Diógenes y las camisas voladoras

Artes Escénicas, Cultura

La tragedia del candidato que representó la esperanza

Javier Vidal

Javier Vidal editó el libro de la pieza teatral con prólogo de Simón Alberto Consalvi FOTO: CORTESÍA TRASNOCHO CULTURAL

Diógenes y las camisas voladoras cumple con los requisitos de una buena dramaturgia y dirección: investigación e imaginación. Javier Vidal es el autor de una pieza en la que él mismo interpreta en el rol de protagonista, junto con un resuelto José Miguel Dao y un inexperto Jan Vidal. Al espectador lo mantienen en pre-aviso: la obra es la recreación de un suceso que ocurrió en septiembre de 1945, anuncia la sinopsis, cuando los caudillos andinos estaban al poder y Venezuela tenía la esperanza en un candidato que se volvió loco. Estando Isaías Medina Angarita al mando, esperando al embajador Diógenes Escalante para desayunar, el personaje demuestra insania mental a su secretario Hugo Orozco y a su asesor político, Ramón J. Velázquez. De ahí en adelante, comienza el teatro de no ficción que no pretende convertirse en una lección de historia.

La dirección de Moisés Guevara está dibujada con trazos muy marcados. En la suite presidencial del Hotel Ávila, donde se desarrolla la historia, se encuentran los tres personajes, un escritorio que asemeja el estudio y una gigantografía del pulmón vegetal, al mejor estilo de Cabré, que oxigena todo el ambiente. Ahí, en ese lugar de reuniones, Escalante –en medio de conversaciones con cambios de idioma y demostraciones de cultura general– le propone al periodista de Últimas Noticias dejar su trabajo por una suma de dinero exorbitante a cambio de ser su asesor político. Él mismo es quien, luego de atestiguar que Escalante se imaginó a sus camisas volando por la ventana, se formula preguntas en torno a su futuro laboral y del país, en caso de que este gane las elecciones: ¿Cuánto tiempo podrían ocultar la locura de una figura tan pública? Piensa mientras lo ve vestido a medias, sin la camisa o sin el pantalón, listo para encontrarse con Rómulo Gallegos, Betancourt o Medina. “¿Se imaginan a un loco en Miraflores?” le pregunta al público en medio del asombro.

Para la escritura del texto se utilizaron referencias de los libros: Amores de última página, de Oscar Yánes; los trabajos de Maye Primera Garcés en la Biblioteca Biográfica Venezolana; la novela de no ficción El Pasajero de Truman, de Francisco Suniaga; el ensayo Cinco sucesos que cambiaron la historia, de Rafael Simón Jiménez; 1945 y la otra mitad del siglo XX, de Simón Alberto Consalvi y las reseñas hemerográficas de agosto y septiembre de 1945 de Últimas Noticias, El Nacional, El Universal, La Esfera, Ahora y la revista Élite.

Al final, son los mismos cómplices de la realidad de Diógenes Escalante quienes deciden condenarlo al olvido. Cierran corriendo el telón de una sala repleta de espectadores aún en el último día de funciones, cinco meses después del estreno. Una vez más, Javier Vidal se lleva todos los aplausos. Su familia, sentada en una de las últimas filas del primer descanso, lo aplaude y llora con la tragedia del personaje. Vidal se consagra, si es que ya no pasó, como uno de los actores más honestos que tiene el país.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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