Diego “El Negro” Álvarez en pocas palabras

Diego “El Negro” Álvarez representará a Venezuela en Viña del Mar junto a Pablo Gil

“Para mí la vida es música”

El hijo de Morella Muñoz se descubrió en la percusión a los cinco años. Desde entonces ha recorrido el mundo con su talento y volvió al país para fortalecer el movimiento musical venezolano

Entrevista de Personalidad
FOTO: CORTESÍA DIEGO "EL NEGRO" ÁLVAREZ

Caracas esconde el encanto de personajes talentosos que transitan sus calles sin que nadie se entere. Entre ellos se encuentra Diego Álvarez, un venezolano de acento y convicción, que ha pisado el escenario de los teatros más reconocidos del mundo con su caja flamenca. “El Negro”, como todos lo conocen, volvió a Venezuela huyendo del costumbrismo europeo, luego de 14 años radicado en España.

El Negro es la imagen del venezolano idealizado: un tipo con ritmo, vicioso, que se siente orgulloso de su buen humor. Es el creador de la Batcusión, un método percusivo en el que se usan las cuatro extremidades. “Tengo 2500 proyectos”, dice. Por nombrar dos, lo patrocinará Gaai, una importante marca de baterías, y será invitado de la filarmónica de Berlín, gracias a Gustavo Dudamel.

De su intimidad reservó las palabras que le sobraron en otras preguntas. Solo se sabe que Mariana Serrano, cantante de Vocca, es su compañera de vida.

¿Cómo se descubrió en la percusión?

—He tocado percusión desde siempre. Supongo que es una cosa que a todos los niños les gusta. Fue algo natural de encuentro con el instrumento.

¿De qué manera lo influenciaron sus padres a nivel musical?

—Imagínate, los dos son músicos. A los cuatro años en mi casa estaban Simón Díaz, Jesús Soto, Pedro León Zapata, Alirio Díaz, El Cuarteto… Un rumbón siempre. Eso te influencia, aunque tú no te des cuenta. No concibo la vida sin música, porque para mí la vida es música.

¿Recuerda cuándo se enamoró de la caja flamenca?

—Tengo 33 años y eso fue a los 16. Mi ingeniero de sonido, Pedro Chacón, me dijo un día: “mira chamo, ven para que toques una rumbita con la tumbadora”. Desde entonces me volví locote, perdí los papeles, lo dejé todo y lo único que hice fue dedicarme a eso.

—Ahí decidió irse a España.

—Me fui a los 20 años. Me fue muy bien en Amor de Dios, es una gente muy bondadosa. Yo llegué cuando no eran tan renuentes. Ahora todos velan por el dinero. Sin embargo, mantengo muy buenas relaciones con ellos.

—Entonces comenzaron los éxitos.

—Trabajé con La Tati, Manuel y Antonio Reyes, Los Losada, Paco Peña, Antonio Canales, Sara Varas, Azúcar Amargo y cuatro años con Joaquín Cortés haciendo Live.

¿Entonces por qué volver a su país, luego de tanto éxito?

Estuve 14 años en España. Me vine porque me fastidié del gremio flamenco y me aburrí de la costumbre española. Es un país fantástico pero con una sociedad muy costumbrista. En España puedes ganarte la vida vendiendo cervezas y si un día quieres vender whisky, pierdes.

¿Cómo cree que el Estado ha ayudado al movimiento musical actual?

—Todo ha pasado a raíz la Ley Resorte, pero no creo que el gobierno nos haya puesto conscientemente este momento a favor. Si eres músico quieres vivir aquí con Chávez, con atracos, con lo que sea, porque el momento creativo es importante.

¿Cuál es el momento de satisfacción más grande que le ha dado su carrera?

Es que son muchas. Soy parte de la agrupación que más vende en Asia: Masseratti 2lts. Me encantó tocar en el Albert Hall de Londres y la Acrópolis. Así como esas cosas grandiosas, el disco del Bach Trío y su presentación en Corp Banca me dieron la misma energía.

