Los @amgsinvisibles: el ejercicio incuestionable de la gozadera [Para @Prodavinci]

Espectáculos, Música
Gozadera es el nombre del sello discográfico que Los Amigos Invisibles se inventaron para creer en sí mismos y en su música. Gozadera es un estilo de vida que admite todo tipo de alegrías. Gozadera, en Venezuela, llega abrazando al Niño Jesús con 24 Cañonazos Bailables antes del año nuevo | Foto: Víctor Amaya

Gozadera es el nombre del sello discográfico que Los Amigos Invisibles se inventaron para creer en sí mismos y en su música. Gozadera es un estilo de vida que admite todo tipo de alegrías. Gozadera, en Venezuela, llega abrazando al Niño Jesús con 24 Cañonazos Bailables antes del año nuevo | Foto: Víctor Amaya

Hay quienes los 21 de diciembre esperan, en onda reflexiva, que el espíritu que entra por la ventana les ofrezca mandarinas para la prosperidad. Este año hay otros que aguardan, boleto en mano, por los 24 Cañonazos Bailables de Los Amigos Invisibles, la banda venezolana que se ha atrevido a darle significado y leit motiv a la palabra “gozadera”.

A diferencia de los 23 años anteriores, ésta es la primera vez que Los Amigos Invisibles se presentan en Venezuela sin dos de sus integrantes: Armandito y DJ Afro. Las vallas publicitarias en ATL y web muestran sólo a cuatro de los seis rostros tradicionales, pero algo le dice a la gente del Centro Cultural BOD que la van a seguir pasando muy bien.

La gozadera es esa pócima secreta que se inventaron Los Amigos Invisibles para tener un éxito indiscutible, que pueden avalar con un Grammy Latino, 3 nominaciones a ese premio y otra más al Grammy Awards. Pero la gozadera, además, incluye en todas sus aristas a la idiosincrasia venezolana: desparpajo, sabor, irreverencia, sensualidad, rumba, humor. Incluso en el mismísimo nombre de la banda se evoca al Arturo Uslar Pietri de “Valores Humanos” en la televisión.

Con todo eso puesto, Julio Briceño, su vocalista, puede atreverse a salir con todas las ganas al escenario a exigir que el público salte con él desde la primera canción: “¡Sabroso, Caracas, carajo!”.

El set list de la agrupación parece estar dividido en actos antes que en canciones. Desde que arranca el show, los 12 focos de luz no descansan sino después que pasa media hora y por apenas unos segundos. Todo se contagia: ritmos, baile, coros. “La que me gusta”; “Corazón tatú”; “Amor”; “Mujer policía”; “Ultrafunk”; “Sex Appeal”. Se enciende la tribuna mientras la ropa de Julio va empañándose de calor.

La fórmula sigue funcionando. Aunque la banda no esté radicada en Venezuela desde hace más de una década, siguen apostando a los sonidos de aquí. Agustín Espina, integrante de Guaco durante años, es el nuevo tecladista y Daniel Saa, el graduado en Berklee, pulsa los pedales de su guitarra eléctrica en ese mismo escenario. Ambos, con estilos diferentes, son parte de esta gozadera.

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