero sí unos al lado de los otros.

Hay un antiguo proverbio chino que dice así: el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. Cuando una mosca levanta el vuelo en Japón, un tifón sacude las aguas del Caribe. Pedro G Romero , después de un aplastante baile por sevillanas, dice: el mismo día que cayó la bomba en Hiroshima, Nijinsky repitió su gran salto en un bosque de Austria. Y yo sigo imaginando: un latigazo de Savion Glover hace girar a Mikhail Baryshnikov. En ese momento, Kazuo Ono se queda quieto y provoca una cierta electricidad en María Muñoz que piensa en Vonrad Veidt y obliga a que Akram Khan provoque un terremoto en su camerino: se mueven sus cascabeles y el suelo se tiñe con las gotas cansadas de su sudor.

Me gustaría poder dedicar este Día Internacional de la Danza y estas palabras a una persona cualquiera que en el mundo esté bailando en este justo momento. Pero, permítanme una broma y un deseo: bailarinas, músicos, productores, críticos, programadores, demos un fin de fiesta, bailemos todos, como lo hacía Béjart, bailemos a lo grande, bailemos el Bolero de Ravel, bailémoslo juntos.

Israel Galván

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Trasnocho Cultural celebra el Día Internacional de la Danza

Cine, Cultura, Danza

Julie Barnsley disertará sobre la película Bailando por la libertad, el próximo miércoles 29 de abril en la sala Cine Paseo 2

La película Bailando por la libertad será el pretexto para celebrar el Día Internacional de la Danza, que tiene lugar todos los 29 de abril desde 1982. Ese miércoles, a las 7:30 pm, se dará cita Julie Barnsley para conversar sobre el movimiento y la libertad de expresión.

El encuentro tendrá lugar en la Sala Cine Paseo 2 del Trasnocho Cultural. Será el momento ideal para homenajear a Belén Lobo, reconocida bailarina de danza contemporánea, maestra y gestora cultural además de una de las más importantes investigadoras de danza en Venezuela, quien falleció en noviembre de 2014.

Bailando por la libertad es una película basada en una historia de la vida real. Está dirigida por Richard Raymond y cuenta la historia de Afshin Ghaffarian, un joven iraní que quiso ser bailarín en un país donde la libertad de expresión está amenazada y bailar está prohibido. Allí, el público podrá ver cómo las reconocidas compañías de ballet y danza contemporánea fueron desapareciendo y, durante ese proceso, el protagonista encuentra amigos que le enseñan a utilizar su cuerpo como herramienta para expresarse y encontrar la libertad.

Julie Barnsley es la directora de Aktion Kolectiva, quien se destaca por ser coreógrafa, maestra e investigadora del cuerpo y del movimiento. Es Licenciada en Danza, formada en el London School of Contemporany Dance y tiene estudios posteriores en Alemania, Nueva York y Caracas, donde reside desde 1985 momento en el que fundó su compañía de danza contemporánea.

La cita es para celebrar el Día Internacional de la Danza el próximo miércoles 29 de abril, a las 7:30 pm, en la Sala Cine Paseo 2. El Trasnocho Cultural está ubicado en el nivel Trasnocho del centro comercial Paseo Las Mercedes. Las entradas están a la venta en la taquilla y enwww.ticketmundo.com.

Más información: teléfono (0212) 993-1910, @trasnochocult en Twitter e Instagram, Trasnocho Cultural en Facebook y www.trasnochocultural.com

Cine-foro de “A Chorus Line” con @djsolorzano, @claudiacsg y @MarcyAlejandra mañana en @LibreriaLC

Cine, Cultura, Danza

Librería Lugar Común ofrecerá cine-foro de A chorus line

El cierre de la semana en homenaje a la danza será este sábado con la proyección de la película musical que demuestra cómo los bailarines defienden al máximo su pasión en un casting definitivo

Cine Foro "A Chorus Line"Este sábado 14 de septiembre, a las 7:00 pm, tendrá lugar el cine-foro sobre la película A chorus line en la Librería Lugar Común de Altamira. Los ponentes serán Daniel Solórzano, director de Grupo Ímpetu (protagonista de musicales originales de Ímpetu Producciones como Noche de Broadway o Dulce o truco), y Claudia Salazar, directora de Clas Venezuela y la Escuela de Teatro Musical de Caracas (productora general de musicales como Godspell y La Novicia Rebelde). El encuentro estará moderado por la periodista Marcy Alejandra Rangel.

