La improvisación como alternativa a la crisis de la danza en Venezuela

Cuando la alternativa es la improvisación

La danza contemporánea en Venezuela es una mezcla de múltiples tendencias que convergen en la expresión del bailarín en el hecho escénico. El abstraccionismo, las políticas culturales y la apatía del público son algunos de los factores que han hecho que los intérpretes tomen las calles y conquisten nuevos espacios

Rommel Nieves
La compañía 100% Impro se presentará todos los jueves de julio en el ciclo Accionarte al 100% Impro, que combina talento novel y consagrado

El movimiento siempre resulta atractivo. El venezolano se inquieta con el caminar de las mujeres, los espectáculos de calle y la oportunidad de crear sonidos desde la urbanidad. Quienes se dedican a la danza contemporánea en el país, suelen ser víctimas de la improvisación en todos los sentidos. No existe organización en las instituciones públicas, ni interés para otorgar subsidios a las compañías; tampoco el amparo al artista en leyes que les aseguren sustento, ni beneficios sociales. Hay cada vez mayor reducción de lugares para ensayar y presentarse, carencia de escuelas y, sobre todo, una gran apatía de parte del público y del mismo bailarín para promocionar las funciones que presentan. Sin embargo, es esa improvisación la que han aprovechado algunos intérpretes que la desarrollan como técnica, para ofrecerla como una alternativa ante esta crisis estructural.

La improvisación es una tendencia mundial que surgió en los años 60, como una necesidad experimental y de investigación. Tiene una valoración distinta del cuerpo, porque se requiere dotarlo de cierta naturalidad que no es excesivamente formal. Según Carlos Paolillo, periodista y especialista en danza, “el término no quiere decir anarquía, porque se trabaja en el espacio escénico, donde sucede introspección. Hay estructura y coordinación. Es una búsqueda de muchos años que está plenamente vigente”.

Rommel y Rafael Nieves, Pedro Alcalá, Alexana Jiménez, Carmen Ortiz, Rafael Betancourt, Rafael González, Inés Rojas y Ana Chin-A-Loy son algunos de los representantes del movimiento de improvisación en danza contemporánea en Venezuela. Todos se han formado en la academia e, incluso, la mayoría es docente de la Universidad de las Artes. No obstante, esa metodología da la impresión de estar desligada del academicismo y no tener formalidades. “No se trata de un asunto de peleas, sino de perspectivas diferentes. Son nuevas alternativas expresivas que nacieron paralelas al baile hegemónico. No es una reacción, sino la búsqueda de nuevos modelos expresivos”, señaló Paolillo.

Hay quienes están a favor o en contra de que las nuevas generaciones de intérpretes y coreógrafos se avoquen en darle continuidad al movimiento. Armando Díaz es bailarín de la Fundación Compañía Nacional de Danza y director de la agrupación Sieteocho. Desde su perspectiva, la improvisación es una respuesta ante las repentinas programaciones que plantea el Estado. “Aquí todo es improvisado. La falta de ensayo hace que los procesos de investigación de las obras coreográficas sean interrumpidos. Se recurre a ella en todos los sentidos para obtener resultados inmediatos y complacientes”.

Félix Oropeza, profesor de Unearte y fundador de la compañía de danza contemporánea tradicional Agente Libre, opina que los improvisadores rompen los estereotipos por miedo a ellos mismos. “Es un trabajo menos riguroso que las técnicas de formación. Lo puede hacer cualquier tipo de cuerpo, además está de moda y siempre se opone de manera vacua a otras formas de movimientos. Tiene que ver con un tipo de filosofía postmoderna”.

Parte de los estudiantes de las disciplinas artísticas se han preocupado por aprender el oficio de la improvisación. Jiniva Irazábal, estudiante de Teatro en Unearte, es una de ellas. Desde su posición, está segura de que la improvisación es una expresión menos restringida. “Es una respuesta ante la crisis, porque es movimiento libre. Es lo que quieras que sea en el momento que lo desees y dando el mensaje que quieres que sea recibido”.

La función es en la calle. A partir de las políticas públicas del gobierno de Hugo Chávez, la danza se ha vuelto popular. Eso quiere decir que las compañías han tenido que trasladarse del escenario a las aceras, plazas y todo tipo de lugares públicos para compartir los programas culturales con otros tipos de baile menos academizados. El linóleo quedó en otro plano, ahora el soporte es un plotter que otrora sirvió para hacer propaganda política. En los encuentros que realizan las instituciones como  el Instituto de Artes Escénicas y Musicales, la Fundación Compañía Nacional de Danza y Unearte, principalmente se benefician las agrupaciones que tienen filiación con ellas.

