Petroleros Suicidas, de Ibsen Martínez

Artes Escénicas, Cultura

El veneno venezolano

Grupo Actoral 80

La pareja central de la historia no es suicida, pero es protagonista de homicidios y extorsiones FOTO: NICOLA ROCCO

Tal vez el Grupo Actoral 80 sea una de las agrupaciones más sólidas de la escena contemporánea venezolana. Solo en 2011 logró presentar seis producciones: Acto cultural, Gorda, Excusas, Confesiones de mujeres de 30, Baraka y Petroleros suicidas. Esta última representó el regreso a las tablas de la ahora política y madre Fabiola Colmenares, junto con el primer actor Iván Tamayo, Dimas González y Luis Abreu.

El texto de Ibsen Martínez, quien también volvió a la palestra pública con la pieza protagonizada por Franklin Virgüez Como vaya viniendo, está enmarcado en el paro petrolero de 2002 –con escenas que se remontan a 1997– y el despido masivo por parte del gobierno de Hugo Chávez en los meses posteriores. El autor, tajante y asertivo, refiere con ironía, chistes y crítica una crisis interna que vive la empresa petrolera de la que dependen todos los ciudadanos de un país y de la que desconocen: una ola de suicidios que hubo en tal época.

Una pareja de ex trabajadores de PDVSA se reencuentran luego de años de separados, en el aeropuerto de Nueva York, y ahí recuerdan cómo llegaron hasta su situación actual. Natalia Vózniak (Colmenares) es especialista en Impacto Ambiental y mantiene una relación extramarital con un alto directivo de PDVSA; Cayetano Espinosa (Tamayo), es un ingeniero de yacimientos que, de vivir en Prados de María, escaló posiciones hasta la División de Inteligencia de Mercados. Espinosa se encuentra con Mayimbe (González), en medio de un asesinato que lo convertirá en el extorsionista de quien fuera su amigo de la infancia. Cayetano opta por mandar a matar a Mayimbe –el negociante es Abreu, con un papel mínimo que podría solucionarse escénicamente sin la intervención de otro actor–, pero los sicarios fallan en el intento.

La dirección de Petroleros suicidas se resuelve de manera sencilla: cuatro actores sentados hasta que a cada uno le corresponda intervenir, canciones de Rubén Blades y otros clásicos de la salsa que aludan al momento del que se habla –y al acontecer en la vida de Cayetano–, grandes estructuras de metal que contienen carpetas con archivos de la petrolera, pero que también sirven de repisa de apartamento y peinadora; una mesa que, en primer plano, hace las veces de urna (imagen difícil de borrar), luego de barra en una taguara, luego de bar del apartamento donde viven los esposos.

Al final, los empresarios terminan fuera del país y Mayimbe en las altas esferas de la empresa. En cualquier caso, la reflexión de Petroleros suicidas se presenta de cara a la historia de la sociedad venezolana y quién es el ciudadano dentro de un país con riquezas petrolera, en el que sus habitantes nunca han visto o palpado un chorrito del oro negro, como declaró Héctor Manrique, el director de la obra. Existe un petro-Estado, pero no se sabe qué representa. Natalia Vózniak intenta descifrarlo con una reflexión antes del blackout final: “¿Por qué será que el petróleo envenena?”.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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