Reducto del movimiento. Mi reseña sobre Carlos Paolillo como Premio Nacional de Danza 2012

Reducto del movimiento

2001
Carlos Paolillo recibirá el Premio Nacional de la Cultura en el renglón Danza este 31 de agosto en la sala Juana Sujo de la Casa del Artista

La Plaza los Museos de Bellas Artes no escatima en sorpresas. Hay un montón de hippies sentados alrededor que soplan burbujas y hablan de sus cabellos teñidos de colores. Hay un señor en la esquina que siempre vende cotufas. Otro que se sienta al lado con una manta de terciopelo y hace pensar a los transeúntes en cómo desarmar uno de “los rompecocos” que vende. Hay más que ofrecen pulseritas, zarcillos, películas del Cirque Du Soleil, revistas, raspaítos, bolsos. Ahora, los más elitistas hasta pueden tomarse un vino en el Paseo del Buen Vivir y ver conciertos que organizan ahí mismo, en Los Caobos. Y el visitante que camina por ese pasadizo cual extranjero, también suele toparse con grupos de estudiantes universitarios de teatro, circo, música y danza. Sí, también de danza.

Una de las mayores alegrías para el país debería ser encontrarse con un reducto de jóvenes que aún tienen la meta de convertirse en artistas profesionales. Sobre todo para una nación que no destina casi nada de su presupuesto a tal fin. Sin embargo, hay gestores culturales como Carlos Paolillo que han trabajado incansablemente por profesionalizar esta disciplina. Gracias a su dedicación, el Instituto Universitario de Danza abrió sus puertas en 1998, posterior al Instituto Superior de Danza y hasta que se formó la Universidad Nacional Experimental de Las Artes, donde ahora tiene el cargo de director del Centro de Documentación y Biblioteca, además de docente.

Paolillo también ha trabajado desde el ámbito estatal. Fue director de danza del Conac en tiempos de Caldera II. Y también es periodista. Tiene una columna de crítica de danza que ha mantenido desde 1981 en periódicos como El Universal y El Nacional. Es autor de una biografía sobre Vicente Nebrada y además es creador del Festival de Jóvenes Coreógrafos, con 28 años ininterrumpidos celebrándose. Un festival de tanta trayectoria debería tener subsedes, vallas en la autopista (o al menos pendones) e invitados internacionales de renombre. Pero más bien han mermado el presupuesto, la convocatoria y los programas. Sin embargo, se mantiene.

Seguramente ese hombre delgado, que siempre utiliza suéter y un bolso cruzado, debe estar pensando en sus nuevos pasos. A los incansables hay que reconocerlos en vida, para estimularlos a seguir en su acto creador. Y en eso, la comisión que escogió a Carlos Paolillo como Premio Nacional de Danza 2012, tuvo un acierto.

Texto publicado en el diario 2001, el martes 14 de agosto de 2012

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