Amén, de Carlos Be, por Teatro Forte

Por un mundo con más sacerdotes: Amén

La petición, repetida centenares de veces en la celebración eucarística de los domingos en la iglesia católica, es una paráfrasis del final de la obra protagonizada por Fedora Freites, Yuruby Soto, Elvis Chaveinte y Paul Gámez

Teatro Forte
Amén se plantea escenarios cotidianos en los que los homosexuales son despojados de sus derechos naturales FOTO: ADÁN ZÁRATE

Hay un punto en el que el teatro y el periodismo se encuentran. Incluso la historia. Y Amén, la más reciente obra del español Carlos Be, es una muestra de ello. En la puesta en escena de Vladimir Vera, primer director que monta la pieza, se decidió utilizar en video artículos de la constitución venezolana, estadísticas, notas de prensa, definiciones discriminatorias en el diccionario e incluso noticias internacionales transmitidas por televisión en la que los derechos humanos son violados. Sobre todo, los derechos que deberían tener los homosexuales a casarse con alguien de su mismo sexo.

Una pareja lésbica comienza a tocarse mientras los otros dos hombres, al lado contrario de la sala, describen situaciones discriminatorias o pervertidas de la iglesia católica, vestidos con unas túnicas que tapan sus faldas. Cuando hablan las mujeres, los otros dos cambian de posiciones. Y así sucesivamente. Hay dúos y tríos sexuales, incluso un semi desnudo. El montaje está lleno de ese tipo excesos. Y, como sucede generalmente en las propuestas de Vera, se deja ver lo más oscuro de los instintos humanos. La iluminación es tenue, el vestuario es un símbolo que une a todos los actores: traje a rayas, cadenas y medias panty. No es una muestra sadomasoquista del kamasutra gay. Más bien es un elemento “comercial” que tiende a distraer al espectador del texto que pronuncia la otra pareja en la esquina contraria de la sala.

La sociedad discriminatoria se observa en varios escenarios: los reporteros que van a cubrir una marcha en defensa de los derechos de los homosexuales, sin que los entrevistados puedan hablar como quieran del tema frente a cámaras o los especialistas de un talk show que no se dan la tarea de contestar las preguntas retadoras de la audiencia. Desde luego que la puesta en escena es trasgresora. Más allá del sexo, las condiciones morales en las que viven los más desprotegidos son el juguete de los que cuentan con más poder. Una vez más, la ley del más hábil. Una vez más, la esperanza de que las cosas cambien, sin que eso pueda llegar a suceder.

Los más religiosos, puede que se inclinen a pensar en la reflexión final de los hombres que vuelven a ponerse sus túnicas y a esconder el rosario detrás de sus faldas: ¿qué sería de los sacerdotes si la gente no siguiera pecando? Necesitan ocultar las infracciones del pueblo, para que ellos puedan seguir contando con la fe del creyente; para que puedan seguir teniendo trabajo.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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