En Venezuela bailamos “Al son que nos toquen”. Hoy en @2001OnLine

Al son que nos toquen

Al son que nos toquen
El Festival Viva Nebrada es una de las plataformas intermitentes en las que la danza contemporánea ha logrado presentarse en los cinco municipios de Caracas, a la vez. FOTO: MANUEL SARDÁ

“Al son que nos toquen” es el nombre de la tesis que entregué justamente hace un año, en la Universidad Católica Andrés Bello, como último requisito para optar por el título de Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Se trata de un reportaje interpretativo sobre la improvisación como alternativa a la crisis estructural de la danza contemporánea en Venezuela, contada a través de sus protagonistas, en el que profundicé sobre la línea de investigación que quisiera seguir trabajando en los próximos años.

La danza contemporánea es una disciplina artística que llegó a Venezuela de la mano del mexicano Grishka Holguín en los años 40. Desde entonces ha contado con un grupo de herederos que ha sumado esfuerzos por profesionalizarla y conseguir, a través de los distintos estilos que ofrece, un medio de expresión.

Los avatares sociopolíticos y económicos que ha enfrentado el país en su era democrática han hecho que la danza contemporánea sufra los embates de unas políticas públicas que no la han favorecido. Es por eso que estos hacedores de la penumbra, siempre en tamaño minúsculo, buscan consolidarse en los escenarios venezolanos aún sin plataformas reales que promuevan el talento nacional y favorezcan el intercambio con otros creadores internacionales. Cada uno, desde su concepción más terrenal, cree que es posible impulsar el movimiento y luchan por ello cada día.

Venezuela es un país improvisado que se ha ido construyendo con la creatividad de sus hacedores. Todos los entrevistados coinciden en que necesitan un mecenas que los apoye económicamente o alguien que, emulando al Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, pueda realizar un proyecto de tal magnitud para que la danza sea reconocida por todos los ciudadanos como una disciplina “nuestra”. Entretanto, los bailarines creen que la única manera de salir adelante, es seguir haciendo. Ellos están dispuestos a moverse siempre que la inquietud sea la inspiración. Como dice Julie Barnsley: “En una democracia espiritual lo único que vale son las múltiples formas de expresarse en el arte”.

Los procesos personales de cada bailarín inevitablemente van de la mano con un contexto país que si bien no les abre grandes puertas, les hace improvisar una manera de conseguir lo que buscan: expresarse. Mientras cada uno sienta que la danza es su vida, ellos seguirán abriendo brechas, buscando caminos, dejando que la disciplina no muera. Seguirán acostumbrándose, sin saberlo, y buscando el pretexto para seguir moviéndose. Para seguir bailando al son que les toquen.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 25 de septiembre de 2012

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s