La desorganización reina en cada uno de los eventos y eso da como resultado bajo nivel de calidad en las presentaciones. Un ejemplo reciente es el Maratón del Movimiento (que el año pasado se realizó por primera vez y se llamó Caracas Danzada), en el que estaba previsto celebrar el Día Internacional de la Danza con un circuito de tarimas en la avenida Baralt. El encuentro mereció el Premio Municipal de Danza 2009. Este año se planeó con retraso, ya que el Día de la Danza se celebra el 29 de abril y el maratón se promocionó para el 27 de mayo, bajo un doble discurso: la celebración de la fecha y, además, como un regalo a “la Caracas Bicentenaria”. Participarían no solo agrupaciones del IAEM, sino todo aquel que quisiera presentarse. Muchos estilos de baile se congregaron en tres escenarios con tarimas de grandes proporciones. Refrigerios en exceso, credenciales entregadas sin filtros y todo terminó en un aguacero que no dejó que la actividad se llevara a cabo. Dinero perdido. La actividad no se reprogramó.

Rommel Nieves, improvisador de la compañía 100% Impro, asegura que la danza contemporánea es un hecho escénico y está ideado para hacer contacto con el escenario. Es uno de los que siente nostalgia cada vez que tiene la oportunidad de bailar en un teatro. “Hay que mantener las luces, la magia, el espacio y eso no lo maneja todo el mundo. La gente ha asumido la calle desde hace cinco años, pero no porque se prepararon sino porque les tocó”.

Nieves cree que la situación no cambiará al pasar los años. “Cuando lleguen otros políticos, los dancers se quitarán la franela roja y se pondrán la azul. Los bailarines institucionalizados han sido muy inteligentes en guardar su puesto para luego rotarse entre ellos mismos. Su posición ha sido sumisa, pero hay que esperar” afirmó.

Oropeza dice que olvidar el teatro es una posición simplista. “No se trata de reducir la representación escénica porque es importante que todos los espacios tengan una programación que permitan manifestar los discursos artísticos”. Irazábal y Díaz, por su parte, consideran que es agradable hacer de la ciudad un teatro en el que la gente pueda detenerse a observar, sin tener que pagar un boleto. “Nuestra intención es ampliar el concepto de toda una masa. Creo que la razón para bailar en la calle radica fundamentalmente en que la gente no va al teatro por falta de publicidad o interés. Más fácil es bailar en la calle donde transita la gente naturalmente”, aclaró Díaz.

Apatía colectiva. “Se dice que la danza perdió público. Lo que pasa es que también hay que tener en cuenta que el contemporáneo surge de necesidades expresivas de cada bailarín. Cuando suceden procesos de identificación, se puede establecer una conexión”, dijo Paolillo.

Félix Oropeza aseguró que el público venezolano es un espectador mediático fácil. “Está alienado por la cultura de consumo y en general no entiende nada”. Sin embargo, no hay que subestimar al público, señaló Paolillo. “Todos tienen la capacidad de apreciar las artes del siglo XX. Pueden formar parte de la obra, porque existe la posibilidad de terminar de configurarla en una múltiple  dimensión”.

Marilyn Chirinos es asidua espectadora de los espectáculos dancísticos. Señaló a Tránsito Danza Integrativa como una verdadera alternativa ante la crisis de los bailarines que en algún momento se convierten en personas con discapacidad. También cree que los espectadores asumen la danza como un juego, al igual que las personas que perciben el ambiente artístico como alejado de su cotidianidad. No existe un cultura de ver, hacer o respetar la danza. Supuestamente a nadie le hace falta verla, pero yo creo firmemente en el poder de cambio que tiene en el ser humano”.

Los creadores ignoran las fallas que existen de su parte en cuanto a la promoción de sus eventos en medios de comunicación social y la influencia que este factor puede ejercer en el público. Rommel Nieves opinó que el problema del abstraccionismo, del que Armando Díaz habla como enseñanza de Martha Graham, obliga a no ejercer una posición en escena que ayude al bailarín a trabajar por un mejor futuro de la danza en el país.

El especialista en danza criticó la educación en las artes en general. “Tiene que comenzar a hacerse el trabajo de sensibilización. Aquí existe el factor de la cultura de la imagen, la televisión, el internet, esa manera de visualizar las relaciones humanas. Tener que disponer dos horas de tu vida y guardar regocijo y silencio, apagar el celular y obtener un nivel de concentración, cuesta en los públicos de ahora. Los creadores deben entrar en sintonía con esta realidad”.

