Bello “ingenuo”

MUESTRA El trabajo del artista se exhibe en la Fundación Ipiar Tumerem

Guillermo Bello no peca de ingenuo

La exposición Bello ingenuo es un recorrido por la vida del autor y su perspectiva sobre los lugares que visita

Ipiar Tumerem
Guillermo Bello trabaja en la sede de la Fundación Ipiar Tumerem FOTO: ERNESTO MORGADO

Guillermo Bello es un hombre de edad avanzada que ha vivido desde siempre en Petare. Sus deseos y la perspectiva que tiene sobre los lugares que lo rodean en su pueblo, como él lo llama, se ven reflejados en Bello ingenuo.

La muestra, que fue inaugurada el domingo pasado en la Fundación Ipiar Tumerem, es una manifestación de la cultura popular en múltiples colores. “Aquí se ve el Petare alegre, que es el de Guillermo Bello”, dice el artista.

Bello es inquieto. Va y viene. Se siente mal si permanece en un mismo lugar por mucho tiempo. Es atleta y artista, combinación perfecta para él, que desde los 17 años de edad se sintió solo. “Yo me iba al cuarto a soñar. No en ser rico, sino en ser artista. Me llaman la pintura y la aventura”, señala.

De ese carácter surgió el deseo de pintar, desde su perspectiva, sin técnicas estudiadas. El arte de Bello es ingenuo porque, según él, no es un autor comercial. Sin embargo, gracias a la constancia ha desarrollado un estilo muy particular.

Las obras que el creador petareño exhibe corresponden a varias épocas de su trabajo artístico, entre 1985 y 2010. La temporada decembrina, por ejemplo, es uno de sus elementos recurrentes. Las luces, los colores e incluso los fuegos artificiales siempre están presentes.

Pero no sólo hay lugares de Petare, también hay paisajes caraqueños muy conocidos. Tal es el caso de Mis vivencias de unos toros coleados, cuadro que traslada al terreno en el que ahora está edificado el Unicentro El Marqués. Allí Bello fue testigo de un espectáculo de toros coleados del cual los animales lograron escaparse.

También está el Colegio Don Bosco, cuyos jardines eran visitados por las familias las tardes dominicales para correr y montar bicicleta. De Boleíta se ve el centro comercial, con la fachada de uno de los bancos que está en su parte externa.

El elemento religioso como identidad popular está presente en Homenaje a la Dolorosa de Petare, una procesión tradicional en la zona. Adicionalmente, hay una pintura dedicada a la Santa Capilla. También está el cuadro de una playa nudista a la que Bello tenía prohibido asistir.

Esparcimiento popular. La Fundación Ipiar Tumerem fue creada hace cuatro años como un taller para artistas que viven en Petare y se encuentran en estado de rehabilitación. La amplitud del lugar ofrece comodidades como cocina, terraza con vista al Ávila y una sala en la que, como Guillermo Bello, los demás tendrán la oportunidad de exponer sus obras.

Cuando el espectador llega al sitio se da cuenta de que el arte no sólo está en los cuadros, sino que los colores se esparcen por las vitrinas, el techo, las ventanas, las botellas y demás elementos decorativos. Guillermo Bello se ha encargado de escenificar su vida en cada una de las pinturas. La biografía también incluye autorretratos. La mayoría de las piezas tienen a un hombre rubio con mostacho que desempeña un papel importante en las obras.

El único pecado de Guillermo Bello es pintar con ingenuidad. Afirma que lo más difícil de su carrera ha sido colocarle los nombres a sus cuadros y que para dibujar animales silvestres ha tenido que verlos mucho tiempo en las cartillas con las cuales los niños aprenden el abecedario.

(Publicado en Escenas, el 25/05/10)

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