OrfeoDramaRemix de Dramo, dirigido por @LeysonPonce

Mitológico

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Ver a Dramo en acción es, seguramente, presenciar a una de las agrupaciones más solidas en el mundo de la danza contemporánea en Venezuela. Leyson Ponce, su director, creó esta compañía independiente (cuyo nombre es la contracción de “Dramaturgia del Movimiento”) en un momento en el que no existían más grupos de danza formales que trabajaran sin un subsidio del Estado y sin pago para los bailarines. Fue una nueva manera de concebir no solo la danza con la conjunción de otras artes escénicas dentro de sus espectáculos, sino los proyectos y la técnica, de acuerdo a lo que ellos querían desarrollar. Quizá fue una inspiración de inicio de los años noventa para los tiempos que vendrían después.

Desde el miércoles y hasta el domingo se presentó en la sala Anna Julia Rojas de Unearte  –que es casi el único lugar donde hay funciones constantes de danza contemporánea en Caracas– la pieza “Orfeo Drama Remix”. El espectáculo cuenta la historia de Orfeo y Eurídice, a quienes los separa el río de la muerte. Dramo logró condensar toda una historia mitológica en 50 minutos, y se vale de un cuerpo de bailarines que recuerdan a los dioses griegos: de tez blanca, fornidos, que buscan la perfección en sus movimientos. Sí, hay ciertas cargadas que sorprenden al espectador, hay fluidez, pero sobre todo hay igualdad en cada decisión que toman en el escenario. Es un trabajo grupal, de exploración del cuerpo, que les permitió acercar a la danza ese concepto de remix en el que se alteran algunos sonidos para convertir una pieza en música “bailable” y, a través de estructuras corporales, acentuar eso que la agrupación interpreta como “bailable”.

Dramo presentó un espectáculo casi didáctico. Al inicio, una pantalla que explicaba lo que el espectador no suele leer en el programa de mano: la historia de los protagonistas y porqué estaban separados. Luego, la escenografía iba moviéndose a medida que transcurría la historia, algunas líneas de texto y los vestuarios acentuaban la calidad de los movimientos. Fue una producción redonda, visualmente muy bonita y completa. Como para que los 386 asientos de la Anna Julia estuvieran llenos de gente aplaudiendo. No las –a lo sumo- 20 que el viernes presenciamos un remontaje valioso para las artes escénicas del país.

Texto publicado en el diario 2001

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