Mi reseña sobre El Flautista de Hamelin en el Palacio de Bellas Artes de México, DF

Cultura, Danza, Música Académica

Ballet después del colegio

El flautista de Hamelin ofreció dos funciones a casa llena en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México FOTO: CORTESÍA

Probablemente, la mayoría de los lectores coincida en que “El flautista de Hamelin” es un cuento para niños. Sin embargo, como casi todos los cuentos infantiles que han trascendido el imaginario colectivo, este en realidad es un cuento de horror. Su origen está en una antigua leyenda folklórica que fue documentada por los hermanos Grimm, autores de otros cuentos igualmente siniestros. En junio de 1284, según sus cálculos, el pueblo alemán de Hamelin sufría una infestación de ratas. Hasta allá llegó un individuo que dijo tener la solución al problema y ofreció librar al pueblo de los animalitos a cambio de un buen pago. El tipo saco su flauta y se puso a tocar. Las ratas, embelesadas, lo siguieron y él las condujo hasta el río Weser, donde se ahogaron. El alcalde renegó entonces de su promesa y le pagó una miseria al flautista. El protagonista de la historia se fue, pero a los pocos días volvió a tocar su instrumento embrujando a todos los niños del pueblo, a los que llevó a una caverna, de donde jamás volvieron a salir. La versión light de la leyenda dice que el flautista devolvió a los niños solo después de que el alcalde pagó al flautista varias veces el precio estipulado originalmente por su labor de exterminador musical. Ese es el caso del final de la historia que escenificó el Ballet de Cámara del Estado de Morelos, en el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México.

El flautista Miguel Ángel Villanueva encargó –en 2006– al compositor Eduardo Angulo una obra para flauta y orquesta de cámara sobre el tema del cuento, con la intención específica de que fuera bailada. Además, encargó que el alcalde de Hamelin fuera, al mismo tiempo, la rata mayor. Y, en esta versión, es el pueblo el que echa al río a este personaje. Tiempo después del estreno en concierto de la obra, el autor decidió que era muy triste que el pueblo se quedara sin niños, así que compuso un segundo acto. En esta parte el alcalde recapacita y se arrepiente, habla con el flautista, le paga sus honorarios y este devuelve sanos a todos los niños de Hamelin.

La del martes pasado fue la primera función completa. La mayoría de los asistentes eran niños aún con sus uniformes escolares. Esta versión es parte del tercer volumen de la serie discográfica “Realismo Mágico”, en la que algunos movimientos están designados con el término “allegro roedoso”. Esto no es un error: Eduardo Angulo decidió llamar así a esta peculiar música compuesta para que las ratas bailen.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 18 de septiembre de 2012

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