A chorus line es un filme estrenado en 1985, que fue dirigido por Richard Attenborough y protagonizado por Michael Douglas, Terrence Mann y Michael Blevins. C cuenta la historia de un director que está haciendo un casting de bailarines para una súper producción musical. A pesar de que un gran número de aspirantes audiciona, esperando ser seleccionados, a lo largo del día la competencia se vuelve más dura, a raíz de la eliminación de la mayoría de los candidatos. Cuando solo quedan 12 bailarines, estos se debaten para conseguir los escasos ocho personajes disponibles que quedan en el musical. Pero ahí tendrán que demostrar que el director no solo busca técnica de danza, sino algo más allá.

El conversatorio final se propone hablar de la danza como un arte que desde siempre se ha nutrido de otros como la música, el canto y las artes visuales para generar espectáculos de alto nivel que le han dado la vuelta al mundo. Desde Pina Bausch hasta Bob Fosse, esta charla se propone hablar de la danza en el sentido más amplio y universal.

La cita es para este sábado, a las 7:00 pm, en la Librería Lugar Común, que se encuentra en la avenida Ávila de Altamira. La entrada es libre. Más información: @LibreriaLC en Twitter.

Un paseo por el @CAMLiaBermudez

Artes Escénicas, Artes Visuales, Cine, Cultura, Danza, Espectáculos, Música, Música Académica

Centro de Arte Lía Bermúdez: modernismo en el Mercado Municipal

Entrar al Centro de Arte Lía Bermúdez en Maracaibo es un ejercicio de relajación y comunidad con la creación. En domingo, el calor más abrasador pareciera disiparse entre el aire acondicionado del lugar y el fastuoso recibimiento de un penetrable azul del maestro Jesús Soto. Desde ahí, niños, adolescentes, adultos y ancianos, le dan la vuelta al invento cinético para recrearse y poder acceder a las salas contiguas. A la derecha, un cafetín que ofrece pastelitos y jugos y una tienda de diseño local en el que hay desde tarjetas tipo postales hasta mobiliarios de madera con estructuras novedosas. La recepción, desde la cual se pueden contratar visitas guiadas, queda al inicio del auditorio. El recinto tiene capacidad para mil seiscientas personas en un área de mil trescientos metros cuadrados, distribuidos bajo una cúpula transparente de dieciocho metros de altura. Tiene dos niveles, a los que se llega en ascensor y varias disposiciones de acuerdo al espectáculo que se presentará.

Nadie se imaginaría que este lugar fue por casi sesenta años la sede del Mercado Municipal de Maracaibo, hasta que fue consumido por un incendio en 1927. Porque incluso, este antiguo mercado, fue edificado en 1866 cuando apenas Venezuela se convertía en una nación independiente. Su arquitectura atiende a los requerimientos del general Vincencio Pérez Soto, quien acarició la posibilidad de tener una infraestructura parecida a las que estaban de moda en esos tiempos en los países desarrollados como Francia, Alemania, Inglaterra y Los Estados Unidos.

Por eso, quizá, es que las salas de arte son modernas, espaciosas y se comunican a través de diferentes accesos. Esta área museística funciona desde hace más de cinco años como un servicio de exhibición y proyección de películas para la comunidad. Ofrecen periódicamente ciclos de cine de autor y propuestas expositivas vanguardistas con mezclas de elementos clásicos, movimientos experimentales y realizaciones independientes. Además, el material que se exhibe está a la disposición de los estudiantes de la ciudad quienes pueden completar su formación con materiales documentales, formativos y recreativos que están archivados en la videoteca CAMLB.

