El jueves fui a @Barrabar por enésima vez y esto fue lo que escribí

Cultura, Espectáculos, Música, Música Académica

Jueves de Guajeo

Apenas se asoma la noche de ese día y arman el plan de la rumba, hay quienes corean "Barrabar, los jueves de Barrabar" FOTO: CORTESÍA INDIRA ROJAS

Apenas se asoma la noche de ese día y arman el plan de la rumba, hay quienes corean “Barrabar, los jueves de Barrabar” FOTO: CORTESÍA INDIRA ROJAS

Uno sabe que llegó diciembre cuando la semana se hace más corta, las noches son interminables y los fines de semana son profundamente liberadores. Sobre todo porque salir de la rutina de la oficina, le da a uno la oportunidad de descubrir a la ciudad en sus múltiples manifestaciones, que son además compartidas por quienes la vivimos desde las entrañas.

Hay un músico venezolano que tiene acaparado un día fijo en la agenda de todos los caraqueños, desde hace casi una década. Alfredo Naranjo llega con su timbal al local de Mata de Coco y en ese instante todo el mundo corea en su mente: “Barrabar, los jueves de Barrabar”. Cuando comienza la fiesta, ya no importa que las carteras queden en el patio anterior, que los muebles estén llenos de nicotina y que los tragos a medio servir se queden sin dueño en las mesas. Edgar “Dolor” Quijada hace entrada y su potente voz, traída directamente desde la parroquia 23 de Enero, alivia las penas de los asistentes, que entre doble paso y doble trago socializan y sonríen en un gusto común: el Caribe.

No importa si los que llenan la pista sudan en su metro cuadrado de felicidad, o no saben bailar en sincronía con la música. Para quienes quieren “tirar físico”, Barrabar –en jueves– es el lugar. Es un localcito underground súper céntrico, que tiene entrada libre para las chicas (y casi libre para caballeros, apenas 20 bolívares) y en el que, además, en zapato de goma se puede gozar. Los grandes bailarines de salsa académica (casino o puertorriqueña) que no quieren someterse a la inseguridad y lejanía de Patatu’s Latino, en Macaracuay; El Maní es Así, en Sabana Grande y el antiguo Latino’s en el centro comercial Los Chaguaramos, van clandestinos a este lugar a practicar vueltas y a dejarse llevar.

Antes la gente iba a la vodketería a escuchar electrónica, sentarse en unas sillas de patas muy altas y reclinatorios angostos, pero de un tiempo para acá ese mismo público se desinhibe entre distintos tipos de géneros latinos que se fusionan en una noche que sirve para conectarse con los gustos de todos los que habitamos este lugar del país que es trópico a la vez que inseguridad. La danza es todo esto. La danza es noche, contacto y ciudad.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 11 de diciembre de 2012

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