Mi apreciación sobre #PanPaTim de Primate, Percusión Teatral

Los sonidos de la urbanidad

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La primera vez que Pan pa’ Tim se presentó en el Celarg, fue en 2007. Para entonces tenían programas de mano hechos con papel de reciclaje y la sala estaba decorada con botellones plásticos y otros elementos de la urbanidad caraqueña con los que se pudieran hacer sonidos. También, en esa función gratuita para el público, contaron con la participación de Marilú García, quien ahora es una solista emblemática de las telas y el circo en todos los espectáculos al aire libre que se hacen en la ciudad.

Ese día, el show contó la historia de Tim, un chico rubio, alto y de pinchos en el cabello que, buscando maneras de ganarse la vida, descubre en él un talento especial que hace de cualquier implemento, un instrumento musical. Luego de cuatro años y un sinfín de presentaciones dentro y fuera del país, el concepto se transformó y agregaron al nombre el sufijo “2.0”.

El concepto del espectáculo devino en cuatro actos distintos, por clasificarlos de alguna manera, que no tienen mucha conexión entre sí: hay un inicio en una oficina, donde a Tim lo despiden. Luego, buscando trabajo en los clasificados de un periódico, llega a un restaurant de comida cantonesa. Hasta ahí se entiende la línea discursiva. Pero más tarde, los artistas visten bragas de neón y caen de la tramoya unos envases plásticos con los que hacen música; un sueño que tiene Tim con una chica vestida de blanco donde se proyectan, encima del vestido, imágenes de películas en blanco y negro y un bailarín de danza contemporánea que tiene una máscara como en los bailes de los años veinte. Aquiles Báez con afro y guitarra aparece en medio de la escena para tocar un solo (los otros días los invitados especiales fueron Guillermo Carrasco y César Muñoz). Al final, unos barriles meramente urbanos despiden el show con una descarga interesante de canciones, baile y música desde los nuevos instrumentos.

El lenguaje que emplean los actores en el “texto” no es español, pero de a ratos sueltan algunas palabras que asoman cierta queja a las leyes, a la institución, y otras que eluden a ciertos referentes musicales como el pasodoble, el pajarillo, etc. Utilizan música de instrumentos convencionales como un teclado, el cajón y un bajo, que enriquecen la puesta en escena. En definitiva, Pan pa’ Tim podría ser un excelente espectáculo de percusión urbana-teatral si definieran su target (nos es conveniente presentar shows infantiles-juveniles en horario adulto) y si separara cada uno de los cuadros y los explotara con un discurso lineal que realmente se entendiera. Hana Kobayashi es el alma del espectáculo con su impecable voz y Roberto Castillo, en el papel de Tim, director y productor, como músico sobresaliente.

 Texto publicado en la sección Teatro al día de http://www.vayaalteatro.com

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