Las personas con necesidades especiales tienen la oportunidad de solicitar preparación de textos, guiones o guías didácticas, cuentos y juegos pedagógicos relacionados con las exposiciones, además de las visitas guiadas, talleres, videos, conferencias y programas vacacionales abiertos para público en general.

En esa ciudad, los colores están a la orden del día y la fachada de este centro cultural es una muestra de ello. En la acera de enfrente, a las puertas del recinto, hay un ensamblaje de piezas metálicas, pintadas de color rosa, que remiten a algo así como una silla con ventilador incluido. Por cierto, uno de los datos contradictorios que debe saber el turista que visita Maracaibo, es que en esta ciudad hace mucho frío: en los lugares comerciales y de recreación, como el CAMLB, el calor de los +40 °C se opaca frente al aire acondicionado. Este dato hará que con un suéter y buena disposición, todos los visitantes puedan disfrutar de exposiciones, artes escénicas, cine y, en definitiva, el arte de calidad que rodea a la ciudad.

Texto publicado en la sección Historia de nuestras salas de http://www.vayaalteatro.com

Mi balance 2012 de la danza contemporánea en Caracas, publicado en @2001OnLine

Artes Escénicas, Cine, Cultura, Danza, Festival

Más forma(to)s para la danza

La danza contemporánea en la Caracas de 2012 fue un escenario móvil. Sus logros, más allá de la calidad y la claridad en los contenidos que se presentaron, estuvo enfocada en llevar este arte a un público variado, diverso y plural.

El documental Pina, de Wim Wenders, utiliza de fondo musical una tonada de Simón Díaz FOTO: CORTESÍA

El documental Pina, de Wim Wenders, utiliza de fondo musical una tonada de Simón Díaz FOTO: CORTESÍA

El año abrió con una noticia internacional: la proyección del documental “Pina”, de Wim Wenders, en el marco del Festival Internacional de Teatro de Caracas. La nominación a los Bafta, Oscar y el Premio del Cine Europeo al Mejor Documental, no fueron suficientes. Los 89 mil espectadores que convirtieron a esta cinta en el documental más visto del país, admiraron no solo los testimonios de los bailarines de la compañía de una de las pioneras de la danza moderna, sino que además se adentraron en una experiencia sensorial en 3D que les hizo experimentar las coreografías situacionales de la alemana.

Aktion Kolectiva está dirigido por Julie Barnsley, investigadora que imparte clases en Unearte FOTO: CORTESÍA

Aktion Kolectiva está dirigido por Julie Barnsley, investigadora que imparte clases en Unearte FOTO: CORTESÍA

Luego de casi dos años de espera por una sala de teatro que acogiera a más de 10 bailarines + escenografía y proyecciones, Julie Barnsley y su compañía Aktion Kolectiva presentaron “El vuelo” en el Teatro de Chacao. Esta fue una temporada histórica para la disciplina en el país. Desde hacía más de una década no se presentaba un espectáculo en un ente cultural en el que se percibieran beneficios económicos por taquilla, con un aforo de más de 500 butacas y funciones a sala llena.

UM Gramo es una compañía de danza contemporánea itinerante, conformada por Pedro Alcalá y Alexana Jiménez

UM Gramo es una compañía de danza contemporánea itinerante, conformada por Pedro Alcalá y Alexana Jiménez

El Festival de Nueva Danza, sin duda, fue uno de los más interesantes aportes a la escena de la danza contemporánea caraqueña. Durante siete semanas el investigador y Premio Nacional de Danza 2010-2012, Carlos Paolillo, llevó al escenario del Espacio Plural en el Trasnocho Cultural un compilado de trabajos de los principales representantes del momento y que dan muestra de las compañías que han tenido éxito desde los años 80 hasta nuestros días. Sieteocho, Plan Cero, Espacio Alterno, Um. Gramo, Neodanza, Dramo y un par de recién egresados de Unearte se dieron cita en otro momento histórico: la primera vez, también en décadas, que la danza contemporánea es patrocinada por la empresa privada y que un teatro comercial del este de Caracas apoya un encuentro de creadores que no fuera necesariamente rentable.

