Félix Oropeza es un Agente Libre

Félix Oropeza no pertenece a nadie

Agente Libre
El bailarín caraqueño se maneja entre códigos que lo definan como venezolano FOTO: CORTESÍA FÉLIX OROPEZA

Félix Oropeza concibe la danza desde el mismo momento en que se dio cuenta que esa era la manera de interactuar en el barrio donde vivía. De chiquito, en San Agustín del Sur, lo hacían bailar. Como lo hace toda Venezuela. Este tema fue la inspiración de una tesis llamada Espacio libre, de la que ahonda: “Es la concepción de una memoria corporal de Caracas a través del baile, durante 20 años. Entonces, no solamente es el baile tradicional popular urbano o la danza escénica como ballet o contemporáneo, sino cómo nosotros bailamos en la ciudad. En un juego Caracas-Magallanes, en el Metro, bajo la lluvia. Para mí el baile representa algo más que poner una música y moverse. De cómo nosotros nos expresamos como caraqueños o caribeños”.

Oropeza se interesó por los grupos de folklore en el Liceo Andrés Bello, en lugar de ser militar que era su primer deseo. De ahí el recorrido ha sido largo: Amigos del Folklore, los talleres de tradición popular de la Fundación Bigott y el Instituto Nacional del Folklore. También bailó con Un Solo Pueblo, Con Venezuela y el grupo Madera, hasta que conoció a Carlos Orta y entró en Coreoarte.

Antes de partir a Canadá, lugar donde pasó tres años bailando, Félix Oropeza perteneció a Neodanza y Danzahoy. Al llegar del norte y presentar la pieza Nocturno cero en el Festival de Jóvenes Coreógrafos, se ganó el Premio Municipal de Danza. Ahí empezó Agente Libre, la compañía, en 1999. “Yo era un agente libre y me gustó el nombre. Se transformó luego como autonomía, de no creer en nadie, como forma de trabajo”.

Actualmente Oropeza tiene a su cargo una compañía de 10 bailarines a los que ha moldeado con una técnica propia, que se ha desarrollado desde hace 6 años aproximadamente. La agrupación se preocupa por tratar los temas que le atañen al hombre contemporáneo. Su inquietud por la repetición no lineal hace su trabajo más reciente sea Anáfora, una temporada de 4 funciones que se presentó hasta el 3 de julio en Unearte. Este director es uno de los tantos bailarines de danza contemporánea que ha encontrado en la creación un refugio a pesar de las vicisitudes económicas y sociales (no tienen subsidios, ni sede propia) que ha tenido que sortear para seguir haciendo arte en el país.

Texto publicado en http://www.estilobaile.com

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