Sobre mi experiencia en Choroní este fin de semana (con sus burriquitas y tambores)

El tambor de Choroní

“Préstame tu burra pa’ ir pa’ Choroní /
si esa burra es buena /
yo vuelvo a venir (…)
Burra, ¿tú no quieres ir a Choroní? /
Y ella alza el hocico /
y dice que sí…”

No conozco el Choroní del tambor. Mi mente no había hecho click entre esa canción tan famosa de Un Solo Pueblo y el malecón.

Tengo dos años viajando periódicamente al pueblo de Aragua por un proyecto de crónicas que se llama “Rostros de Choroní” y que impulsa la Revista Marcapasos. Liza, Yndira y Leoncio, cronistas con los que camino esas calles, me cuentan que cuando iban al malecón hace 10 años la rumba era distinta. Seducían al turista con los tambores, con la fiesta de la guarapita hasta el amanecer. Bailaban negros, blancos, extranjeros, mochileros. Ahora, eso se ha disipado un poco. La última vez que visité el pueblo con mi familia, había muchas motos recorriendo la zona y un grupo de mochileros con una guitarra, que pasaban la gorra para poder seguir la ruta latinoamericana.

En honor a esos tiempos que todavía se ven en las fiestas patronales, Yndira escribió sobre María Nuitter, la encargada de darle vida a la burriquita y quien se encarga de enseñarles el baile a los más pequeños. El sábado, cuando inauguramos la segunda exposición de “Rostros de Choroní”, dos de sus alumnas nos acompañaron para agasajar a los invitados. Fue ahí cuando las canciones de Un Solo Pueblo realmente tomaron vida: ellas bailaban al son del tambor, coreaban las canciones, aplaudían. Era su homenaje a Miguel Bolívar, el parrandero mayor, quien falleció unos meses después de hacerle la entrevista y a quien va dedicada la muestra de textos e imágenes.

En el acto, y mientras los tambores no nos dejaban los hombros tranquilos, Leoncio nos presentó a Gonzalo “Tiburón” Cobos, un negro imponente que sonríe y desborda. Él toca el cumaco y las macuayas para la Cruz de Mayo, las fiestas de San Juan, de Santa Clara y algunos fines de semana en el Malecón y fiestas privadas. Nadie se imagina que es el protagonista de los comerciales de Bon-Ice, Cantv y Regional Draft. Es un enamorado del tambor, como dice Leoncio en su texto. Y es, definitivamente, quien retrata la rumba del pueblo a través de su danza: “Somos negros afrodisíacos”, asegura.

Ahí hay burriquitas y tambor. También pescado, hielo y licor. La Santísima Trinidad de Choroní, como dijo Ileana en su crónica sobre El Gallo, el mandamás del lugar, el comerciante, el del negocio. Un pueblo que tiene en su playa los momentos más emotivos de nuestra cortísima carrera como escritores de crónicas y bailadores de tambores a la orilla de la playa.

Texto publicado en el diario 2001 el martes 04 de diciembre de 2012

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