La soberbia fue una pieza coreografiada por Armando Díaz FOTO: VÍCTOR ALEXANDRE

La soberbia fue una pieza coreografiada por Armando Díaz FOTO: VÍCTOR ALEXANDRE

Los “Siete pecados capitales” fue la mayor producción (por no decir la única) de la Fundación Compañía Nacional de Danza, desde entonces llamada Centro. Siete coreógrafos, cada uno con su manera de ver la creación y fomentar discusiones en torno al proceso creativo, confiaron en esos bailarines sus ideas. Fueron tres funciones en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. Las 2500 butacas no se llenaron, pero al menos las tres cuartas partes de cada día.

En Azul y no tan rosa, la coreógrafa es interpretada por Hilda Abrahamz, quien hace las veces de un transexual FOTO: CORTESÍA

En Azul y no tan rosa, la coreógrafa es interpretada por Hilda Abrahamz, quien hace las veces de un transexual FOTO: CORTESÍA

El 2012 se despidió con más cine. “Azul y no tan rosa”, una de las películas venezolanas más taquilleras del momento y con una apuesta a la aceptación de la diversidad cultural y sexual, comienza con una secuencia de seis bailarines del Centro Nacional de Danza que están ensayando una pieza (montada por Angélica Escalona) en topless, en las instalaciones del Teatro Municipal de Caracas. Las tomas muestran pasión, virtuosismo y la reacción de plena concentración de los espectadores por entender qué quieren decir los movimientos de los bailarines, hasta entonces desconocidos. Pareciera que esta es una disciplina en ascenso.

Texto publicado en la columna Impromptu del diario 2001, el martes 09 de enero de 2013

Reflexión sobre “Who wants tuki? | ¿Quién quiere tuki?” mañana en @2001OnLine (@_Pocz @_Abstractor @MostroContenidos)

Cine, Cultura, Danza

Venezuela quiere tuki

Ya más de 93mil personas han visto el documental “Who wants tuki? | ¿Quién quiere tuki?” de Mostro Contenidos, a tan solo una semana de su estreno, según cifras de Youtube. A pesar de que ellos fueron quienes activaron el tema en la cultura pop juvenil, miré a mi alrededor y me di cuenta que estaba rodeada de amantes del género desde mucho antes: una de mis amigas llevó un DJ para que mezclara esa música en su boda y otro está haciendo una tesis sobre el tema para optar por el título de Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, mención Periodismo, por ejemplo. Después me enteré que hay un montón de fiestas que el colectivo de DJ’s Abstractor organiza en Caracas y el interior del país para que la gente, a veces hasta muy sifrina, vaya a disfrutar del tuki en su ambiente de confort. Entonces uno se pone a pensar si será que este fenómeno de los barrios caraqueños pudiera convertirse en un movimiento generacional para Venezuela, tal como lo hicieron el hip hop en los noventa y el reguetón en los dos mil.

Los bailarines de changa tuki se visten con suéteres y zapatos de colores muy llamativos, tipo botas de goma. También usan gorras con la visera muy rígida y horizontal. Se contorsionan, mueven sus rodillas con una cadencia extrema y combinan los pasos que inventan en cada crew. Bailan en parejas, como competencias. Siguen los pasos y los modifican –generalmente los hacen más complejos– de acuerdo a los beats que esté generando la canción en ese momento. Todos son exagerados. Que si “el controladito”, “el elástico”, “el ventilador”. Esos son los que mencionan en el video, pero ninguno se parece a lo que hacen en la realidad: todo se complica aún más en la práctica.