¿Y la mayor decepción?

Es difícil poner un precio a tu trabajo que los empresarios valoren y que no les parezca excesivo, que es lo que siempre pasa.

¿Cómo fue la relación con sus padres?

Bella. Mi mamá era toda mi vida. Cuando murió me fui a España. Con mi papá la relación fue mucho más dura, porque necesitaba que fuese alguien en la vida, pero el amor siempre estuvo ahí.

¿Y ahora que es más exitoso de lo que su papá pudo imaginar?

Me siento terrible porque me hace mucha falta. Hay cosas en la vida que trato de comprender y lo necesito para que me aconseje.

El Negro se quitó los lentes, inhaló profundamente, se limpió los ojos y continuó dispuesto a la entrevista.

Se define de religión “ezequielserranista”. ¿Qué representa ese productor colombiano en su vida?

—Es un ícono. Fue el primer productor musical de Venezuela. Ezequiel es productor de Ilan, Yordano, Franco, Montaner… Es uno de mis mejores amigos, tengo un cuarteto con él y además es mi suegro.

Los músicos dicen que su bandera es la humildad…

Mi bandera es la verdad. Un músico debe vivir para la música y no de la música. Estudio como un desgraciado, me caigo a palos, fumo mucho, tengo una perra y una tortuga. Trato de vivir tranquilo.

¿Qué le falta por hacer?

—Aprender mucho. La experiencia es lo que te hace grande.

¿Cuándo será el momento de retirarse?

Me voy a morir tocando.

¿Un ritual antes de salir a escena?

Ninguno en particular, pero sí trato de estar solo el último minuto. Eso a lo mejor lo heredé de mi mamá. Lo sabroso es que uno no pierde el nervio y eso lo transformas en energía.

¿Una melodía que lo haya marcado?

Soy un radio loco, pero cuando escucho Quebrado, de Pedro Aznar, digo: ¡Dios, que tipo tan fantástico!

¿Un miedo?

Los terremotos y las ratas.

—¿Qué no debería existir?

La pobreza. El hambre es horrible.

¿La ha pasado?

Ahora es que estoy bien, que gano real y puedo comer. Pero en España yo vivía en el Metro. Tocaba todo el día en la academia y comía una sola vez al día.

¿Un personaje?

Mi mamá.

¿Un talento que tenga y la gente no lo sabe?

Me jodiste, no sé. ¡Ah! Sé cocinar, cocino bien.

¿Un amigo?

Eso está muy difícil… Álvaro Paiva.

¿Un momento vergonzoso?

No tengo vergüenza.

¿Una conversación?

La última divina fue con Álvaro Serrano en Bucaramanga, hace 20 días.

¿Cómo definiría a Venezuela en lenguaje musical?

Perfecta.

¿Y a usted?

—Sincero, leal.

(01/02/2010)

Publicado por Marcy Alejandra Rangel

Periodista venezolana, egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, Magister Scientarum en Gestión y Políticas Culturales de la Universidad Central de Venezuela y certificada en el programa Music Masters de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá. Fui docente por cinco años en la UCAB, coordinadora de medios por 10 años de diferentes iniciativas culturales, académicas y de emprendimientos. He sido tallerista de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano y relatora de algunos de sus eventos, incluyendo el Premio Gabo 2018 y la producción del Premio Roche 2019. Soy co-autora en los libros "Historias que laten en Choroní" y "Desvelos y Devociones: El pulso y alma de la crónica en Venezuela 2012". En Colombia he trabajado con CONNECTAS, Systema Solar, Villalón Entretenimiento Creativo y ahora formo parte del equipo de marketing de Interscope Récords en Miami, desde Bogotá.

Un comentario en “Diego “El Negro” Álvarez en pocas palabras

  1. Que belleza de artista! puso su alma en tus manos, pero si no lo hubiese visto en escena sería para mí un artista talentoso pero…un artista más. Leyendo la entrevista tengo la imagen de Corp Banca con Leo Blanco….

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