Monstruos en el clóset, ogros bajo la cama de Gustavo Ott

Artes Escénicas, Cultura

Humo y papel

Montruos en el clóset, ogros bajo la cama es una conmovedora pieza de Gustavo Ott que se estrenará este año en tres países para conmemorar el décimo aniversario del atentado contra las Torres Gemelas. A Venezuela le corresponde el estreno mundial, con dirección de Consuelo Trum

Ogros bajo la cama

La pieza teatral mantiene una relación intimista con el espectador FOTO: CORTESÍA REPICO TEATRO

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural lo que se ve al entrar es humo y papel. Se camina sobre muerte, escombros, desechos. Elementos aislados y sobrenaturales. Situaciones inexplicables que hicieron al espectador levantarse aquella mañana del 11 de septiembre de 2001 con el control del televisor en la mano y la incertidumbre a la enésima potencia. Incertidumbre que, diez años más tarde, es escenificada por Valeria Castillo y Lenni Márquez en la voz de las Torres Gemelas humanizadas y algunas de sus víctimas.

Los personajes quieren escapar del dolor y callar el miedo, pero el impacto de dos aviones estrellados contra los edificios más emblemáticos de la cosmopolita Nueva York las obliga a hablar en el rol de la víctima, uno que nunca supieron que existía. La poesía del desastre que narra Gustavo Ott en su texto –clave que el autor ha utilizado para obras como Juanita Claxton– es también el del bombero que muere tapeado en el intento de rescate, a pesar de que era su primer día de trabajo; los desconocidos que deciden saltar juntos por la ventana para evadir la muerte dolorosa y prolongada; la madre desesperada que está viendo la televisión y llama a su hijo por teléfono porque ese día tuvo que trabajar en una de las torres y el padre que intenta ayudar al hijo que viaja en uno de los aviones que utilizaron los terroristas para impactar los edificios.

Son historias humanas y que denotan rabia, desesperación, hundimiento… Todos los sinónimos de la palabra tragedia. Una en la que los súper héroes norteamericanos –en los que tanto creyeron los ciudadanos del mundo a través de las historietas- se dieron un día de descanso e hicieron que la historia del mundo cambiara para siempre. Fue el día en el que el terrorismo demostró que la primera potencia del planeta también podía verse sin fuerzas.

Consuelo Trum trabaja con una simbología en la que sólo dos actrices logran trajearse de grandiosidad y de luto a la vez, de elegancia y de lágrimas. Se convierten en personajes dentro de la escena y en un video que se proyecta para narrar, al final, cómo la vida les cambió con el suceso.

Una rosa amarilla que aparece de los escombros, acompañada de una luz, busca respuestas, anhelos, el cuerpo no hallado. Es lo que quedó mientras las aguas se calmaron: la esperanza de volver a ser lo que una vez logró aquella sociedad. Porque, después de todo, no importó quién estaba haciendo qué el 11 de septiembre de 2001. No importa en qué país estaba el espectador que veía las noticias. Importa el sentimiento conjunto de la población mundial que diez años después recuerda los hechos con homenajes. Por ejemplo, el que México, Estados Unidos y Venezuela realizarán en simultáneo, a partir de agosto, con Monstruos en el clóset, ogros bajo la cama.

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Texto publicado en http://www.vayaalteatro.com

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