Ni en las academias de baile más modernas del país consideran a “Pan con mortadela”, “Samba a los conejos” y “El Petarazo”, por decir algunas, como canciones para enseñar a bailar. También me queda la duda si esos grandes bailarines de Venevisión son capaces de imitar alguno de los pasos de estos chicos y por eso no los incluyen dentro de sus rutinas. Otros, todavía ven el género de forma despectiva. Incluso utilizan la palabra “tuki” para denigrar. A nuestro país le hace falta identificación. Y en whowantstuki.com hay un acercamiento a algo que podría convertirse en un referente venezolano, esta cultura underground que está generando ruido entre las zonas populares de Caracas.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 09 de octubre de 2012

Aunque tarde, este es mi balance del Festival Internacional de Caracas 2012

Artes Escénicas, Cine, Cultura, Danza, Festival

Cada quien tuvo su FITC

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 El Festival Internacional de Teatro de Caracas fue una experiencia subjetiva, más allá del mero gusto visual que el espectador tuviera sobre las obras que lo conformaron. Un festival pretende diversidad y amplitud, cosa que se logró en la medida en que muchos factores influyeran para que, incluso los más cercanos a la escena caraqueña, optaran por un porcentaje de la cartelera que se presentó la primera semana de abril de 2012.

Inteligente decisión de la organización la de haber inaugurado días previos a la Semana Santa. Eso demuestra que en Caracas sí hay un alto número de habitantes que se quedan en la ciudad durante los feriados sin tener opciones distintas a un centro comercial para distraerse. Las obras de teatro que no estaban incluidas en el FITC pero que igual presentaron funciones en esas fechas agotaron sus localidades o, por lo menos, tuvieron más afluencia de público que en época regular. En el FITC Hubo una eficiente difusión en los medios, lo que permitió que se agotaran las entradas de casi todas las obras con suficiente antelación, aunque no estuvieron previstas más funciones para que el público pudiera anotarse en las repeticiones. No pasó igual con la comunicación 2.0, porque ese departamento no tuvo previsto informar a tiempo real de las obras que cambiaron de horario, ni de la contestación a los usuarios sobre las dudas que tenían sobre el festival. Otro punto positivo fueron los lugares de encuentro al aire libre en el Centro Cultural Chacao, las bailantas de Vinósfera en la Plaza Alfredo Sadel y la Plaza Miranda de Los Dos Caminos. También con las diferentes aristas que se planificaron para celebrar a Cabrujas: en obras de teatro formales y experimentales, charlas y lecturas dramatizadas.

Cinco obras fueron las seleccionadas, casi por azar, para el encuentro con este festival. Tercer cuerpo, de Argentina; Les philebulistes, de Francia; Sueños trotantes, de Venezuela; Insectos, de España y Pina, de Alemania.

Timbre 4, la agrupación teatral argentina que dirige el español Mario Tolcachir, se presenta en su país en algo parecido al garaje de una casa convertido en sala experimental estilo anfiteatro. Presentar Tercer cuerpo en una sala formal como es el caso del Teatro Trasnocho de Paseo Las Mercedes resulta un elemento distractor. El conflicto que se expone, existencialista, profundo, inconmensurable, se complementa con la puesta del director que plantea a los mismos personajes como escenarios que se desplazan en diferentes direcciones sin que el vestuario o las luces sean lo más importante de la puesta. Se trata de un viaje hacia el interior. Hubo un grupo de espectadores que aplaudieron de pie y otros que prefirieron la reflexión. Hay que repensar la pieza para descubrir la trinidad en el cuerpo de otro, o en el propio, o en las circunstancias.

Arcane fue víctima de esas situaciones muy propias de Venezuela en las que los ciudadanos se debaten entre reír y llorar. La gran estructura que utilizan para su espectáculo Les philebulistes –parecida a una gran rueda en las que los roedores se ejercitan en sus jaulas- no fue liberada en la aduana para la primera presentación de los franceses en el país. Por lo tanto, el domingo tuvieron que realizar doble tanda, a las 6:00 pm y a las 8:30 pm, sin que el público fuera notificado con anterioridad. La pieza tuvo una duración de veinticinco minutos aproximadamente y, a pesar del esfuerzo físico de los acróbatas, es una obra que deja con ganas de más. Era un accesorio del festival, pero no una obra que los transeúntes pudieran apreciar sin nada que los complementara. Tal vez faltó, en ese momento, una compensación nacional –como comentó uno de los asistentes.

