Reseña sobre las Divorciadas, evangélicas y vegetarianas de @AquelarrePanama (cc. @EnithzabelC @StellaLauri @EdCedeno)

Tres mujeres que se interpretan sin máscaras

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Divorciadas, evangélicas y vegetarianas es una obra de teatro que el venezolano Gustavo Ott escribió en 1989 y que, desde entonces, es de todo aquel que la lee y la hace suya. Es un texto riquísimo en imágenes porque, a través de los chistes, tres mujeres se descubren y se hacen el propósito de sentirse plenas, a pesar de las máscaras que les han quitado brillo en sus años más fértiles.

Beatriz, Gloria y Meche son tres situaciones de vida más cotidianas de lo que parecen. La mujer que se casó joven y  dejó de estudiar por cuidar a los hijos; la que se enamoró de un tipo casado y está obsesionada con el ejercicio para nunca dejar de complacerlo y la evangélica que esconde detrás de su ruedo largo el deseo de tener una sexualidad plena. Las tres se encuentran en El Ávila y en la sala de cine donde trabaja Meche y repiten Nueve semanas y media todos los días en prime time. En la montaña suceden cosas inesperadas. El demonio de la concupiscencia aparece en el cuerpo de Meche y tendrán que sortear todos los obstáculos del idioma de la poseída para poder deshacerse de él. Al final, las tres comprenden que la clave de la felicidad no existe, pero que se reinventa más fácil si se tiene alguien al lado con quien contar. Que sí, la vida camina mejor con una buena copa, una canción de Los Beatles y un vestido ceñido al cuerpo. La vida también es más simple de lo que parece.

Divorciadas, evangélicas y vegetarianas es una pieza teatral que el director Edwin Cedeño decidió montar para abrir el mes de la comedia en el Teatro La Quadra de Panamá. Su dirección es ágil, en un teatro dispuesto al mejor estilo de un anfiteatro. Utilizan dos bancos de madera encontrados que hacen los dos frentes al público, según el ángulo desde donde se mire. El escenario lo es todo: desde la primera fila de butacas hasta el centro del cuadrado negro. En el segundo acto, los bancos se acomodan en filas como si fueran un cine, una iglesia o, mejor aún, una iglesia cristiana dentro de un cine en el que se proyectan Nueve semanas y media. Después del intermedio, las gigantografías recrean una montaña y los bancos de madera se disponen de una manera que parecen un altar. El altar para que el demonio las visite y las perdone, sin que Beatriz, Gloria y Meche tengan derecho a olvidar su presencia.

Actualmente se presenta la tercera de este espectáculo que hace burla a las mujeres autodestructivas en sus relaciones de pareja. Desde hace seis años, el texto ronda la escena panameña por su combinación de diálogos muy graciosos con declaraciones muy profundas. Ahora, según dicen las protagonistas, entienden mucho más a las mujeres que Gustavo Ott plasmó en el guión: son incompletas, pero no necesitan más para ser felices. Así, invitan a todos los espectadores a mirarse en el espejo y a decirles a los hombres que desistan. Las mujeres conforman una raza incomprendida, hasta por ellas mismas.

Las Divorciadas, evangélicas y vegetarianas de la UCAB 2008 FOTO: MAR
Las Divorciadas, evangélicas y vegetarianas de Comunicación Social UCAB 2008 FOTO: MAR

Texto publicado en la sección Teatro al día de http://www.vayaalteatro.com

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