Reseña de La Farra, obra de Rodolfo Santana que se presenta en @TSMCaracas

El bar de los asesinatos

Teatro San Martín de CaracasUna estética decadente adorna el lugar. En el camino a la butaca, que ya no es sala de teatro porque se ha convertido en otro tipo de sitio oscuro, se encuentran una rockola, tres parabanes, pedazos de telas vinotinto que cuelgan de ahí y unas velas que terminan de hacer un ambiente intimista. Por supuesto, copas de vino y otros tipos de bebidas. Los que están ahí, son tres personajes que se desdoblan en otros tres para producir tres asesinatos. René Dal Farra, Alberto Cairós y Gilberto Rolo se convierten en Bongo, Pongo y Mongo, tres asiduos a un bar “de mala muerte” que dejan abiertas las puertas a quienes quieran observar los secretos de los símbolos de poder más importantes en una sociedad: el religioso, el legislativo y el militar.

La farra es un texto de Rodolfo Santana que se estrenó en el año 1972, momento en el que logró el Premio Juana Sujo a la mejor obra del año. Luego participó en el Festival Internacional de Teatro de Nancy, en Francia y fue publicada por la Universidad de Carabobo, la editorial Patria y el grupo El Enko, en Argentina. Para esta ocasión es dirigido por David Villegas en la sala Textoteatro del Teatro San Martín de Caracas. El contenido de la obra tiene que ver con famosos crímenes ocurridos en la Venezuela de los años sesenta y el trasfondo de la puesta en escena demuestra lo que son capaces de hacer estas cúpulas de poder a propósito de la manipulación y la inocencia con la que parecieran actuar.

Bongo es un sacerdote que viste una túnica gris oscura y a la vez hace de esposa del general Pongo. Este último es un militar que se desvive por tener más medallas de reconocimiento, de las que en verdad aguanta su uniforme lavado. Dice que son cuatrocientas, pero él va por más. Este personaje, a su vez, interpreta a un monaguillo durante el asesinato a una monja y de detective, para investigar los hechos de otro de los occisos. Mongo es el político, el senador. También hace las veces de hermana de Bongo, de Manzobispo (parece un Papa) y luego como presidente, con una banda que le cruza el pecho.

Una de las más curiosas escenas de este montaje de La farra es cuando pasean por el escenario a una virgen hecha con material de desecho, como portátil, como colocada en un altar que pasea de casa en casa y van poniéndole armas de fuego encima. Incluso la propia imagen es una bomba de tiempo. Pareciera una obra de arte de Nelson Garrido o alguno de esos artistas sangrientos de la contemporaneidad venezolana. Mongo sabe que viven a un paso de la muerte, que sus actos están siendo estudiados y que la historia castiga con sus juicios de valor. Él sentencia al final: “Todas las jornadas poseen un héroe. La de mañana me pertenece”.

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Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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