Lo mismo pasó con Insectos, la obra de España. Unas criaturas gigantes se desplazaron por la avenida Francisco de Miranda desde Santa Eduvigis hasta Los Dos Caminos –no iniciaron en la Plaza Miranda como decía la convocatoria-. Quienes manejaban a los grillos y las hormigas eran chicos trajeados con bragas de mecánico que pedaleaban y acercaban el personaje a los niños y adultos que querían fotografiarse con ellos y recibir un poco del humo que salía de sus bocas. Pero no se trataba de un espectáculo como tal, solo una actividad de distracción para quienes anduvieran al paso.

No sucedió lo mismo con Sueños trotantes. Soraya Orta y su equipo de Ciane están acostumbrados a montarse en zancos en las plazas caraqueñas. Cuentan una historia a través de la danza contemporánea trabajada sobre ritmos modernos, el ejercicio escénico de trabajar con elementos y la fortaleza de un grupo de más de diez personas, lo que nutre el espectáculo. Sin mayor dificultad los bailarines se hacen cercanos al público con un deseo común: las ganas de volar. Es un show que dura aproximadamente una hora y que no necesita de complementos para reunir a una multitud y brillar por sí solos, siendo venezolanos.

El análisis de estos tres espectáculos, y la asistencia masiva a todos, demuestra que Venezuela necesita de un ambiente cultural fructífero que permita hacer obras de calle de calidad que entretengan al público, sin tener que esperar a que vengan compañías foráneas para demostrarlo. Además, la selección de grupos –en todo el cartel seleccionado- tuvo que ver con razones monetarias y de contactos que no permitió incluir a más talentos. Se necesita, además, una convocatoria abierta que permita escoger entre un abanico de propuestas que potencien el festival. Y obras nacionales nuevas, que permitan al espectador asiduo al teatro tener de dónde escoger a la hora de preferir al talento nacional.

Pina, la película documental nominada al Oscar de este año, fue el legado del FITC. Aún está en cartelera. Es una maravillosa oportunidad para que el espectador pueda acercarse a la danza contemporánea, se informe de quién fue Pina Bausch y que, además, le provoque ir al teatro real por más. Las preguntas que surgen en torno al tema: ¿qué tienen los bailarines venezolanos para ofrecerle al público potencialmente cautivo a partir del filme de Wenders? ¿qué otra película ha visto el espectador asiduo al cine que utilice tan bien el 3D como esta historia? ¿en qué lugar estamos parados como venezolanos, como artistas, con respecto a estos creadores?

En cualquier caso, lo mejor del FITC fue el Camerino. A modo off-festival, actores extranjeros y nacionales, productores, gestores culturales y algunos espectadores se reunieron cada noche en este lugar clandestino del centro comercial Chacaito para intercambiar experiencias y presenciar algunos performances voluntarios que se quisieran presentar. Pelucas, maquillaje, lentejuelas… Todo estaba permitido frente al espejo de esa marquesina. Stand Up Comedy, danza, teatro, performance y proyecciones se unieron a los selektors y a la ley seca que, en este espacio, estuvo prohibida.

Sin ver las obras del Grupo Actoral Ochenta, las de Skena, Water People Theater Company o las sonadas Amarillo de México, La razón blindada de Ecuador, Hamlet de Los Andes de Bolivia o Casa de muñecas de Alemania, el festival fue una buena opción de esparcimiento en Semana Santa. Sería ingrato que el Teatro de Petare, la compañía Textoteatro del Teatro San Martín, Rajatabla en Bellas Artes y la Asociación Cultural Humboldt se quedaran de nuevo sin agotar taquilla. Si tan solo una persona de los muchos espectadores del FITC se quedó con ganas de más teatro y sigue asistiendo a cualquiera de las opciones que ofrece la capital, entonces la misión se dio por cumplida.

Si la selección de obras del espectador fue distinta de estas cinco, no importa, el resultado probablemente haya sido el mismo: sensación de libertad, esparcimiento, recreación, cultura, ciudad, país, progreso. A fin de cuentas, cada quien tuvo su FITC.