Hijos del viento, montaje de egreso de @Uneartes, dirigido por @Miguel_Issa

Pertenecer al aire

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“Las entradas están agotadas, pero póngase por ahí”, me dice la chica de la taquilla de Unearte. Yo le hago caso, aunque me siento coleada. Detrás de mí se colocan los que, probablemente después de comprar su entrada, se fueron a dar una vuelta por la Plaza Los Museos antes de entrar a la función. Yo tengo mi discurso en mente: “Por favor, déjenme pasar que quiero escribir sobre esto”. Es tarde y ya no me da tiempo de entrar a otra función en caso de que me reboten. Pero no. Empiezan a dar sala a las 6:10 pm y no piden boletos, ni se fijan en que yo no tengo programa de mano. Más bien, cuando me acerco a solicitarlo, me dicen que ya no hay, como con flojera, como para no buscarlo. Solo me piden, al entrar, que apague el celular. No solo hago caso, sino que lo escondo, no vaya a ser que me roben por segunda vez un teléfono en esa sala durante una función. Desde entonces voy preparada.

Es raro, aunque gratificante, ver la sala Anna Julia Rojas con tan pocas sillas vacías. A lo sumo 10. Hay niños que hablan, jóvenes incrédulos, amigos de los recién egresados de Teatro en la universidad. Esta vez, el remontaje de Hijos del viento ha acaparado toda la atención del público. La primera sorpresa es que el espectáculo invita a incluirnos porque tenemos en el espaldar un suéter que combina con el frío de los viajeros. La escenografía impecable da cuenta del trabajo de los chicos que estudiaron diseño, producción, artes plásticas y visuales. Los actores cargan maletas, globos, máscaras. Forman parte de un circo que ejecutan con su danza-teatro, son unos personajes de frente y otros de espaldas. Sus caracteres se mueven de acuerdo a esos aires de cambio que suceden de tanto en tanto y que los hace actuar distinto, repreguntarse, conocerse mejor en nuevas atmósferas.

¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? Las eternas preguntas…

Los versos de Aquiles Nazoa, Gianmaria Testa, Antonio Aliberti, Antonia Palacios, entre otros, fueron las transiciones de este camino. No era una historia, simplemente retazos de la realidad con una estética realmente cuidada por Miguel Issa. Los actores continuaron su viaje y se convirtieron en “Hijos del viento”. Los espectadores, con sus ganas de seguirlos, salieron por las mismas puertas queriendo dibujar con tiza el mapa de su propio andar.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 30 de octubre de 2012, y en la sección “Teatro al día” de http://www.vayaalteatro.com

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