Paria, de Teatro La Bacante

El acorde producido a tiempo

El Celarg presentó la segunda temporada de Paria, texto basado en los aforismos del libro De lágrimas y de santos de Emile Cioran

Canto no marcial
Solo los que tienen el don del arte pueden escuchar el canto no marcial, aun cuando Paria ya no esté FOTO: Arnaldo Utrera

Un montón de rayas opacas traspasan la escenografía, el vestuario y se extienden hasta casi tocar al espectador. En una mística coreografía, seis personajes enmascarados entonan unos versos al ritmo del tap, el mismo que determinará los movimientos en todo el montaje. Sin saber de espacio y tiempo, cada uno se vuelve dueño de su acto de circo. El embrujo gitano, el forzudo y sus cadenas, el mimo que a la vez es mago y el domador con el látigo. La carpa en medio de la ciudad es el lugar en el que se va envolviendo el público. Pero se escucha, a lo lejos, una acordeonista que entre sorbos de alcohol derrocha un don especial.

Paria es el nombre del personaje que, más que clamar por derechos, sigue entonando las notas que le provocan, sin escuchar a los demás. Piensa que los artistas merecen un lugar menos discriminado y que el talento debe ser demostrado. Está trajeada al mejor estilo de Napoleón Bonaparte y lo único que resalta, en medio de toda la nada sepia, es su acordeón rojo. Almitamía, su compañera de número, es una bailarina inocente, con dificultades motoras, que cree en la bondad de quienes están a su lado.

La trama se complica cuando Paria muere por una bala y, aún así, se escucha el canto no marcial en cada esquina. La seguridad del lugar busca callarla, las escenas se repiten y cambian de ángulo para que el espectador pueda juzgar por sí mismo sobre los acontecimientos. Sin embargo, los personajes que llegan y se van del circo cada vez son más, con actos distintos, con vestuarios irreconocibles y eso dificulta que pueda dejarse de escuchar el sonido especial. Son seres especiales en medio de una sociedad que no los reconoce. Son personajes que tienen una identidad propia que no es valorada. Son talentos que se pierden de vista, pero que el espectador va conociendo y queriendo a medida que se desarrolla la pieza.

Los versos que Paria entona desde lo alto de la carpa son encarnados desde el cuerpo de Diana Peñalver, también directora de la pieza. La acompañan en escena Orlando Paredes, Marco Suniaga, Jericó Montilla, Abel García, Lismar Ramírez y dos Premios Municipales de Teatro 2011 a la Mejor Producción y Mejor Iluminación. Los zapatos de tap y las máscaras hiper-expresivas vuelven a escena en los últimos segundos. El teatro físico de la agrupación La Bacante es determinante para sumergirse a tiempo en los acordes libres de Paria.

Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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