Segunda temporada de En blanco, con Alejandra Otero

La espera de una chica que está En blanco

Alejandra Otero encarna a Mini Monet, la hija de una pintora que, desde el maletero-taller de la casa de su mamá, narra las desilusiones que ha sufrido con los hombres en apenas 27 años de vida

En blanco
Si Alejandra Otero opta por la actuación en el fin de esa "crisis vocacional" por la que ella dice atraviesa, de seguro tendrá un futuro prometedor FOTO: CORTESÍA

Pues sí, “El chamo que no trajo la factura” lo hizo muy bien. Colocó cuadros, maletas, hasta un maniquí con un vestido de novia en una esquina del escenario íntimo que permite sentirse como en el maletero de una casa que también es taller de arte. Este “chamo” propuso que hubiese tres cubos blancos con las siluetas de los hombres más importantes en la vida de Mini Monet, la chica que cuenta su historia en ese lugar, la casa de su mamá, muy cerca del público. Entre uno y otro, una luz roja. Como conectando situaciones y escenas que entrelazaran las vivencias de la protagonista con el sexo opuesto. Dispuso también una mesa de noche con utilería menor que representara a cualquiera de la docena de personajes que aparecen como espíritus durante la narración: máscaras, agujas de tejer, lentes, o simplemente luz. También hay una máquina de escribir, cigarrillos, una chelista que con su partitura hace más dinámico el relato –ya de por sí bastante ocurrente– y, por supuesto, lienzos. Algo que en un taller sobra, al igual que las pinturas en el caballete.

“El chamo que no trajo la factura” es el resultado de la dupla Ignacio Castillo Cottin + Alejandra Otero, pero así firman en el programa de mano, en el apartado “Diseño de escenografía e iluminación”. Escritor/director y actriz del monólogo En blanco, pieza teatral con toques de humor que presenta su segunda temporada en la nueva sala experimental de Corp Banca Centro Cultural. Mini Monet es un personaje que sabe que quiere casarse, pero no encuentra cómo, con quién, ni a quién decirle. Tiene 27 años y está vestida con un traje negro, diseñado por María Fernanda Pulgar, con el que quizá la hija de una pintora se identifique en sus frustraciones amorosas. Es una chica normal que siente y padece los misterios del amor juvenil, la espera del príncipe azul que no termina de llegar, las traición de su mejor amiga que es más abierta sexualmente que ella –y que con ese pretexto le tumba al prospecto, “sin darse cuenta”– y el tener que besar muchos sapos para finalmente retornar al inicio, después de un divorcio y muchas citas aburridas y suegras insoportables: al que estuvo a su lado siempre y le regaló, con el tráfico caraqueño de paisaje, una hoja en blanco para que ella siguiera dibujando su historia de amor perfecta, al menos en este nuevo inicio.

Todos los personajes que aparecen en la narración los encarna Alejandra Otero con voces y ritmos distintos, entonaciones y caracteres propios de cada uno en muy poco tiempo de transición. Es un esfuerzo admirable, aunque la misma rapidez hace que un espectador no muy hábil se pierda en el intento, aunque luego vuelva a agarrar el hilo. El guión sorprende porque se trata de un humor no tan accesible a todo tipo de público. Hay que confesarlo: para disfrutar plenamente de En blanco, el espectador debería saber qué es el arte impresionista, quiénes fueron Goya, Pollock, Manet y, sobre todo, Monet –el sobrenombre de la chica. Sino, de seguro que no sabrá porqué Mini Monet, en su espera, cree que el hombre de su vida se llama Godot.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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