Esta es mi apreciación sobre @GodspellVzla

Artes Escénicas, Cultura, Danza, Espectáculos, Música

El juego religioso

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Hay un grupo de amigos veinteañeros (incluido Coquito, quien pareciera no tener edad) que en ningún momento afirman sobre el escenario si creen en Dios, en Buda, en Alá, pero juegan a escenificar todas las parábolas que están reflejadas en el Evangelio de San Mateo, uno de los cuatro libros que testifican la llegada de Jesús en el Nuevo Testamento de los cristianos. Desde este argumento, quizá el espectador se espera una puesta en escena rígida, aburrida, enciclopédica. Pero en Godspell (palabra que traduce del inglés “la llamada de Dios”), el Godspell venezolano, el público se va a encontrar con una serie de bailes, chistes y encuentros joviales en los que no se exige tener conocimiento del contenido de la religión para entender las enseñanzas del hijo de Dios.

Son 13 chicos que se desplazan en una sobre tarima de la que se abren cavidades con agua, simulando el río Jordán, o con imaginarios resortes para que los muchachos complementen sus coreografías. Los vestuarios, una mezcla de los años sesenta con la modernidad de los colores que se utilizan en los trajes propios del diseño emergente, presentan a unos personajes que bailan tap, jazz, cantan entre lírico y funk y además comunican. Ellos juegan a mostrar quién es El Buen Samaritano, El Hijo Pródigo y la Mala Hierba. También escenifican brevemente la Pasión de Cristo desde una escena mágica en la que el lavatorio de los pies se simboliza con un pañuelo desde el cual Jesús le limpia una marca distintiva de esa tribu que todos tienen en el rostro desde el inicio de la función. Además, cuando parten el pan, la sobre tarima sirve como mesa porque es circular. Judas, personificado por Carlos David León y a veces por Alí Rondón, no coloca la mano en el pan a la vez que Jesús en la cena, ni lo entrega por 30 monedas, ni se ahorca. Pero es el encargado de llevarlo simbólicamente hasta el final de sus días y bajarlo de la cruz al sepulcro, junto con los demás amigos.

Lo más valioso de este musical es que los protagonistas sean talentos nóveles del más alto nivel. Con la proyección de este espectáculo. Sus voces, actuaciones y coreografías van a permitir que su currículo trascienda aquí y allá. Los músicos, encabezados por Gabriel Figueira –el de Gaélica, junto con el director Armando Álvarez– a pesar de que no se ven porque están al fondo del escenario, se sienten como parte fundamental de la pieza. En Godspell la energía y el colorido del principio van bajando de ritmo en el segundo acto. Con la muerte se pierde la esperanza de la resurrección y el público queda en tensión, sin un final con luces estridentes, lentejuelas enormes y saltos asombrosos. Sin ese Jesús vivo, entonces no hay religión, ni enseñanzas. El hombre que dividió a la humanidad en dos épocas definitivas no vive en el Godspell de Armando Álvarez. Queda en el sepulcro y en la esperanza de los cantos mientras baja el telón.

Texto publicado en la sección Teatro al día de http://www.vayaalteatro.com

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