Lírica, de Gustavo Ott

La poesía se entiende desde el perdón

Lírica, ganadora de tres Premios Municipales de Teatro 2011, se despide del Teatro San Martín de Caracas para mostrar la fuerza integradora del arte en tres festivales internacionales

Gustavo Ott
En Lírica se alinean los conflictos que se traspasan de padres a hijos, a través del arte FOTO: CORTESÍA TSMC

Hubo un día en el que la comunidad de San Martín, en Caracas, vivió un temblor de tierra, como cualquier otro que no trae consecuencias mayores: miedo momentáneo, paralización instantánea, preocupación imprevista. Pero esta vez, en 2006, el temblor –más que de tierra- tenía que ver con la posibilidad de reconciliación entre dos familias que nunca tuvieron relación entre sí hasta que sus hijos estudiaron juntos en el mismo colegio y se dieron cuenta de que uno de esos padres era el que había asesinado al otro.

Lírica es una pieza teatral escrita por Gustavo Ott, que dirige Luis Domingo González en el Teatro San Martín de Caracas. Justo en esa parroquia que fue víctima de estos hechos reales. Hechos que son escenificados en la dirección de la escuela donde estudian los niños. La mayoría de los reclamos de las madres hacia la directora tienen que ver con un resentimiento arraigado por ellas y la incomprensión que expresan en sus limitaciones al comunicarse.

El nombre de la puesta en escena resultaría curioso para aquel que no detalle con creces el contenido del texto. La frase de “el arte lo puede todo” encaja perfecto porque, entre versos, unos niños comparten la ilusión de conquistar a una chica de la escuela. Las brillantes actuaciones de María Brito (La directora), Verónica Arellano (Abril López) y Carolina Torres (Norway González) –en donde Arellano y Torres realizan el papel de las mamás y a su vez el de los hijos contrarios- se traducen en poesía a medida que la hora y media avanza y se recrean las ilusiones de los amigos que no entienden el porqué sus madres quieren separarlos.

Las lágrimas de las madres que leen los versos escritos a cuatro manos por unos niños de nueve años, las hacen caer en cuenta de la unión de dos mundos paralelos que tienen puntos de encuentro a través de las pinceladas que estos chicos esbozaron en sus líneas: la transformación del odio y la venganza en perdón.
Para Ott, Lírica es una metáfora del país reflejada en estas señoras –una de bajos recursos, con vestimenta sencilla, trenzas y pasamontañas: La otra con atuendo conservador y carácter de madre impositora de patrones de conducta- y de la distancia que es capaz de alcanzar a la sociedad si confía en la fuerza de su sensibilidad.

Lírica participará en los festivales de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia; Temporales, en Chile y Don Quijote, en Francia. Esta es la primera obra del proyecto Burgueses, un programa multianual que tiene como objetivo crear vínculos participativos, teatrales y literarios con las zonas aledañas al teatro. Antes de partir al exterior, el montaje obtuvo el Premio Municipal de Teatro en tres categorías: Mejor Director (Luis Domingo González), Mejor Actriz (María Brito) y Mejor Actriz de Reparto (Carolina Torres). Una muestra de que, con poco, se puede hacer mucho.

Texto publicado en www.vayaalteatro.com

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