Alternativas. Carmen Ortiz y Rafael Betancourt dirigen Sarta de Cuentas, un concepto innovador de toma de espacios: “creemos en que la concepción de que hacer arte y presenciar arte puede transformar nuestra mirada. Utilizamos el lenguaje del cuerpo como instrumento de comunicación que trasciende lo material, lo que no se ve, pero que expresa nuestra realidad. Cualquier rincón es el germen de un espacio escénico, una casa, una calle, una escuela, una iglesia, un hospital o una plaza”. Su lema es “somos poesía en movimiento”.

Nieves, desde 2007, mantiene su espacio alterno en la Organización Nelson Garrido: La Azotea, Piso Experimental. Ana Chin-A-Loy es otra de las exponentes, que investiga una vez al mes en la sala experimental del Celarg, en el proyecto Esto no tiene nombre, de lo último de la danza contemporánea que improvisa con…, desde 2009. Cada uno, desde sus inquietudes, ha tratado de elaborar un esquema alternativo ante la crisis estructural que existe de la danza contemporánea en Venezuela.

Armando Díaz observa que las nuevas generaciones apuntan hacia la improvisación. “Ellos rompen el esquema esteticista de la danza tradicional. No buscan la estética, si no la vulnerabilidad, naturalidad y cotidianidad del ser humano”. Oropeza difiere de la línea de investigación de los improvisadores: “Primero habrá que definir qué es ser improvisador y cuál es su función dentro de la danza, si realmente está elaborando un discurso o una obra y qué diferencia existe en el proceso pedagógico de enseñanza y la exploración corporal”.

Nieves concluye: “La improvisación es una respuesta y es para donde yo voy encaminado, hacia la gente que se acerca, que es público. Trabajo en elaborar un físico y una impresión más cercana a las personas. Mi trabajo es una línea de investigación urbana en sensaciones y gestos de la cotidianidad”.

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2 comentarios sobre “La improvisación como alternativa a la crisis de la danza en Venezuela

  1. Muy buen topico el de este articulo. Me interesó desde el principio, no solo porque estoy ligada al entonrno de la danza contemporanea, sino porque ademas mi tesis de grado para ser comunicadora social se trata sobre la danza en espacios no convencionales, que ciertamente tiene tantas causas como ponentes y argumentos de trabajo.
    Sin duda, sea para improvisar o para mostrar el trabajo académico, es un hecho que si esta muy ligado en la actualidad a las nuevas políticas del estado…en eso comparto la opinión del autor del articulo, mas no creo (y espero firmemente que asi sea) que ello sea la causa principal de que los bailarines de las nuevas generaciones esten optando por los espacios no convencionales para mostrar su trabajo… hay coreografos de trayectoria amplia que no lo hacen por eso, sino por seguir una búsqueda personal y mostrar una cara nueva en su investigación del movimiento al transeunte-público.
    Creo que salir de los escenarios trae beneficios al colectivo y al artista, pero hago énfasis en que eso no debe ser para complacer una estrategia política, y mucho menos como bandera de lemas románticos. El trabajo del bailarín es serio, y antes que todo debe respetarse como cualquier trabajo. La gran mayoría de los bailarines venezolanos se dedican a ella con amor y pasión al arte, y no buscan lucrarse con ella, y por eso recalco que rechazo de plano cualquier tinte romanticista de llevar “arte al pueblo” sin el debido reconocimiento al bailarin por su preparación, conocimientos y tiempo de dedicación a la creación y a la propagación de esta forma expresiva.
    Creo firmemente que el bailarín es un artista noble, pero no por noble ha de conformarse con algunos festivales decadentes, y con una precaria estructura organizativa en cuanto a presupuestos, espacios de estudio y creación y fomento de todos los colectivos y agrupaciones que se dediquen a la danza, pertenezcan a una instituci+on del estado o no.
    Ojalá que el bailarín no deje de amar su arte, pero también deseo que se de a respetar y exija respeto y valor por su labor y por representar lo que hace.

    Johanna Calderón

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    1. Hola, Johanna:
      Mi tesis es sobre la improvisación dancística como alternativa ante la crisis estructural de la danza contemporánea en Venezuela. Si gustas, podemos escribirnos vía mail e intercambiar datos.
      Un abrazo.
      MaR.-

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